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Fernando Ochoa Antich: El escenario preelectoral estadounidense II 

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La elección presidencial en los Estados Unidos,  a realizarse el próximo  3 de noviembre, puede transformarse en un importante reto para la democracia norteamericana. Su particular sistema electoral, basado en un Colegio Electoral, limita la escogencia mediante el voto popular y la representación proporcional de las minorías. El número de representantes a ese Colegio, de cada uno de los candidatos es, hasta ahora, incierto. Además, la campaña electoral ha generado un grado de tensión interna superior al históricamente conocido. Los rumores que circulan sobre la intención del comando de Campaña del presidente Trump  de revisar, desde un punto de vista legal,  el resultado electoral en caso de ser favorable a Biden, obligó a los legisladores republicanos, la semana pasada, a aprobar una resolución en la cual ratificaron a los estadounidenses que habría una transición pacífica  del poder si el presidente Trump perdía las elecciones. Una de las razones del rumor fue sus reiteradas declaraciones sobre un posible fraude en el sistema de  votación por correo y una supuesta orden de movilización militar el día de las elecciones.

El comando de campaña demócrata, ante esos rumores, ha comenzado a estructurar una posible respuesta: sus abogados iniciaron una  revisión detallada  de  las leyes electorales de los estados péndulo o bisagra, es decir, donde la preferencia electoral no está definida, así como las reglas establecidas en  la Constitución Nacional para el escrutinio de los votos. Consideran posible que, de surgir una ventaja republicana en un estado determinado, se podría  declarar la  victoria de Trump sin escrutar antes la mayor parte de los votos enviados por correo. De allí que consideren fundamental lograr una presencia masiva de votantes. Al contrario, la campaña republicana  trata de reducir la participación electoral mediante el endurecimiento de los requisitos de identificación de los votantes, la reducción al máximo del uso de buzones y el descarte de las boletas que presenten fallas técnicas o lleguen después del 3 de noviembre.  El éxito o el fracaso de cada estrategia  se conocerán el día de las elecciones. No hay duda que el fuerte forcejeo existente entre ambos candidatos crea un ambiente favorable para el surgimiento de estos rumores. De allí que sea importante analizar la actual realidad electoral para poder visualizar el posible desenlace.

En una encuesta realizada el 25 de octubre de 2020 se señala que Joe Biden tiene una aceptación de 50, 7 % frente a Donald Trump que alcanza el 42, 8 %, pero  Trump es favorito para triunfar con certeza  en 22 estados y Biden en 20.  En ese mismo  estudio se considera que la fortaleza electoral de Biden no es suficiente para garantizar el triunfo demócrata debido al permanente cambio que está ocurriendo en los estados péndulo que representan 137 votos del Colegio Electoral, distribuidos así: Michigan (16),  Iowa ( 6),  Ohio (18), Pensilvania (20), Georgia (16), Carolina del Norte (15), Florida (55), Arizona (11), Wisconsin (10). Florida y Pensilvania, con 55 y 20 votos respectivamente, podrían definir el resultado. Trump ha recortado  la distancia en Florida al disminuir Biden de 5 a 3 puntos; en Pensilvania, Biden mantiene una diferencia a su favor cercana a 6 puntos. También se debe tomar en cuenta las preferencias existentes en los grupos raciales minoritarios: entre los afro-estadounidenses, 90% demócratas y 9% republicanos; entre los latinos, 60 % demócratas y 29 % republicanos y entre los asiáticos, 72% demócratas y 23% republicanos.

Donald Trump y Joe Biden  han mostrado visiones muy diferentes sobre la forma en que se debe conducir a los Estados Unidos. Veamos dos aspectos fundamentales: Las políticas exterior y económica. La política exterior de Donald Trump se ha caracterizado por un enfrentamiento directo, mediante la imposición de sanciones, contra Rusia, China, Irán, Cuba, Venezuela y pare usted de contar, por asuntos relacionados con la competencia comercial, disputas territoriales, combate contra el terrorismo, el crimen organizado y la negación de la democracia. Su relación, siempre frontal, también ha dificultado su cercanía con Europa motivado principalmente a su exigencia sobre el aporte  que deben hacer para gastos militares los países miembros de la OTAN. La oferta de Joe Biden está basada en la negociación, orientándola por el camino diseñado por Barack Obama, lo que significa en el caso latinoamericano negociar una apertura con Cuba y posiblemente también con Venezuela.  La política económica de Donald Trump mantendría una reducción drástica de las tasas impositivas para individuos y empresas, buscaría reducir el déficit presupuestario y eliminar la deuda nacional. Joe Biden ofrece orientar su política económica a favor de la clase media, establecer un salario mínimo de 15 dólares por hora y un fuerte incremento en los impuestos sobre la renta individual hasta el 39,5 % y la corporativa entre el 21 %  y el 28 %.

Estas visiones tan distintas en la conducción del Estado es, quizás,  la causa de las tensiones al comprometer grandes intereses políticos y económicos. De todas maneras,  tengo la certeza de que las Instituciones estadounidenses tendrán la suficiente independencia y autoridad para garantizar el cabal cumplimiento de la Constitución Nacional.  Lo que sí debe quedar claro es que según cuál sea el resultado de estas elecciones, las consecuencias serán diferentes para el resto del mundo.

fochoaantich@gmail.com

 

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