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Alfredo Michelena: Los venezolanos nos agotamos de pelea en pelea

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Nuestra diatribas o mejor dicho peleas y enfrentamientos, en muchos casos bélicos, han traído grandes pérdidas para Venezuela. Pareciera que no hay forma de ponerse de acuerdo y que pactar la paz es un ejercicio efímero.

Ya desde la independencia los venezolanos nos dispusimos a pelear entre nosotros, a veces sin importar que esa desunión facilitara al enemigo acabar con nosotros. Baste recordar lo que le costó a Bolívar unificar a los diversos caudillos, grupos y grupúsculos en Venezuela, y en Colombia, para combatir a la España imperial, para finalmente constatar como estos enfrentamientos no cesaron y terminaron con el Libertador execrado de Venezuela y Colombia, así como con  la implosión de ese gran país que creó, la “Gran Colombia”.

Luego vinieron las guerras intestinas que desangraron a Venezuela. Caudillo tras caudillo, revolución tras revolución. “Venezuela es un cuero seco, lo pisas por un lado y se levanta por otro” decía Antonio Guzmán Blanco describiendo casi un siglo de hombres a caballo arrasando el país.

En esa época, prepetrolera, que terminó con el Juan Vicente Gómez, “el benemérito”, para empezar a echar cuentas, y solo en materia territorial, perdimos la mitad de la Guajira, nos negamos a aceptar la incorporación de los llanos colombianos como parte de Venezuela, fuimos incapaces de dar una respuesta firme al abominable acuerdo de París que nos confiscó el Esequibo y aceptamos la delimitación con Colombia, con base a una decisión de la corona española (Laudo Arbitral de la Reina María Cristina de España).  Y no pudimos defendernos pues estábamos dedicados a pelearnos entre nosotros, cambiando gobiernos ‘a la brava’, además de jugar al purismo y al deber ser y no a lo que se puede alcanzar en un momento determinado. O todo o nada, y nos quedamos con nada o casi nada.

Quizás los 40 años de la República Democrática iniciados en 1958, y sus prolegómenos luego de la muerte de  Gómez fueron las únicas décadas de paz y prosperidad en Venezuela.  De ellos,  los 40 de democracia fueron exclusivos en eso de ponernos de acuerdo en la forma en que queríamos que fuera Venezuela. Entonces, tuvimos una Venezuela próspera.

Pero claro, tenía que haber grupúsculos, primero y luego grupitos, grupos y movimientos, que no querían eso y estaban dispuestos a acabar con esa unidad para llegar al poder y cambiar un país que ahora entendemos no estaba tan mal. Al final aquello de “quítate tú pa’ po’neme yo, nos trajo a esta desgracia que vivimos.

Por jugar a la salida caudillezca, al bravo de pueblo – o al arrechito como se dice en criollo-, al que se tira la parada, como comentaba Manuel Caballero,  llegamos a Chávez. Y para salir de su pupilo tenemos los mismos problemas del pasado, la falta de unidad y las guerras internas. Esta vez no a caballo y machete, pero tan letales para el país como las del siglo XIX.

Hemos pasado por el trapiche de la historia a todos los líderes de los partidos políticos, desde Rosales, hasta Leopoldo López, pasando por Borges, Capriles y Ramos Allup, sin olvidar a Guaidó. Y pasaremos a los que vengan sino hacen rapidito lo que cada uno de nosotros queremos. ¡Vaya qué país!

Crear un movimiento unitario, ese que todos queremos  no ha sido nada fácil. Baste recordar cuanto nos costó conquistar la democracia en el siglo pasado. No es que no se entienda la necesidad imperiosa de la unidad, sino que cada líder está dispuesto no a unirse sino a que los demás se le unan.  Quizás esté en nuestro ADN. ¿Será que como dicen, todos los venezolanos tenemos un Bolívar por dentro? O ¿Será la herencia española?, pues nos parecemos mucho a lo que dice Pérez-Reverte de su país: “España tiene una larga historia de insolidaridad, de falta de unidad, de vileza y de cainismo”- cainismo, por Caín-.

Ahora es el tema de la consulta de la Asamblea Nacional. Que sí debe hacerse, que si no, que si las preguntas son buenas o malas, que si el tiempo es malo, que si me consultaron o no, que sí debería ser esto o lo otro. En fin, no entendemos que una cosa es lo que se debe hacer – que en realidad es lo que cada uno cree que se debe hacer- y otra es lo que se puede hacer. La mayoría de nosotros no conoce todas las variables, presiones y compromisos que se dan en el campo de la política cotidiana, en especial en la política venezolana donde todo cambia constantemente, sin embargo no dejamos de pontificar sobre la mejor estrategia o táctica a ser usada para salir de Maduro y lo más grave desacreditar las otras opciones.

Y mientras tanto seguimos en nuestra eternas “peleítas”, con  nuestros enfrentamientos, nuestras guerras sin machete ni caballo, pero como vemos muy letales políticamente hablando – y quizás más allá-. Y el enemigo, ese que está destruyendo la patria, muy contento sabiendo que no es que tenga mucho poder sino que el de nosotros se debilita – o lo debilitamos- más que el de ellos.  Y en eso trabajan y lo hacen bien.

 

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