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Román Ibarra: Urgencias

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El grado de deterioro en nuestro país es de tal magnitud, que para ser justos hay que repartir las culpas, y a partir del diagnóstico, intentar encontrar soluciones posibles, y viables para frenar la caída estrepitosa en la que estamos inmersos.

Quienes ejercen el gobierno, lo vienen haciendo ininterrumpidamente desde hace más de 21 años, y en ese lapso el país ha obtenido -producto de la renta petrolera- los más grandes recursos económicos y financieros de que se tenga memoria en toda la historia republicana.

Igualmente el gobierno ha contado con el abandono de la oposición de los espacios políticos en los cuales debía ser confrontado y fiscalizado, razón de peso para no poder justificar su inacción en los asuntos públicos, y peor aún, para haber dilapidado un inmenso capital que hubiera servido para convertirnos en el país con mejor desempeño y prosperidad económica de toda la región.

En mala hora se empeñaron en llevar adelante un plan ideológico con pretensiones hegemónicas y antidemocráticas vinculado con fuerzas extranjeras, y malignas como la cubana,  convirtiéndonos en una colonia miserable y paupérrima.

Además de la incompetencia en el manejo de los asuntos económicos, el tema de la corrupción generalizada ha dado al traste con lo que una vez fue una administración encaminada hacia la carrera profesional, y esa visión aprovechadora y deleznable ha permeado hacia el conjunto de la sociedad. Hoy cualquiera se cree con ¨derecho¨ a sacar provecho económico desmedido y abusivo de cualquier cosa. En el plan de la supervivencia cada quien lleva su ¨cuchillo entre los dientes¨ para atrapar a su víctima y ganar el día a día. Somos en general un país de tramposos y truhanes, gracias al ¨ejemplo¨ ofrecido desde las alturas del poder.

Así mismo, con sus pretensiones totalitarias, hundieron en la miseria a las universidades y a la educación en su conjunto, con un desprecio absoluto por el conocimiento; la investigación, y la docencia, convirtiendo a los profesores en indigentes incapaces de proveer recursos para sufragar sus necesidades; empujando a muchos a emigrar, y a otros a resistir con mucha pena sus respectivas vidas en condiciones de precariedad. Y lo peor es que han encontrado cómplices para esas tropelías, en las propias autoridades de algunas de nuestras universidades. Horror!

Pero si eso ha sido la constante en los predios del gobierno, la oposición, u oposiciones (son varias), también tienen su cuota de responsabilidad ineludible. Desde el triunfo inmenso del 6D/2015, se destruyó un gran capital político que hoy no asusta, y además está fracturado en varias porciones.

La actitud equivocada de llamar a la abstención sin luchar correctamente por condiciones, y auspiciando sanciones contra el país, solo afecta a la gente común, y deja a la población indefensa frente al deseo mayoritario por salir electoralmente de los culpables de la debacle, es decir, del gobierno. Hasta el cansancio se les pidió convertir la adversidad en oportunidad, pero prefirieron dejar en manos externas la solución que nunca llegó.

Ahora divididos entre quienes se abstienen; los que quieren participar a pesar del desánimo, y quienes tienen que participar cooptados por el gobierno con sus marrullerías judiciales interviniendo a los partidos. Así no se puede.

Se perdió la oportunidad de negociar la contratación conjunta de créditos internacionales bajo administración de los otorgantes, para resolver la crisis de la electricidad; las hidrológicas; la gasolina, y el transporte subterráneo y superficial, y la salud para aliviar la pesada carga de los ciudadanos.

En este mundo extraño que es Venezuela, tenemos dos presidentes; dos AN; una ANC (ilegítima, haciendo lo que le da la gana); dos TSJ, pero ninguno resuelve los problemas reales.

¡Necesitamos racionalidad con urgencia!

@romanibarra

 

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