Gioconda De San Blas: Este régimen muestra un desprecio por la ciencia

 

La numeraria de la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales destaca el compromiso de la institución con el país, a pesar de los señalamientos realizados por el gobierno madurista, la falta de presupuesto, el uso de los terrenos y el desinterés hacia sus labores académicas.

Jesús Piñero entevista para el Estímulo a Gioconda Cunto De San Blas: “Este régimen muestra un desprecio por la ciencia”

En el verano de 1633, el científico italiano Galileo Galilei abjuró de rodillas ante el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición. La publicación del libro Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo, ese mismo año, fue suficiente para perseguir al hereje. El texto desarrollaba y defendía la teoría de heliocéntrica propuesta por el prusiano Nicolás Copérnico un siglo antes. Un desafío para los postulados del geocentrismo arropados por la Iglesia católica, entonces, la máxima institución que dictaminaba el saber. No había cabida para la ciencia en un mundo dominado por el dogma religioso.

El poder y la ciencia no siempre se han llevado bien. Aunque el juicio a Galileo ocurrió hace 386 años –incluso, el astrónomo fue rehabilitado por el papa Juan Pablo II en 1992–, la pretensión de censurar y atacar el desarrollo científico continúa en los tiempos contemporáneos. Ese fue el accionar político de los Estados totalitarios durante el siglo XX y, ahora, lo es el de sus vestigios en el siglo XXI. ¿Un ejemplo? El 13 de mayo de 2020, mientras subrayaba con un marcador rojo un tuit impreso del periodista Gabriel Bastidas, Diosdado Cabello advirtió en su programa «Con el mazo dando»:

Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales proyecta que el pico de la pandemia en Venezuela podría darse entre junio o septiembre. Les voy a decir algo: leí este artículo y leí las referencias, esto es una invitación para que los organismos de seguridad del Estado llamen a esta gente. Están generando alarma, no tienen ni una sola prueba de que el Estado no está haciendo los exámenes correspondientes. Ellos dicen que el gobierno miente. Esto es una invitación a un tun-tun a los que hicieron este informe.

Cabello aludía al primer informe emitido por la Academia sobre la situación del coronavirus en Venezuela, en el que se alertaba un crecimiento importante para los siguientes meses. Así ocurrió, cada uno de los pronósticos expuestos por los científicos venezolanos se fue cumpliendo, pues las cifras superaron los 1.000 casos diarios tal como calcularon, lo que demostró que los números oficiales se quedaban cortos. Ante la publicación del segundo informe en el mes de agosto –que pronostican hasta 14.000 casos diarios para el mes de diciembre–, las alertas están encendidas.

Esa fue la primera vez que el gobierno de Maduro tomaba en cuenta el rol que desempeña en el país la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales (Acfiman). Así lo considera con sarcasmo la bióloga molecular Gioconda Cunto de San Blas, quien dirigió la institución desde 2015 hasta 2019. “Fuimos amenazados por un informe que no llenó las expectativas del gobierno. Y eso fue público, se hizo a través de un programa de televisión. Cuando ocurrió, tuvimos la satisfacción de ver cómo muchas instituciones y personas se nos acercaron para darnos su apoyo y respaldo ante cualquier situación que pudiera suceder si esa sentencia llegaba a hacerse realidad”.

Esa persecución a la ciencia, al conocimiento, parece un retroceso que trasciende el siglo XX. Es una práctica inquisitorial, incluso

—Sí, inclusive le puedo comentar algo que está pasando en este momento en el IVIC (Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas), o sea, algo que no es de ese pasado histórico, sino de ahorita, que está calientico: hace unas semanas, el director del IVIC –que es el instituto más importante de Venezuela en materia de investigación científica y que ha sido muy prestigioso a nivel internacional– mandó una comunicación a los jefes de centros, en las que les dice que, dada la situación del país y los problemas para abastecerse de comida, usarán los terrenos para cultivar. La idea es que como somos “consumistas” debemos aprender a no serlo, y por eso los terrenos deben ser usados para sembradíos. Es decir, ponen al IVIC a sembrar conucos.

El documento fechado el 27 de agosto y firmado por el director Eloy Antonio Sira Galíndez, designado como director en 2014, les informa a los jefes de centros que el consejo directivo “(…) haciendo uso de sus facultades, acuerda el uso y provecho de los terrenos del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC) para la creación de huertos en espacios aptos con fines productivos”. El argumento de la decisión se encuentra en las líneas finales: “El espíritu de esa decisión está orientada a producir alimentos para el consumo de los residentes del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), con el propósito de modificar gradualmente la cultura consumista que caracteriza a nuestro medio”.

Eso por supuesto trajo una reacción y los investigadores firmamos una carta que ayer se entregó a la dirección y en la que le damos respuesta a ese absurdo. Allí decimos, primero, que esa no es ni la misión ni la visión del IVIC y, segundo, que, si uno quiere tener un sembradío con rendimiento, a título de verdad, semiindustrial, uno tiene que usar una cantidad de parámetros científicos de análisis de suelos y más.

La carta, que reúne la firma de 63 miembros de la comunidad científica venezolana, fue entregada el día 24 de septiembre y recoge en dos cuartillas la respuesta de los trabajadores del IVIC y de los miembros de la Asociación de Investigadores del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (Asoinivic), argumentando que la cultura consumista a la que se refiere la decisión es absurda: “Interpretando literalmente esta justificación, habría que suponer que los residentes del IVIC tiene bien cubiertas sus necesidades alimentarias y sólo se pretende enseñarles a no ser consumistas. Nos parece claro, y así lo hemos reclamado, que los salarios que recibimos los trabajadores del IVIC y las pensiones de sus jubilados, no permiten ni remotamente cubrir las necesidades básicas de las familias ivicenses”.

—¿Cómo ha sido la relación entre la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales y el régimen actual en estas dos décadas?

—Tendría que empezar diciendo que las academias nacionales forman parte de la estructura del Ministerio de Educación, así ha sido toda la vida. Nosotros somos organismos que están asociados al Ministerio de Educación. Sin embargo, la relación que hemos tenido no ha sido fluida, para nada. La Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales cumple con los requisitos de mandar los informes cuando se le piden y todas esas cosas. El tema es que cuando elevamos esos documentos con recomendaciones, dada nuestra experticia en determinados campos, esas recomendaciones no han sido nunca tomadas en cuenta. Es decir, nuestra Academia a lo largo de los años ha hecho una cantidad enorme de documentos en relación a los problemas del país –desde el punto de vista de salud, de minería, de recursos humanos, de recursos ambientales y hasta de cuestiones universitarias– porque la ley nuestra nos obliga a dar asesoría al gobierno nacional, lo que pasa es que nunca lo toman en cuenta. La amenaza de mayo fue pública, nos sentenciaron a todos, nos dijeron que estaríamos próximos a recibir una visita de la “operación tun-tun”, y los venezolanos ya sabemos lo que significa eso.

Aunque son dependientes del Ministerio, no los toman en cuenta. Supongo que ocurre lo mismo con el tema presupuestario, tal vez por la autonomía que poseen, que los aleja de directrices ideológicas

—El presupuesto es poco, realmente. Para lo que se tiene que hacer, no cubre las expectativas, pero eso está ocurriendo en todos los sectores de la administración pública. De manera que la Academia se ve muchas veces apretada para cumplir con sus funciones. Ahora, nosotros tenemos total autonomía. Los nombramientos son vitalicios, cuando fallece un individuo de número, de acuerdo con la norma existente, tenemos que comunicarlo al Ministerio de Educación para que sea esa institución la que declare el sillón vacante. Y solamente entonces es cuando la Academia está en libertad de nombrar otro individuo de número para ese sillón vacante.

—¿Y esa relación de los gobiernos con la Academia siempre fue así de tensa? ¿O hubo mayor atención en el pasado?

—Las relaciones en el pasado, yo diría que, hasta cierto punto, fueron más independientes. Muchos académicos llegaron a ser ministros en épocas pasadas, embajadores, personas que por sus credenciales eran llamadas por determinados gobiernos para que cumplieran funciones. Eso es un aval para la Academia y para sus miembros, pero ya eso no sucede. Este régimen muestra un desprecio por la ciencia. Se caracteriza por un desprecio hacia el conocimiento, hacia la disciplina y hacia el trabajo intelectual para organizarse y hacer estas cosas. Todo eso está mal visto por este gobierno.

—Ustedes no perciben nada por elaborar esos informes, que son valiosos para el país. Eso es parte de un compromiso que tienen

Así es. Ningún miembro de la Academia percibe dinero o un sueldo por el trabajo. Es una labor totalmente honoraria, que nosotros realizamos con mucho gusto y con mucho honor para el país. Los informes surgen de las diferentes comisiones que tiene la Academia, porque obviamente, la academia está formada por gente que viene de distintas disciplinas: físicos, matemáticos, químicos, biólogos, zoólogos. Entonces, cuando se toca un tema particular, las personas que están más cerca de esa área elaboran un primer borrador que luego se estudia entre toda la asamblea. En fin, es un procedimiento que es estándar en cualquier parte del mundo, y es el nombre de la Academia el que va detrás de esos informes. Eso lo hacemos de manera gratuita, sobre la marcha del país, honestamente es puro amor al arte, pues.

 

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