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Andrea Bárcena: Educación y libertad

 

En la Casa de la Cultura Frissac, en el centro de Tlalpan, hay un monumento en honor del ingeniero Javier Barros Sierra, quien vivió en ese lugar cuando era rector de la UNAM. Al pasar por ahí, acostumbro releer una frase suya inscrita en el muro del monumento: La educación requiere de la libertad y la libertad requiere de la educación. Y es que –juntas– educación y libertad son lo fundamental para el desarrollo humano. Por eso, invertir en más y mejor educación debe ser la prioridad de un gobierno democrático que de verdad quiera transformar al país.

Nuestro sistema educativo tiene graves carencias y el cierre de escuelas por la pandemia es la oportunidad que ha debido aprovecharse para mejorarlas en lo material y en lo conceptual. Afortunadamente, hay muchos maestros de la escuela pública que por cuenta propia estudian para mejorar su pedagogía. Es el caso del MMEM (Movimiento Mexicano de la Escuela Moderna), cuyos concurridos talleres, vía zoom, comparten y promueven experiencias pedagógicas de los grandes creadores, como, por ejemplo, Célestin Freinet (Francia) o Loris Malaguzzi (Italia). El segundo es también autor del bello poema que comparto ahora y que contiene a la vez crítica y propuesta para una escuela respetuosa de las libertades del niño, centrada en el arte y en las capacidades creativas:

Cien veces el Niño

“El niño está hecho de cien. / El niño tiene cien lenguajes / cien manos, cien pensamientos / cien maneras de pensar, de jugar y de hablar / cien siempre cien maneras de escuchar, de maravillarse, de amar / cien alegrías para cantar y entender / cien mundos que descubrir, cien mundos que inventar y soñar. / El niño tiene cien lenguajes / y además cien mundos más. / Pero le roban noventa y nueve. / La escuela y la cultura le separan la cabeza del cuerpo / le hablan de pensar sin las manos / de actuar sin la cabeza / de escuchar y no hablar / de entender sin alegría / de amar sin maravillarse, más que en Pascua y Navidad. / Le dicen que descubra el mundo que ya existe / y de cien le roban noventa y nueve. / Le dicen que el juego y el trabajo, la realidad y la fantasía, la ciencia y la imaginación, el cielo y la tierra, la razón y el sueño, son cosas que no pueden pensarse juntas. / Y le dicen que el cien no existe. / Y el niño responde en cambio: ‘¡El cien sí existe!’”

infanciadestinoes@gmail.com

 

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