Leosalvy Velásquez: Lechosa verde

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Una hija de Pedernales

Una vez más elevo mi voz entre muchos pedernaleños para continuar denunciando la desidia a la que este gobierno fatídico ha sometido a nuestros pueblos. Es imposible no imaginar las escenas que viven las personas al ser narradas por muchos que salen huyendo en busca de comida.

Hay una película llamada «La sociedad literaria y el pastel de piel de patatas», basada en la posguerra, pero que dicha sociedad se originó en plena guerra con un nombre curioso que hace referencia a un grupo de personas que se reúne en secreto para comer un cerdo que habían escondido de manos de los nazis, puesto que estos le robaban sus animales para alimentar a sus soldados. La hambruna era tremenda.

Ante esto, un grupo de amigos se reúne para matar en secreto a un cerdo, y cada quien coloca de lo poco que posee para el festín: una cena acompañada de un pastel hecho con solo piel de papas. Un compartir que les lleva a olvidar durante un buen rato las penas y, viéndose descubiertos después del toque de queda, deciden inventar esta sociedad literaria para evitar ser apresados por los nazis, puesto que era permitido el club de lectores.

No puedo evitar relacionar esa situación con nuestro contexto, puesto que nominalmente no estamos en guerra, pero vivencialmente pareciera que estuviésemos atravesando un periodo de posguerra, donde es mucha la carencia y solo los cascos de los estados centrales gozan de una cierta tranquilidad porque así le conviene al gobierno. Sigue faltando la gasolina, el gas, la luz, el agua, la comunicación, los alimentos, y junto a esto siguen aumentando los casos de paludismo, enfermedades en la piel y el covid-19 convertido en parte de la normalidad en la vida del venezolano, que ante todo se convierte en “una plaga más”.

Hay quienes se aprovechan de la situación y se convierte en opresores unos de otros (la ley del más fuerte). Precios exorbitantes que producen una risa sarcástica frente al salario del venezolano que el gobierno busca compensar con sus acostumbrados bonos (que no alcanzan para nada) y de los que se ufana y enorgullece al darlos. Son vestigios de una posguerra donde la gente busca resistir y sobrevivir para calmar la necesidad más primaria, el hambre.

Volviendo a mi pueblo, esto es tan así que las casas se han convertido en “las casas muertas” del escritor Miguel Otero Silva, y la comida no un pastel de papas, pero sí la lechosa verde sancochada con coco. Esto ha pasado a ser la dieta del pedernaleño, como es el mango, en temporada, la dieta de muchos otros venezolanos.

Mientras tanto, el único interés del legislativo es la preparación de unas elecciones, que es bien sabido se trata un derroche de dinero, pues el gobierno nunca perderá por vías democráticas, ya que no existe tal democracia en el país. Lo que menos importa es el bien común; importa “sembrarse” en “el poder”. Ahora bien, ¿poder sobre quién? ¿Sobre venezolanos famélicos que no tienen nada que ver con sus estúpidas luchas politiqueras? ¿Sobre los que aún se sienten comprometidos con la educación en Venezuela, y quieren seguir aportando en medio de las ruinas de un país? ¿Poder sobre quién? Han convertido al país en un punto de saqueo constante, respaldándose en supuestas leyes que sustentan “su poder”, haciendo cada vez más difícil la ardua labor de los que aun creemos en Venezuela.

leosavelasquez80@gmail.com

 

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