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Dante Pino Pascucci: Corresponsabilidad y communitas convivialis

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Parafraseando el genial tango Cambalache, del no menos  virtuoso Enrique Santos Discépolo, podríamos decir que por el Coronavirus este año 2020 se nos ha revelado “problemático y febril. El que no llora no mama y el que no afana es un gil”. Sin embargo, también se han oído  y se oyen voces que claman por un cambio en la orientación de lo social, de lo político y de lo económico. Ese cambio urge, la humanidad entera no aguanta más, y el grito que resuena por todas partes es ¡Me asfixio, no puedo respirar : I suffocate, I can’t breathe..! Ese grito es contra el autoritarismo, es contra las tiranías, contra las arbitrariedades y las injusticias; ese grito es procurando dignidad para el ser humano, es contra todo tipo de discriminación, es contra la hipocresía, contra los modelos que impiden que la riqueza creada colectivamente como fruto del trabajo de todos, sirva para que todos podamos vivir dignamente. Ese grito es contra el egoísmo y el individualismo, así como contra los estatismos colectivistas. Unos y otros favorecen la Ley del Embudo: lo ancho para una minoría privilegiada* y lo angosto para la inmensa mayoría.

Ese grito viene retumbando desde tiempos remotos, lo que ocurre es que hoy día –lado positivo del mundo globalizado-, todo se sabe, se difunde, se comparte    y  se  visibiliza  simultáneamente  y en  tiempo  real. Célebre  la expresión  de  unos

*La palabra “privilegio”, del latín privilegium,  está formada por el verbo privus, privare (lo que es privado, particular, de uno mismo), legio que viene de legalis ( lo que se relaciona con la ley),  y el sufijo um (io, que indica relación). Significa, pues, ley privada para una persona o determinado número de personas.

Gobernantes  tiránicos que huían: “mi general, pescuezo no retoña” en clara alusión al peligro que corrían una vez que la población oprimida se alzó contra la tiranía que ellos representaban. Es muy simple, las ollas de presión si no tienen desahogo terminan estallando. Eso le está diciendo la gente a los dirigentes que se niegan a intentar una praxis de convivencia plena de respeto, llena de filautía y alteridad. La gente lleva milenios pidiendo un ejercicio ético del liderazgo en general y de la política en particular.

Sobran ejemplos de estos pedimentos y predicamentos, desde el Decálogo dado a Moisés, con su “amaos los unos a los otros”, pasando por  el Sermón de la Montaña y sus “Bienaventuranzas; el vivir conforme a la sabiduría Tolteca, o el  “Suum cuique tribuere ”  (dar a cada quien lo que le corresponde) de los romanos; la “Libertad, igualdad y fraternidad”  de los revolucionarios franceses; Ghandi y su lucha pacifista que, entre otras cosas,  condenaba la política sin principios y el comercio sin moral;  Martin Luther King y el “ Yo tengo un sueño”; Nelson Mandela y su ejemplar lucha contra el vergonzoso Apartheid; en fin, las grandes luchas de la historia contra el sexismo; la lucha de los trabajadores, la de los “Mártires de Chicago” en 1886 por mejores condiciones laborales; la brega antifascista, antinazista y antiestalinista; la demolición del Muro de Berlín y, como diría Ulrich Beck, con ello la demolición también del “ viejo esquema derecha-izquierda de la práctica política” (U. Beck. ¿Qué es la globalización? 2002:15).  Este mismo autor nos dice que se bebe formular en términos novedosos, tanto en lo teórico como en lo político, lo concerniente a algo tan importante como la justicia social en la era de la globalización.

Dado lo expuesto, el planteamiento de la corresponsabilidad y de la communitas convivialis puede constituir una respuesta sensata, ética y humana al ¡Me asfixio, no puedo respirar!  que hoy recorre el mundo entero. Veamos una aproximación altema de la corresponsabilidad y de la communitas convivialis:

La corresponsabilidad significa que  todos los seres humanos deben asumir tareas y comprometerse en función de objetivos comunes relacionados con aspectos fundamentales de la vida, por tanto,  la corresponsabilidad (también llamada responsabilidad compartida)  transversaliza el campo político, el económico, el administrativo, el gerencial, el educativo y el cultural a partir de una ética de la solidaridad y del deber social para superar,  desde   esta  nueva subjetividad, la dicotomía entre lo público y lo privado, a fin de convertir cada espacio en un escenario de actuación proactiva, inclusiva, no discriminatoria y de dedicación de tiempo y acción para encarar con éxito cada reto que en ese sentido es común a todo ser humano. Si se está en sociedad o comunidad se  debe actuar con humanidad, caso contrario estaríamos en una jungla; el actuar con humanidad corresponde al convivir, al hecho de vivir juntos, de estar en una communitas convivialis.

A propósito de lo corresponsable, es oportuno decir que la Real Academia de la Lengua Española define este adjetivo  como lo “que comparte responsabilidad con otro u otros”, de tal modo, pues, que  por esta vía se va hacia la Responsabilidad Social Compartida. La Fundación Corresponsables (2010), ONG creada en España, ha producido un “Manifiesto por la Corresponsabilidad: Hacia una Responsabilidad Social Compartida”,  en el cual se indica que el compromiso es construir una sociedad “más justa, solidaria, sostenible y cohesionada”.  El mencionado documento cuenta con una gran cantidad de adherentes, más  de 2.130, entre los cuales está La Asociación Profesional Española de Naturopatía y Bioterapia (APENB). El manifiesto en referencia expresa lo siguiente:

“En un mundo tan globalizado, interdependiente, desigual y complejo como el actual, se hace más necesario que nunca que todos y cada uno de nosotros  aportemos, tanto  en  el ámbito personal  como  profesional,  nuestro  grano de arena para convertirlo en un lugar más justo, respetuoso,  cohesionado, solidario, responsable y sostenible. Los ciudadanos y organizaciones firmantes reconocemos que nos encontramos en un cambio de época en el que el desarrollo de una nueva cultura de Responsabilidad Social Compartida, de Corresponsabilidad, resulta clave. Ser corresponsable es compartir y participar en este imprescindible e inexorable cambio social. Por todas estas razones, los ciudadanos y organizaciones que, voluntariamente, firmamos este Manifiesto por la Corresponsabilidad, declaramos nuestra decidida voluntad de:

1-Compartir y contribuir a la idea de que la construcción de un mundo más justo, sostenible y solidario es posible; poniendo en valor conceptos como la responsabilidad, la solidaridad, la tolerancia, el respeto, el esfuerzo o el beneficio compartido.

2-Ejercer la corresponsabilidad con nuestro entorno, comprometiéndonos con su desarrollo, impulsando la equidad social, la no discriminación por género, religión, raza o cultura, el respeto al medio ambiente y defendiendo los derechos humanos y el diálogo y debate permanente, demostrando que actuar es la mejor manera de contribuir al progreso de la sociedad.

3-Reconocer la necesaria corresponsabilidad de todo tipo de organizaciones y colectivos, como grandes empresas, pymes, administraciones públicas, medios de comunicación, ONG, organismos nacionales e internacionales, colegios y asociaciones profesionales y empresariales, sindicatos, universidades y escuelas de negocio y, por supuesto, todos los ciudadanos, consumidores y trabajadores. Todos formamos parte de este compromiso y todos podemos ser la solución, dejando a un lado los intereses particulares para buscar el bien común.

4-Acercar la Responsabilidad Social a la sociedad, a los ciudadanos de a pie, a las generaciones presentes y también a las futuras, a través de la formación y la sensibilización, para que todos actuemos responsablemente en nuestros comportamientos diarios.

5-Fomentar y difundir la cultura de la Corresponsabilidad y extenderla en nuestro entorno, entre todo tipo de organizaciones, colectivos y ciudadanos. En este mundo tan mediático en el que vivimos, tan importante es hacer las cosas bien como hacerlas saber”.

Dada la crisis severa que  hoy se vive en el mundo entero,  conviene no  colocarse al margen del entusiasmo que provoca interactuar en la búsqueda de nuevos  paradigmas  que  contribuyan   a  enriquecer   y  mejorar  la  calidad  de  las organizaciones, de los emprendimientos y  de las comunidades, a mejorar la calidad de vida de sus integrantes sobre la base   de  principios,  valores  y significados culturales. La creación de saberes, a lo largo de la historia, ha sido una constante que, de acuerdo a cada época, se muestra con sus diversas facetas y particulares maneras de entender el mundo e intentar una explicación de los fenómenos que en él acontecen, de modo, pues, que la relación entre la sociedad y el conocimiento es fundamental. Conocer es consustancial al ser humano y lo que resulta de este proceso es lo que, socialmente, nos permite continuar existiendo, más aún si, desde una postura dialogante, democrática y éticamente fundamentada, abordamos el modo cómo se gesta, se distribuye, se direcciona y se aplica el saber en función de contribuir a la solución de los grandes conflictos del presente.

La Communitas Convivialis

Las instancias de poder, el liderazgo político, empresarial, laboral e institucional, deben adoptar estrategias, esquemas y modelos que se piensan para la procura del bien común.  Esto último es consustancial a la necesaria antropo-ética propuesta por Edgar Morín, la cual lleva a concebir la humanidad como comunidad planetaria y a forjar una conciencia favorable a la realización de  la ciudadanía terrenal. Y es en esa idea de ciudadanía terrenal donde encaja la propuesta de la corresponsabilidad fundada en el concepto de la Communitas Convivialis, la cual, analizada en su sentido etimológico y en su esencia epistémica es:

El cum-munus, que en latín significa cum: junto, y munus: don de dar, entregar riqueza,  ofrecer, regalar, todo lo cual lleva a  lo que  plantea  Heidegger  cuando   se refiere al cum señalando que es el ser de  la existencia  que   hace que  este  sea lo que es. Por su parte, Luciano Grandi,  cuando     comenta  la obra  de  Roberto  Esposito  (1998)  Communita. Origine e destino della comunita,   señala que: “I soggetti  della  comunità sono dunque uniti   da   un obbligo…”: los   sujetos   de  la  comunidad  están, por lo tanto, unidos por  una obligación. Así mismo,  Convivialis  implica, dado  su  significado, cuidarse  unos  a  otros, trabajar juntos, pues el juntos es lo que forma la sociedad. Es, por ejemplo,  la fraternidad (fraternité) de los revolucionarios franceses de 1789.

En este tiempo presente, pública y notoriamente de superior fuerza comunicativa, es inapropiado dirigir, liderar y gerenciar amparados en una suerte de ocultismo que excluye, que nos expone a riesgos, que niega lo evidente y reitera el verticalismo opresor que anula capacidades, anestesia conciencias, priva iniciativas, genera sumisión alienante, temores paralizantes y conformismos contrarios a una ética de la vida.

La humanidad lo que  está diciendo es: ¡No nos asfixien. Queremos respirar…!

 

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