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Oscar Fuenmayor: El espejo mágico

 

Un cuento de las 1001 noches sin electricidad

Según las fábulas, hace tiempo…muchísimo tiempo, existió en estos parajes un extraño reino en problemas gobernado por un poderoso rey que controlaba todos los poderes. Pero aun así, el Rey tenía miedo de ser destronado por una guerra económica o por unas elecciones justas y por eso vivía muy nervioso por su seguridad. En uno de sus viajes con su Reina a donde vivía un compadre suyo,  les regalaron un espejo mágico que les diría la verdad de cómo iban  las cosas cuando estas se pusieran un poco feas. Todos los días el poderoso Rey consultaba con su espejo mágico con el cual, por cierto, no se llevaba muy bien.

Una mañana de tantas en las que le consultaba con el espejo mágico:

─Espejito espejito, ¿A quién en el reino  le queda mejor el bigote?

A ti, mi señor, ese bigote te queda soñado; Además no sé por qué me recuerdas a Gómez y a Sadam Hussein.

─Estas mamoncito espejo, ¿cómo que a Gómez? ¿Acaso soy un dictador?

─Me refiero a lo elegante, señor, eso fue lo que quise decir.

─ Ahh… bueno, yo creía…

El rey queda guarda silencio pero queda cogitabundo ante la ocurrencia del espejo mágico. “¿Qué será lo que me quiso decir este espejo coño `e madre que se trajo Cili de Turquía? Siempre trae cachivaches raros de nuestros viajes por el mundo”,  pensó. En esas profundas cavilaciones filosóficas estaba cuando lo llama Cilita la bonita a desayunar.

─Buenos días mi amor, ven, vamos a comernos este pabelloncito  criollo que nos preparó la servidumbre; tú sabes que yo no cocino, lo mío es gobernar contigo ─dice amorosamente Cili desde el comedor real.

De inmediato despliega sobre la mesa dos platos de caraotas negras bien resueltos, con su carnita esmechada y sus tajadas de Maduro con arroz. La ensalada de aguacate y el quesillo serían el postre. Café con leche y chocolate para ir rodando la primera de las cinco comidas que dice Menéndez (Consejero Real) que hacen los súbditos del reino. Y además había para degustar juguito de frutas.

─Cili, me vas a poner más gordo de lo que estoy y tu sabes que mis vasallos apenas si comen; no se ve bien; cuando estoy dando un discurso lo primero que me ven es la barriga.

─Comamos bien ahora que estamos en el poder, mi señor; que cada quien se las arregle como pueda, así es el socialismo territorial ─argumenta ideológicamente Cilita la bonita.

─Tienes razón Cili, ¡Aprobado!

Y así, comienza una mañana cualquiera en la dura vida del rey y su reina en aquellas lejanas tierras. Inquieto todavía  por las palabras del  espejo mágico y, mientras desayunan tan modestamente,  le comenta a su reina.

─Cilita, mi amor, el espejo mágico que nos regalaron en Turquía hoy me dijo una vaina medio rara que no me gustó, creo que lo voy a mandar a investigar con la policía política.

─ ¿Y qué te pudo haber dicho que te tiene tan preocupado?

─Me comparó con Gómez y con Saddam.

─Eso te lo han dicho antes, mi amor, no deberías preocuparte tanto a estas alturas del partido.

─Lo que pasa Cili, es que un espejo mágico siempre dice la verdad… voy a llamar a mi compadre Erdogan a ver qué me dice. ¿Qué piensas tú de esto Cilita la bonita?

─ Que estás algo nervioso; la elección de la AN te tiene nervioso… y a mí me tienes abandonada, hace tiempo que….

─Es verdad, Cili, estoy un poco asustado; si la gente sale a votar masivamente me van a cobrar el peo de los servicios y el hambre que están pasando.

─Consultemos con el espejo mágico, está obligado a decirnos la verdad ─propone Cili.

Se trasladan entonces al aposento del rey para interrogar al espejo mágico:

─Dime espejito mamón, ¿Qué dice el pueblo del decreto de reconciliación? …

─ ¿Te fijaste mi Rey? si hasta te salió en verso, esto hay que celebrarlo; te estás volviendo poeta a medida que gobiernas. ─exclama Cili toda alborozada por aquella prosa genial del mandatario.

─Es cierto Cili, vamos a bailar.

Y de inmediato el Rey y su Reina se ponen a bailar frente al atónito espejo que se ve obligado a reflejar los ágiles pasos de baile del mandatario y sus quiebres de cintura. Y la reina no se queda atrás, observando y disfrutando como gestiona el baile su rey y señor.

─ ¡La vida es una sola Cilita, y es para gozarla! ─ Dice jubiloso al compás de cumbia sampoesana.

─ ¡Y para gobernar! ─ agrega Cilita la bonita…  ¡Y yuuujuu…!

Mientras la pareja real disfruta de la vida y se vacila la crisis que hunde al reino, el espejo mágico aprovecha para tomarse su tiempo, sabe que la libertad de expresión es peligrosa hasta para los espejos,  y que ya hay bastantes detenidos y desaparecidos en el mundo. Espera que termine el fogoso baile para preguntar.

─ ¿La verdad mi señor?

─La verdad, caiga quien caiga.

Midiendo sus palabras el espejo habla:

Mi señor, el pueblo anda diciendo que es un decreto chucuto y asimétrico y que no ven la reconciliación por ninguna parte, y…

─ ¿Cómo es la v…? ─interrumpe furioso el Rey─. ¿Están diciendo eso los malagradecidos?…

─Deben ser los maestros, mi Rey, los maestros y los profesores de la universidad, siempre están pidiendo más salario del que merecen, son unos inconformes, ellos saben que deben trabajar por vocación y no estar pidiendo aumentos todo el tiempo  ─agrega Cili echando más leña al fuego.

─Ajá espejo mágico  ¿Y qué mas dice el Pueblo, según tú? Y no le vayas a poner ni una coma de tu parte, me estás pareciendo medio sospechoso.

El pueblo es quien opina, mi rey, no soy yo; Los espejos mágicos tenemos que decir siempre la verdad… Y no son solo los maestros.

─ ¡Habla pues! … y ve que te tengo en la mira.

Al espejo no le queda de otra que seguir diciendo la verdad, y continúa informando al Rey.

─El pueblo dice que tú eres el único que se quiere reconciliar pero con quienes te hacen la guerra para repartirse contigo el poder y el reino. Mientras te reconcilias con ellos  haces la guerra a los trabajadores que mueren de hambre y eso no es reconciliación. Que tampoco es reconciliación negarles el salario justo a los maestros que no tienen como comprar zapatos para ir a trabajar y mueren de hambre.

─ ¡Ave María Purísima! ¿Escuchaste Cili? ¡Cuánto malagradecido hay en este país, ahora sí es verdad que voy a mandar a quitar unos cuantos bonos, ya van a saber lo que es gobierno socialista territorial.

─El Pueblo malagradecido se merece una lección, mi Rey, aprobémosle también una nueva lista de precios justos, así sabrán lo que es bueno.

─ ¡Caramba Cili! ¡Qué bárbara! Tenemos que esperar un poquito para eso, además los comerciantes hacen eso todos los días, ellos harán el trabajo sucio.

─Tienes razón mi Rey, dejemos que los comerciantes hagan su trabajo, así es el socialismo territorial.

El Rey insiste en preguntar al espejo mágico.

─Ahora dime espejito, has echado el cuento de un solo lado, ¿qué dice el Pueblo del Rey autoproclamado?

─El pueblo piensa que ese otro rey, el de Citgo y de otras empresas en el exterior, también les causa hambre por su guerra contigo, que disfruta de lo lindo de las riquezas de este mundo mientras también le hace la guerra y le causa más miseria.

─Eso es verdad espejito, ese rey de pacotilla y los bárbaros del norte nos tienen aplicada una guerra económica, ¿Qué dice sobre eso el Pueblo?

─Disculpa por transmitirte la verdad, mi rey, pero las únicas guerras que ve el pueblo son las de tu gestión contra el derecho a la vida de tus súbditos, y las sanciones y la piratería de los bárbaros del norte que acorralan y hambrean a todo el reino. Piensa que con ese indulto intentas reconciliarte con ellos y por eso les soltaste bastantes presos sin consultarlo, pero negociando con ellos en Turquía. Para el pueblo no hay consulta que los defienda de los altos precios, del hambre, la oscuridad y la sed… Es lo que se dice en las catacumbas del pueblo, mi rey; Yo solo soy un humilde espejo mágico que debe hacer su trabajo.

El Rey y la Reina se quedan como de una sola pieza al oír aquel informe, que más parece salido de la mente calenturienta de un guerrero del teclado que de un espejo mágico. Muy por lo bajito, como para que el espejo mágico no escuche, el Rey le susurra a la Reina:

─Cili, será mejor que no sigamos hablando con este espejo, pensaba preguntarle algo sobre la elección de la Asamblea Nacional  pero tengo miedo de lo que va a decirme,…

─Estoy de acuerdo mi Rey, mejor llamamos al compadre a ver de dónde sacó este espejo mágico.

Fin

 

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