Jesús Alexis González: Educación Disruptiva; Alternativa en el mundo hiperconectado

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Resulta una manifiesta obviedad señalar que la innovación es una particularidad del siglo XXI, y por ende el proceso educativo debe estar en intima correspondencia con la sociedad hiperconectada (entorno computacional interrelacionado invisible) por intermedio de las tecnologías, en pro de enfrentar el perjudicial desequilibrio entre las transformaciones que en el último medio siglo han experimentado las áreas económica, social, cultural y personal, al tiempo que el sistema educativo en general y el proceso de enseñanza-aprendizaje en lo particular han permanecido prácticamente inmóviles.

 Tal desequilibrio, está induciendo una manifiesta dificultad para educar en  competencias, es decir poner en practica de forma integrada en distintas situaciones, tanto los conocimientos teóricos como la habilidades, así como las actitudes personales adquiridas, que prevalecen (y se incrementaran) en la sociedad digital. En razón de ello, tanto la EDUCACIÓN HÍBRIDA entendida como el desarrollo de programas para la enseñanza y el aprendizaje integrados a las modalidades presencial y virtual u online a través de Internet que igualmente cuenta con acciones de apoyo como foros, intranets, repositorios de documentos, clases grabadas; como la EDUCACIÓN DISRUPTIVA que hace referencia a un modelo de educación que rompe con lo establecido a la luz de alterar el proceso tradicional basado en la transmisión del conocimiento en un ambiente de aula de clase, profesor, pupitre, tiza y pizarrón; al tiempo de abrir espacio a nuevas alternativas de aprendizaje.

El término disruptivo se utiliza para nombrar aquello que produce una ruptura brusca, o lo que es lo mismo algo que genera un cambio determinante tal como la computadora personal que propició el desuso de la maquina de escribir, y como la telefonía móvil que impulsó la desaparición de los teléfonos monederos. Las innovaciones disruptivas que propician nuevas formas de aprendizaje en razón de romper con el modelo tradicional sitúan al alumno como constructor de su propio aprendizaje, otorgando suma importancia a los ritmos personales en un contexto de currículo abierto (sometido a un continuo proceso de revisión y reorganización) donde el rol fundamental del docente es de facilitador para propiciar cambios en la organización del aprendizaje, siendo que de facto están presentes métodos distintos con sus propias características y formas de enseñar.

La educación disruptiva no solo rompe con la rigidez del currículo, sino que igualmente incorpora las nuevas tecnologías: TICs (Tecnología de la Información y la Comunicación), TACs (Tecnología del Aprendizaje y del Conocimiento) y las TEPs (Tecnología para el Empoderamiento y la Participación); al tiempo de sustentarse en sólidos ejes fundamentales: A.- Personalización del aprendizaje: Ante la realidad que cada estudiante tiene una particular manera de pensar y de aprender, ello se toma en cuenta en función de desarrollar su potencial; B.- Uso de las herramientas digitales: Enseñar y aprender por medio de las tecnologías, con especial relevancia en las plataformas online apuntaladas en Internet y en un ambiente semipresencial; C.- Aprendizaje a través de la experiencia: Se aprende más haciendo que escuchando o leyendo, habida cuenta que se retiene la información para ser convertida o transformada en conocimiento por intermedio de la experiencia; D.- Aula invertida: El aula física escolar y la casa se armonizan curricularmente, siendo que el estudiante revisa y prepara su material de estudio en el hogar para luego confrontar y resolver sus dudas en el salón de clases teniendo al docente-facilitador como orientador.

 

La educación disruptiva propicia beneficios significativos, donde se pueden destacar: 1.- Una mayor oferta de información susceptible de ser convertida en conocimiento; 2.- Facilita estudiar desde cualquier ubicación; 3.- Adaptabilidad para estudiar; 4.- El alumno como constructor de su propio aprendizaje; 5.- Estructura curricular flexible, a la luz de un proyecto educativo donde la enseñanza tiende hacia la ciencia-acción como forma de consolidar a largo plazo una práctica adaptable al saber y al saber hacer.

 En fin, la educación disruptiva es más personalizada lo cual facilita la libertad de escoger en lo relacionado al qué y cómo queremos aprender; al tiempo de reforzar las habilidades digitales como condición indispensable para acceder al campo laboral tanto del presente y con mayor prevalencia en relación al futuro, donde la relevancia estará enfocada en el pensamiento crítico asumido como el proceso de dudar de las afirmaciones que en la vida cotidiana suelen aceptarse como verdaderas, hasta abandonar el rol de consumidor de información.

 

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