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Ramón Guillermo Aveledo: Paz posible

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“No hay camino para la paz, la paz es el camino”, la frase se atribuye a Mahatma Gandhi quien conocía la asignatura. Lo creo, por lo mismo que veo la política y el derecho como respuestas humanas a la fuerza y su violencia actual o potencial.

En días pasados, gracias al IFIT pude oír una instructiva charla de Humberto de la Calle, estadista que lideró la delegación del gobierno colombiano en las negociaciones de paz con la guerrilla de las FARC. Santos, el Presidente que le encargó la dificilísima tarea, venía de ser un Ministro de Defensa duro con los grupos armados y al tomar posesión les habló con claridad avalada en hechos, pero también supo decir “la puerta del diálogo no está cerrada con llave”.

No empezó el político caldense por contarnos su experiencia en la procura del acuerdo que sigue siendo tan polémico en la dividida opinión de nuestros vecinos. Se fue atrás para mostrarnos dos antecedentes que nos dicen que los colombianos han podido encontrar inteligentes soluciones políticas a crisis muy profundas y conflictos extensos, intensos y dolorosos.

El Frente Nacional pactado en 1957 entre Liberales y Conservadores puso fin a una violencia interpartidista que venía de los tempranos cuarentas. Ambos exiliados, Lleras Camargo y Laureano Gómez fueron capaces de entenderse y producir una etapa de paz y progreso. Al límite había llegado el país abrumado por el narco y tras los asesinatos de Galán y Pizarro, la Séptima Papeleta y un proceso constituyente incluyente de 1991 produjeron una renovada Constitución y mostró una salida posible al país. El Acuerdo de Paz de 2017 no ha cerrado heridas profundas, pero abrió nuevas posibilidades que si la sociedad sabe aprovecharlas, rendirá frutos. También es cierto que los miedos de muchos no han sido confirmados en los hechos.

Líderes dispuestos a pagar el costo de servir al interés nacional. Conciencia de que el cambio es inevitable. Necesidad de abordar con decisión los problemas nodales. Sociedad civil alerta y activa. Saber que no hay “borrón y cuenta nueva”; en nuestra natural imperfección, cada avance exige esfuerzo, tiempo y valentía, física y moral. Son conclusiones tras escucharlo.

“Un error no se convierte en verdad, por el hecho de que todo el mundo crea en él”, también lo dijo el Bapu del pueblo indio. Esa verdad se hace gigantesca cuando, en una Venezuela crispada y polarizada, por “todo el mundo” se entiende nada más a los que pensamos igual.

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