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Jorge F. Hernández: Tanto tonto Trump

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Pendiente Pensilvania, ganando Georgia, arrebatando Arizona o navegando Nevada hay no pocas combinaciones al escribir estas líneas que alientan la esperanza de que finalmente será expulsado de la Casa Blanca el peor presidente, personaje público, pelmazo y peinado en la historia de los Estados Unidos de Norteamérica. A pesar de que ya hace ebullición su berrinche anunciado y su acostumbrada retahíla de mentiras, insultos y provocaciones, celebro como el que más verlo acorralado, lentamente abandonado incluso por algunos fieles y pataleando en la ignominia de su infinita estulticia y supina ignorancia malévola y nefasta.

Joseph Biden asumirá la presidencia de los divididos Estados de Norteamérica con el mayor número de votos en la historia electoral de ese país y con la primera mujer acompañándolo en el Poder Ejecutivo para un trabajoso período de reconstrucción sanitaria, rehabilitación económica y resurrección social y sin embargo, Donald J. Trump se esconderá en alguna alcantarilla de Manhattan con el honroso palmarés de haber perdido con poco más de 70 millones de votos a su favor. Es decir, el horror de la humanidad ha obtenido más votos que en la pasada elección que ganó y uno se queda mudo por los porcentajes de votos emitidos por ciudadanos negros, latinos, amas de casa y demás grupos vapuleados, ninguneados, insultados o denigrados por la retórica del paladín por el que votan. Alarma la realidad que confirma que 70 millones de ciudadanos norteamericanos votaron con gran entusiasmo y fanatismo por un mentiroso, mujeriego, sexista, chauvinista, mitómano, ególatra, autoritario, ignorante, avaricioso, abusivo, egoísta, abusador, deshonesto, desarraigado, demente, ignaro, arrítmico, alopécico, anaranjado, racista y supremacista filonazi, hipócrita, mediocre, narcisista, obsesivo-compulsivo, monótono y monotemático, cómplice y compadre de pedófilos y pandilleros, pueril y pésimo golfista. Además, perdedor.

Alrededor de 70 millones de ciudadanos norteamericanos quedan ahora en el naufragio para sus ignorancias y en la nada pálida de sus teorías conspiracionistas, quizá al filo de tener que reconocer que la Tierra es redonda o aprender la localización geográfica de cualesquier otro país del mundo que no se llame Iowa; casi 100 millones de entes zombis –amantes del armamento, agresivos hasta en la fila de las hamburguesas—a la deriva en la demencia de un vacío que hiede… y que sin embargo, celebro como un amanecer no tanto por garantizar el buen Gobierno que se espera de la dupla Biden-Harris, sino por el milagroso instante en que se ha de evaporar aunque sea por unos días la sombra ominosa de uno de los imbéciles más peligrosos que han ostentado el poder tan poderoso, el mando tan mandón, en medio de una pandemia peligrosísima que él mismo, su nefanda familia, su Gobierno, colaboradores, amigos y no pocos de los 70 millones de incautos minimizaron o negaron envueltos en el engañoso enigma donde cabe tanto tonto Trump.

 

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