Jesús Alexis González: ¿Cómo se elige al presidente de EE.UU

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Iniciemos con una respuesta a titulo de conclusión: el presidente de Estados Unidos no lo elige directamente el pueblo con su voto, lo hace un grupo selecto de 538 electores escogidos por los partidos políticos a la luz del Colegio Electoral; en un contexto donde el voto popular cuenta solo para elegir a los delegados electorales en cada estado.

La palabra colegiohace referencia a un grupo de personas que ejercen una tarea común, que para el tema en comento es ser electores y su responsabilidad es elegir al presidente y vicepresidente; cada elector representa un voto electoral. Los seis estados con más delegados son California (55), Texas (38), Nueva York (29), Florida (29), Illinois (20) y Pensilvania (20); al tiempo que estados poco poblados como Wyoming, Alaska, Dakota del Norte y Washington D.C. tienen un mínimo de 3.

El Colegio Electoral existe desde el año 1787, cuando a nivel constitucional se debatía por la selección entre un sistema que definiera al presidente por voto popular o por elección del Congreso; y el resultado fue crear una fusión entre el poder estatal y el poder popular: el Colegio Electoral, un sistema electoral de elección indirecta en razón a que los ciudadanos no votan directamente al presidente sino los electores que posteriormente delegan su voto.

En las elecciones estadounidenses existen dos tipos de votos: el voto popular (la ciudadania vota por los representantes) y el voto electoral (los representantes votan al candidato a la presidencia); en el entendido que lo importante es ganar los representantes de cada estado por encima del apoyo de la población, incluso ganar en zonas rurales puede propiciar la diferencia en la carrera presidencial. El número de delegados electorales de cada estado, es asignado proporcionalmente a su población con la particularidad que el candidato presidencial que gane el voto popular en cada estado gana la totalidad de los delegados electorales de ese territorio; tal como en el tenis: se trata de ganar cierto número de sets para ganar el partido, no de la cantidad de games o puntos ganados.

En las elecciones primarias estatales, se seleccionan cierto número de delegados que posteriormente representan a su estado en las convenciones nacionales: el candidato que recibe la mayoría de los delegados del partido gana la candidatura. Cada partido tiene ademas, delegados no comprometidos o superdelegados que no están ligados a ninguno de los candidatos que participan en la convención nacional que es la instancia donde se ratifica la elección final de un partido político de sus candidatos a presidente y vicepresidente; siendo donde los ganadores reciben oficialmente la candidatura del partido.

 

Cada estado tiene tanto electores como miembros en el Congreso (Camara de Representantes y Senado) hasta conformar un total de 538 electores (incluyendo los tres de Washington D.C.), de lo cual se desprende que un candidato necesita el voto de al menos 270 electores (mas de la mitad del total) para ganar la elección presidencial. Vale destacar, que es posible proyectar al ganador la misma noche de las elecciones de noviembre, sin embargo es en la votación del Colegio Electoral que se lleva a cabo a mediados de diciembre cuando se determina oficialmente al ganador.

El sistema electoral estadounidense induce situaciones muy contradictorias, tal como en las elecciones presidenciales de 2016 cuando Hillary Clinton obtuvo 2,8 millones de votos por encima de Donald Trump (65.844.954 vs 62.979.679), pero solo ganó en 20 estados y en Washington D.C. acumulando 227 votos del Colegio (43 menos de lo necesario). D. Trump triunfó en 30 estados y sumó 304 votos del Colegio Electoral (34 mas de los 270 requeridos).

Una atrevida reflexión final: Cara al 3 de noviembre, el partido Republicano habrá de afinar sus estrategias para ratificar el triunfo en Ohio y Florida tal como viene sucediendo hace 56 años; de igual modo debe magnificar esfuerzos en Texas, Arizona y Georgia en procura de sumar suficientes votos apuntalados en las zonas rurales y en el voto blanco con un crecimiento posible del voto negro. A tenor de tal escenario, aunado al carisma de Donal Trump, el triunfo republicano se visualiza bastante probable.

 

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