César Malavé: El gran perdedor del 6 de diciembre

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El régimen de Nicolás, buscando oxigeno frente al desconocimiento de su presidencia en el ámbito internacional, se empeñó en realizar un remedo de elecciones a la Asamblea Nacional. En ese desespero, organizó un evento con partidos secuestrados, hasta de sus antiguos aliados. Unido a esto sin supervisión internacional y plagado de irregularidades y violaciones a la norma constitucional y electoral.  Al extremo, que el propio Nicolás Maduro fue rotado de centro de votación en el momento en el cual se presentó al recinto militar donde lo hizo. En un desierto absoluto, el CNE dio unas cifras que no convencen a nadie, 30,5 % de participación.  Y no es creíble, porque en el 2005, cuando la oposición se abstuvo, el liderazgo de Chávez estaba en su esplendor y las arcas estaban repletas. Un chavismo monolítico con un líder con una ascendencia descomunal, saturado de plata y sólo votaron, según el organismo electoral, un 25%. Es muy cuesta arriba creer que un régimen sin liderazgo, sin plata y en caída libre electoralmente hablando haya  logrado ese porcentaje, cuando las calle decían otra cosa.

Pero, independientemente de las maquilladas cifras, una abstención de 70% (oficial) es una derrota para Maduro, con el agravante que su “victoria” no será reconocida por nadie y el acto de sustituir la irrita Asamblea Nacional Constituyente por una presunta Asamblea Nacional electa,  no le dará  legalidad y, mientras no se realicen elecciones válidas, la legitimidad la continúan teniendo la actual AN y su presidente, Juan Guaidó, no sólo por el reconocimiento internacional, sino por el concepto jurídico, que nació, bajo el amparo de Hugo Chávez como presidente y del TSJ, en el 2008 y al cual llamaron, Continuidad Administrativa. Este establece que cuando un poder público no pueda relegitimarse en la fecha en la cual le corresponde por cualquier hecho sobrevenido, seguirá vigente hasta que se realicen procesos electorales para renovarle.

Los 60 países que han reconocido a Guaidó como presidente interino de Venezuela, ya declararon que  rechazan  de plano este sainete. El Grupo de Lima, que agrupa a 16 países de la región, la Unión Europea por unanimidad, Los Estados Unidos Y Canadá, al igual que el Reino Unido, han expresado que estos comicios “carecen de legalidad y legitimidad porque fueron llevados a cabo sin las mínimas garantías de un proceso democrático, de libertad, seguridad y transparencia, ni de integridad de los votos, ni la participación de todas las fuerzas políticas, ni de observación internacional”, al tiempo que llaman  a la realización de “una salida pacífica y constitucional que lleve al país a unas elecciones presidenciales y parlamentarias libres, justas y creíbles lo más pronto posible”.

 

De tal manera, que todo, nacional e internacionalmente sigue igual, nada ha cambiado y, lo que fue usado como catapulta se transformó en boomerang, porque ahora Maduro luce aislado y desnudo (es evidente que no tiene ascendencia en el pueblo).  Rechazado adentro, no reconocido afuera y en picada electoralmente hablando. El único apoyo cierto con el que cuenta la usurpación es el de las Fuerzas Armadas, así como el de Cuba, Rusia, China, Irán, Turquía y Corea del Norte. Y, de manera vergonzosa, personas como José Luis Rodríguez Zapatero, que continúa apoyando a un gobierno espurio, cuyos miembros responderán, más temprano que tarde, ante la Corte Penal Internacional por las atrocidades cometidas.

@cesarmalave53

 

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