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Enrique Contreras Ramírez: Las elecciones un juego perverso

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*Tenemos una clase política inmoral y codiciosa que ya muestra una personalidad psicopática, producto de su ambición de poder.

*La pobreza seguirá creciendo exponencialmente, lo que conducirá a estallidos sociales que no podrán detener ni el gobierno ni la oposición.

“Nuestra victoria fue arrolladora”, “Gano la democracia”, “Le demostramos al mundo que somos un país soberano”,  “Tenemos una nueva Asamblea Nacional, hemos tenido una tremenda y gigantesca victoria” y en medio de estos decires y con medios de comunicación nacionales lamiendo los pies del patrón, los del gobierno llamado socialista y bolivariano, fueron “sembrando” una matriz de opinión que no  tubo credibilidad publica, pues todo el mundo observo que los centros de votación se encontraban desolados.

Lo cierto de todo esto,  es que la abstención supero el 80% en algunos centros de votación del este de Caracas en los comicios, para los que se convocaron a 20,7 millones de venezolanos, escenario confirmado por los coordinadores de seis colegios electorales de la capital.  

La desesperación de los candidatos postulados, tanto de la oposición como del gobierno llego a tal extremo, que  funcionarios y candidatos del chavismo, al igual que los candidatos que se denominan de oposición, hicieron constantes llamados en el transcurso del día a la participación, llamado que fue repudiado por la inmensa mayoría de los votantes, tal y como quedó demostrado por los resultados electorales.

De los 20 Millones de votantes, solo depositaron su voto por el chavismo 3.558.320 en condiciones de chantaje y amenaza y los partidos de la llamada oposición su votación alcanzo 944.665 votos, quienes también manipularon a sus votantes.

 Para el Presidente Maduro estos 4.502.985 que votaron, en su mensaje al país lleno  de un cinismo inicuo, representaron una masiva concurrencia, a sabiendas que tiene en contra más de 17 millones de venezolanos concurrentes en contra de su retorcida gestión gubernamental.

Tales resultados solo demuestra que nuestro pueblo parece percibir, que la actual dirigencia política, llámese de derecha o izquierda, solo persigue el poder, para seguir saqueando la república, tal y como se hizo en el ayer y que cuestionara tanto  nuestro Fabricio Ojeda en su carta de renuncia al congreso de la republica (30 de junio de 1962) donde afirmaba: “Se necesita una precisa transformación estructural que cambie el sistema formalista de la democracia por la efectiva realización de la misma: es decir, que arrase con todo lo podrido, con todo lo injusto, con todo lo indigno de nuestra sociedad y en su lugar erija una nueva vida de justicia y libertades”.

 No hay principios, ni valores y mucho menos etica politica

Todo parece indicar, que el régimen de Maduro, pretende disimular y desconocer la derrota de la cual fue objeto en estas parlamentarias del 6 de diciembre, donde un pueblo lo rechazo contundentemente por su mal gobierno, lleno de problemas muy graves desde el punto de vista socio-económico y donde la corrupción ha caracterizado su retorcida gestión.

En Maduro y su propio entorno no hay principios, ni valores y mucho menos ética política, porque si la tuviese, frente a este escenario ya hubiese renunciado, reconociendo el mal que le ha causado a la república, hoy en manos de ese estado profundo representado por los grandes conglomerados que saquean el país.

Pareciera que Maduro y su grupo de aduladores y enchufados, han perdido el polo perceptivo –contacto con la realidad- al querer ignorar que tiene a todo un pueblo en su contra y sometido a la hambruna que nos está conduciendo lentamente a la muerte.

Razones tendría Nelson Mandela cuando señalaba “Si no hay comida cuando se tiene hambre, Si no hay medicamentos cuando se está enfermo. Si hay ignorancia y no se respetan los derechos elementales de las personas, la democracia es una cascara vacía, aunque los ciudadanos voten y tengan parlamento”.

Una Constituyente Originaria

Dentro de este teatro político –en mi humilde opinión- a corto y mediano plazo vendrán tiempos de gran conflictividad social, donde el contrapoder en ese devenir dialectico de la historia desarrollara una respuesta, que sin lugar a dudas será violenta contra el gobierno y la misma oposición, ya que la delincuencia política organizada dentro del propio estado y en los partidos políticos, está dejando al pueblo sin otra opción que no sea un proceso insurreccional, donde incluso van a participar sectores de las Fuerzas Armadas Bolivarianas  descontentas por el abuso de poder y de un generalato corrompido hasta mas no poder  y donde la propia  Iglesia colocara su granito de arena.

La salida violenta deberá interpretarse, como la búsqueda de un tercer  camino diferente al modelo capitalista o socialista, cuyos representantes son causantes de nuestra desgracia, en búsqueda de un gobierno auténticamente nacionalista, patriótico y libre de toda influencia foránea y antiglobalizadora que nos pueda conducir a la construcción desde abajo, de una sociedad verdaderamente democrática, libre en el más amplio sentido de su concepción filosófica, ecologista, solidaria, fraternal, profundamente humanista y donde el país se convierta en un verdadero espacio convivencial en la búsqueda de él bien colectivo, el respeto a la dignidad del ser humano y la perfectibilidad de la democracia, postulados que han de representar el corpus filosófico del deber ser de los  objetivos, propósitos y fines del nuevo proyecto civilizatorio, sin imitar modelo alguno tal y como lo planteara nuestro maestro Don Simón Rodríguez al señalar: “No es sueño ni delirio, sino filosofía ni el lugar donde esto se haga será imaginario, como el que se figuró el Canciller Tomás Moro; su utopía será, en realidad, la América”.

Es esa rebelión se nuestro pueblo, que nos conducirá  a buscar a través de una Constituyente Originaria y no derivada del poder constituido, el camino que nos ha de conducir a buscar el nuevo proyecto civilizatorio donde la libertad brille por primera vez en el horizonte de la patria.

No olvidemos que el monopolio del poder es violencia y ese poder conduce a la autocracia, al totalitarismo a las dictaduras y donde las elecciones representan una lamentable y triste caricatura, donde se pisotea y se veja la condición del der humano, no dejándole otra salida al pueblo, que una reacción también violenta, cuya única diferencia en esa reacción violenta es la búsqueda plena de la libertad.

 

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