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Antonio Herrera Vaillant: Llévatelo, viento de agua

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Llegamos a fines del 2020 con poca gloria y muchas penas. El año ha sido nefasto para el planeta por el misterioso COVID-19, que prácticamente ha afectado hasta sus últimos confines, con su larga cosecha de muertes y retroceso económico.

Pero en Venezuela todo lo malo arremete con mucho más fuerza por los embates de una tiranía que concentra tal mezcla de bajeza, incompetencia, vulgaridad y petulancia que para describirla políticamente es necesario superar el diccionario y acuñar un nuevo término – como “chaborradura”: un régimen que en su esencia combina lo criminal con lo torpe, lo soez y lo chaborro.

Solo así se entiende la cruda reacción de sus portavoces ante una tragedia como la de esos hombres, mujeres y niños venezolanos que se ahogaron huyendo por Güiria hacia la nefasta Trinidad. Jamás semejante suciedad merecerá el calificativo de “gobierno”.

La gente decente de Venezuela lleva 20 años sometida a incesantes e insolentes provocaciones, burlas, insultos, atropellos, y abusos desde todas las instancias de una mal llamada “revolución”, que no es sino la expresión vandálica de gavilla delictiva.

Durante todo este largo tiempo una mayoría democrática venezolana se ha mantenido presente y persistente en la búsqueda de una salida democrática, constitucional, y lo más incruenta posible a la hecatombe económica, política y social que ha engendrado una pandilla irresponsable y sin el menor atisbo de pudor o decencia.

A este régimen criminal se le han ofrecido todas las oportunidades para retornar al torneo político democrático por vías de civilización y decencia. Todas esas oportunidades las ha despreciado, en medio de las fanfarronadas características de quienes se saben acorralados y sin la menor esperanza de futuro – ni para la nación ni para ellos mismos.

Este fatídico año de 2020 hemos visto recrudecer la obstinada ofuscación de una panda de ignorantes atorrantes empeñados en mantener una ficción de normalidad que el mundo civilizado rechaza. Pero el mundo está harto de ver dictaduras que alardean fuerza y unidad monolítica para terminar arrastrándose por cuevas y escondrijos.

A medida que se cierran caminos para una salida cívica y civilizada crecen las probabilidades de una gran explosión – detonada inesperadamente por cualquier gota que rebase la copa o chispa que encienda la pradera – que arrase con el monstruoso adefesio y abra caminos a un borrón y cuenta nueva en el 2021.

Mientras tanto, al 2020 toca despedirlo con una antigua exclamación cubana en la que se pide que lo peor se vaya rápido: “¡Llévatelo, viento de agua!”

aherreravaillant@yahoo.com

 

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