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Marina Ayala: Representaciones Sociales

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Asombra terminar de aceptar lo que revela y produce el malestar. En tiempo de duelo y penurias se recogen las atenciones y los enganches amorosos. La libido se concentra en el propio cuerpo o alimenta e hincha un ego hasta extremos enfermizos. Cuando estamos demasiado pendientes del cuerpo comenzamos a enfermar o a sentir que enfermamos; los dolores migran, cuando no es la cabeza es el estómago o sudamos frío al pensar que ese dolor es síntoma de infarto. Vemos con atención el color de los desechos cada mañana, al mediodía y antes de hacer que dormimos porque el insomnio no debe faltar. Terminamos ojerosos, desgreñados y con expresión de pánico. Seguimos viviendo pero miserablemente solo esperando la muerte. ¿Les parece conocida la escena?

Lo peor, si es que hay algo peor, es que el pensamiento se reserva únicamente en lamentar nuestra suerte e irnos lamiendo las heridas. No se está en condiciones de pensar sin ser uno mismo el centro de las reflexiones. No se piensa en soluciones colectivas, no se piensa en el otro y el daño, fastidio y cansancio que se puede estar causando. Entramos al concurso de quien es el más sufrido y nos sentimos incomprendidos por todos. Vamos por el mundo pregonando un ¡si lo tuvieras tú! con un claro convencimiento de llevar la batuta del concierto de lamentos. Si, en Venezuela se está sufriendo mucho, no es una imaginación retorcida que lo inventa. La gente está muriendo por el abandono y la desidia gubernamental. El país está de duelo, son muchas las familiar a quienes les han arrebatado un hijo, muchas personas mayores solas con discapacidad para defenderse, batallando por sobrevivir. La falta de dinero para enfrentar las dificultades y el cinismo y la maldad campeando sin barreras de contención alguna.

¿Qué tenemos como representación social? Principalmente impotencia, derrotismo, fracaso, ineptitud y como dijo Castro Leiva en su muy conocido discurso, ante el Congreso Nacional (1998), cada uno de los desacertados dirigentes que nos mal conducen han sido creados y criados por esta sociedad “la que tenemos- la que concibió estos prejuicios-, la que los ha hecho propios y ajenos, la que tira la piedra de su moralismo y esconde la mano de su responsabilidad”. Cada uno de nosotros poseemos una gran carga emocional muy pesada pero no pueden ser otros los que hagan posible nuestra vida social y conciban las ideas que hacen factibles las prácticas política y las que las deshacen. La política propia con “su tragedia y su comedia” como original propuesta de vida pública emana de esas representaciones sociales nuestras y que por lo general nos guían, pero no pensamos.

Hace mucho, mucho tiempo en este país se desprecia el oficio del político, no es una representación de estos años aciagos que desgraciadamente convocamos. Es más bien una de las razones que condujo a una mayoría a apostar por un aventurero de ideas retorcidas y de escasos pensamientos. Se despreció el oficio del político, se despreciaron los partidos políticos y con ello la democracia. No se cuestionó al irresponsable corrupto en cargos de poder, se despreciaron las instituciones. También fue producto de las representaciones sociales que predominaban en el momento. Al contrario de ahora éramos prepotentes, frívolos, y guiados por ideologías demagógicas y tramposas. Pocos se dieron a la tarea de cuestionar al anzuelo populista con un pensamiento crítico. Las consecuencias de esta manera de vivir fácil y rentista fueron enormes. Perdimos la República o estamos a punto de ello (como muchos opinan).

Castro Leiva, como recientemente lo recordó Chitty La Roche, quiso atajar ese día esta catástrofe que vio venir, no fue posible. “Uds. tienen la obligación de pensar no la de hincarse ante la opinión. Tienen que convencernos con argumentos y ejemplos probos que son dignos de la confianza que le entregamos. Tienen que deliberar bien y derechamente para que podamos sentir todos que la delegación de nuestro poder, nuestra representación, no será usurpada por la sinrazón” ¿cuánto tiempo pasará para que estas palabras de Castro Leiva comiencen a ser honradas?

Psicoanalista, filósofo y ensayista

 

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