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Ramón Guillermo Aveledo: Ahora, política

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El voluntarismo puede generar una sensación de euforia e inminencia de desenlace. Se ha criticado mucho a la oposición por eso, pero creo que el poder genera una burbuja engañosa que incita a confundir propaganda con realidades. Desde arriba se viene construyendo un camino. No estoy seguro si han evaluado con realismo sus consecuencias. La elección parlamentaria se realizó como se había decidido. Se desestimó toda posibilidad que mejorara sus posibilidades de reconocimiento nacional e internacional como elegir el CNE en la Asamblea Nacional, el recurso planteado al TSJ o transitar la opción que la Unión Europea y opositores nacionales propusieron.

Su apuesta luce más o menos evidente: Consolidado el dominio interno y con una oposición debilitada y dividida, la economía y la política internacional tendrán que aceptar esta realidad y adaptarse, aceptando que como en el slogan publicitario de una empresa desaparecida “aquí estamos y aquí seguimos”. Lo que pasa es que uno y otro sistema, el económico y el internacional, funcionan dentro de parámetros, variables unos y más o menos constantes otros, bastante impermeables a la fantasía ideológica o la voluntad personal y/o política del grupo en el poder de un modesto y empobrecido país latinoamericano cuya situación es cada vez más compleja en lo nacional e incómoda en su vecindario.

Pero lo de Venezuela no es un juego de envite o azar. Es mucho más que eso. La vida de millones depende de lo que se haga o deje de hacer.

No diré como Andrés Eloy “La renuncia es el viaje de regreso del sueño”, pero el cuadro objetivo se parece mucho a eso para los actores políticos venezolanos, en ambas orillas de un debate que hace rato dejó de serlo y pasó a conflicto, en perjuicio del pueblo que tienen el deber de conducir y llevar por derroteros de bien común.

Las anti políticas nos han traído hasta aquí. No es que las considere equivalentes, la responsabilidad mayor por mucho, incumbe al poder, pero no se puede afirmar que le sea exclusiva.

Es la hora de la política. Del reconocimiento de la complejidad propia de una verdad plural y muchas veces contradictoria dentro de la cual hay que buscar equilibrios con adversarios que son reales, legítimos o ambos. Ni siquiera en la guerra hay triunfos absolutos, mucho menos en la política que proscribe la imposición violenta y busca con instituciones que funcionen una convivencia fértil. Nadie es tan poderoso para imponerse siempre.

 

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