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La economía venezolana podría caer 30% en 2020… y sin esperanzas de recuperación para 2021

La gente compra en el mercado municipal de Chacao en Caracas en medio de la pandemia del nuevo coronavirus COVID-19, el 3 de septiembre de 2020 | Foto de Federico PARRA / AFP

 

A medida que aumenta la inflación en Venezuela, que se encuentra en medio de la peor crisis económica de su historia después de siete años de recesión. Venezuela cuenta con las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, pero bajo la supervisión de Nicolás Maduro, el país ha entrado en crisis. La pobreza se ha disparado, la inflación es la más alta del mundo, la moneda se ha vuelto prácticamente inútil y la producción de petróleo ha bajado a su nivel más bajo en 77 años, lo que los expertos atribuyen a la mala gestión y la corrupción.

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La economía venezolana, que ya acumulaba una contracción de 61% en su nivel de actividad entre 2014 y 2019, podría terminar en 2020 registrando una caída adicional en el PIB de 30% en un solo año, y sin esperanzas de recuperación para 2021 de no cambiar radicalmente la situación política y el régimen de políticas económicas, de acuerdo con el Informe de Coyuntura Venezuela, elaborado por el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales (IIES) de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB).

Espera que el impacto neto de las medidas para controlar el contagio de la covid-19 en el país sea negativo, no solo por la paralización de actividades productivas y comerciales en sectores declarados no prioritarios, sino también por la «probable ineficacia de la flexibilización y de las medidas de estímulo fiscal implementadas desde marzo de 2020».

«La continuación de la inamovilidad laboral atenta contra la flexibilidad requerida por las empresas que todavía sobreviven para ajustar y mejorar sus niveles de productividad. El plan de pago del régimen de la nómina de las pequeñas y medianas empresas probablemente supondría una erogación de recursos muy limitada, dadas las fuertes restricciones financieras del fisco y la informalidad presente en la economía como un todo. La suspensión del pago de arrendamientos de inmuebles para uso comercial y viviendas principales supone el alivio de recursos para unos sectores, pero empeora la situación de otros. Lo mismo ocurre con la suspensión de pago de capital e intereses de los créditos y de recalificación de riesgo crediticio, mejora la situación de los deudores y empeora la de la banca».

Indica que el impacto de la orientación de la cartera financiera a sectores de primera necesidad es atenuado por las medidas de encaje del Banco Central de Venezuela (BCV).

Finalmente, la exoneración de impuestos de importación mejora el flujo de caja de las empresas, pero afecta la recaudación tributaria y, con ello, la ya debilitada capacidad del gobierno de mejorar su oferta de servicios públicos.

Por otro lado, el IIES de la UCAB sostiene que el impacto de las medidas adoptadas en el resto del mundo para controlar el contagio de la covid-19 se ha traducido, inevitablemente, en una contracción global de la oferta y demanda de bienes.

«Para Venezuela, ello ha significado una reducción adicional del volumen y valor de sus exportaciones petroleras, las cuales ya venían siendo afectadas por la insuficiencia de inversión y las sanciones de EEUU; estas últimas en vigencia desde mediados de 2017».

 

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