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Román Ibarra: Autodestrucción XVII

 

La crisis venezolana es tan profunda y grave que genera acontecimientos con frecuencia exagerada, que obligan a que nos desviemos por unos instantes de la narración de los hechos que animaron esta serie de artículos, que ya alcanza el capítulo XVII.

Artículos dedicados a explicar la historia política reciente y el por qué llegamos a este ambiente de crispación y deterioro terminal en el que vive nuestro país, y del cual, todavía es mucho lo que hay que analizar porque nuestro drama, lejos de finalizar para comenzar la reconstrucción, continúa y no se le ve final.

En efecto, el capítulo anterior lo terminamos con la inmensa alegría de la liberación parcial de nuestro amigo, el diputado Juan Requesens, quien ahora está en su casa luego de la medida otorgada. Juan es inocente, y todos lo sabemos.

Gracias a Dios y a la mediación de la Unión Europea; la Cancillería de Turquía, y la participación de varios dirigentes políticos, entre quienes destacan Henrique Capriles, y Stalin González, se logró también la liberación de otros 110 presos y exiliados, para la alegría de sus respectivas familias, y de casi todos los venezolanos.

Casi todos, porque para algunos (los que gracias a Dios nunca estuvieron presos), los que están en el exilio, o refugiados en embajadas, ha supuesto la oportunidad de atacar la medida por una parte, pero sobre todo, para atacar a quienes fungieron de mediadores. Claro que hay razones para criticar la medida por razones jurídicas o políticas, pero de igual manera es motivo de alegría por la liberación de quienes estaban sometidos a torturas físicas y psicológicas.

Lo que sí ha sido muy malo, es la guerra que se ha desatado en el seno de la dirigencia de la oposición contra Capriles por haber contribuido con la liberación de esos ciudadanos, y porque se desmarcó de la línea abstencionista iniciada equivocadamente por Guaidó, tal como hemos advertido en otros artículos.

La dirigencia de la oposición se ha convertido hoy en un saco de gatos, para alegría y regocijo del comunismo gobernante. Por un lado, aparece el presidente de la AN, el diputado Juan Guaidó, llamando a la abstención sin haber consultado a todos los factores, de manera anticipada, y sin haber dado una lucha en el orden electoral que pudiera servir de argumento para tamaña decisión. Por otro lado, aparece la señora María Corina Machado, líder del partido Vente, rechazando la invitación de Guaidó a acompañar su propuesta, y ofreciendo por el contrario su visión, que no es otra que la machacona iniciativa según la cual, no hay posibilidades de salir de la crisis, si antes no se conforma una ¨fuerza militar de paz¨, que saque a Maduro del poder. Formula ampliamente despreciada por toda la comunidad internacional, aliada de las luchas del pueblo venezolano por recuperar la democracia.

Insiste en un tema que sabe de imposible realización, pero que –según ella- la convierte en la verdadera y fiel intérprete de los deseos de la mayoría, y por ello auspicia la continuación y profundización de las sanciones aplicadas hasta ahora, que dificultan las labores del régimen, pero producen mucho daño en la población común que sufre horrores para acceder a los bienes y servicios esenciales para el sustento familiar.

Y en una posición distinta de las dos anteriores, aparece Capriles llamando a organizarse y luchar para conformar los equipos y candidatos que representen a la oposición en las parlamentarias convocadas. Esta es a nuestro juicio la posición correcta, y la explica con lujo de detalles el Profesor Fernando Mires en su artículo ¨Capriles, o el regreso de la política¨ cuya lectura recomiendo ampliamente (polisfmires.blogspot.com). Seguimos.

@romanibarra

 

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