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Cesáreo Espinal Vásquez: Instrucción Cívica

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Aquella vieja frase al referirse sobre  la mala conducta de algunos jóvenes, de que se nace bueno y la sociedad lo corrompe, no puede aceptarse en forma determinante y absoluta porque tanto los árboles como los jóvenes se les puede enderezar y obtener buenas cosechas.

Esas horquetas para la juventud desde la niñez, son en primer lugar el ejemplo de sanas orientaciones, consejos y en definitiva la instrucción cívica. Es el respeto a uno mismo y a todas las personas en sus creencias sociales, políticas, humanas, credo y raza. Recordemos la Urbanidad y Buenos Modelos del Maestro Manuel Carreño “nuestros deberes están todos refundidos en el respeto a la sociedad y a la opinión”,

Conciliar es la clave para el mejor  entendimiento y convivencia  en paz.

El primer deber del Estado es dar ejemplos de buenos modales, respetando se hace respetar, es tener “auctoritas” sin persecuciones políticas, sin ofender, sino por el contrario dialogar de buena fe con la oposición  para los fines comunes del ideal social.  No podrá existir paz y en consecuencia, seguridad, justicia y bien común que son los fines del Estado de Derecho Justo, cuando la gente se encuentra sometida, subyugada y atemorizada por una sociedad que no garantiza la paz, con su ejemplo.

La democracia no es la tiranía de la mayoría, sino la alianza con las minorías para el ideal social.

El ideal social es el bienestar de todos los ciudadanos, llámese pueblo o  mejor dicho y aplicable, gente, porque “gente” no diferencia condición social, raza, sexo y credo,  por ser del bien común, todos somos gente.

Toda educación lleva implícita la instrucción, pero la instrucción no es propiamente la ortodoxia de un pensum de escolaridad y estudio para obtener una licenciatura o un doctorado. Muchos doctos, carecen de instrucción cívica y otros muchos, de todas las profesiones, han ejercido sus actividades con “licencia para  engañar, robar, corromper y de pica pleitos”, ajenos de la buena conducta ciudadana. Asimismo, muchas personas de todas las clases sociales, sin haber pisado una universidad, tienen don de gente.  Ese don, que comienza con dar los buenos días y  que en definitiva, son valores éticos y morales que se reciben con la instrucción cívica, por ello, debe ser concomitante con la educación

La abogacía no es una profesión para litigar exclusivamente, ante todo, el abogado debe evitar el pleito agotando vías conciliatorias mediante la prevención del juicio. El médico no es para luchar contra la muerte sino para alargar la vida. El juez está obligado en conciliar las partes del proceso antes de dictar la sentencia.

Todo es conciliable en el ideal social de la paz, para convivir en un verdadero Estado de Derecho Justo mediante la instrucción cívica

cjev34@gmail.com

 

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