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Rafael Simón Jiménez: La insólita alianza de los abstencionistas y  el gobierno

 

Quienes desde las filas opositoras llaman a la abstención, con el repetido argumento de las elecciones espurias, inconstitucionales, ilegitimas  y tramposas, reproduciendo razones que ya se demostraron  fallidos e inútiles en 2.005, piensan que su postura en apariencia de rechazo y repudio radical al régimen madurista, tiene efectos de deslegitimación, desconocimiento o impugnación a la cúpula gobernante y a las consecuencias destructivas y ruinosas  que sus corruptelas y desafueros han causado a Venezuela y sus ciudadanos.

Paradójicamente, y aun cuando parecieran enemigos irreconciliables, quienes llaman a abstenerse en las venideras elecciones parlamentarias, tienen un amplio punto de coincidencia con el régimen al que dicen profesar aversión e incluso odio y desprecio , porque precisamente el sistema de hegemonía que el Chavismo-Madurismo se ha propuesto implantar a lo largo de dos décadas- casi siempre con el auxilio de los interminables errores opositores – necesita de la abstención como un aliado indispensable para el logro de sus malévolos objetivos.

No es por cierto la primera vez que adversarios ubicados en antípodas ideológicas y políticas, se sirven uno a otro, o se retroalimentan. La polarización, el radicalismo y las posiciones intransigentes y extremas, llevan implícitas la perdida de la sindéresis y la razón, y el atrincheramiento en posiciones cerradas o dogmáticas, que impiden ver la realidad o que la sustituyen por los deseos en un ejercicio de lo que se denomina voluntarismo, actitud condenada de antemano al fracaso.

En 2.005, la oposición en Bloque, presionada entonces por los intereses mediáticos que  condicionaban sus políticas, decidió unánimemente abstenerse. La verdadera razón para aceptar esa imposición, era que la sucesión de errores  derivados de la política del “Chávez Vete Ya “ que culminaron con el desastroso resultado en el referéndum revocatorio de agosto de 2.004, achico y desmoralizo sus fuerzas colocando al Chavismo en posición de ganar las elecciones legislativas de ese año.

Lejos de proponerse reagrupar y animar a sus partidarios,  e incluso participar – como si se hizo en 2.010 – de un parlamento con mayoría Chavista, la dirección opositora se lanzó a la aventura abstencionista fabricando argumentos como los de la deslegitimación del evento electoral y la consecuente crisis del régimen que conduciría a su colapso, todo lo cual termino en la práctica en un frustrante disparate político.

La consecuencia de aquel gravísimo error, que lejos de provocar alguna erosión en la estabilidad del gobierno, condujo a la virtual desaparición de las fuerzas opositoras, fue de dimensiones catastróficas pues el régimen adueñado de los 167 escaños parlamentarios avanzo a zancos en la construcción de un tinglado legal, político e institucional, creando las bases de su predominio a largo plazo.

La enmienda de ese gravísimo dislate político, costo nada menos que una década de rectificaciones, acumulación de fuerzas y conquista paciente de espacios de poder, que culminó con la amplia y contundente victoria en las elecciones parlamentarias del 2.015, naufragada en un mar de aventuras, disparates, rivalidades y protagonismos, que han permitido la prolongación trágica de este nefasto gobierno.

Hoy, quizás más aún que en 2.005, los intereses en apariencia antagónicos, contradictorios e irreconciliables del gobierno de Nicolás Maduro y de la denominada Oposición radical (Guaido, G4, similares y conexos) vuelven a coincidir y a retroalimentarse en torno a la política y la predica abstencionista. La identidad de propósitos es inocultable : los abstencionistas de la oposición radical, no quieren que la gente vote, y si la abstención fuera predominante como el 2.005 proclamarían la victoria de su línea política, aun cuando el resultado práctico sea una Asamblea Nacional de clara  mayoría oficialista.

El gobierno por su parte, auspicia, promueve, provoca  y alienta la abstención opositora consciente de que desprovistos de apoyo popular y reducidos a sus mínimos históricos de respaldo electoral, solo pueden obtener una inmerecida victoria en las elecciones parlamentarias, si quienes se declaran sus enemigos acérrimos, le hacen el trabajo y el favor de generar una inhibición en la concurrencia de la inmensa mayoría que clama por un cambio urgente en Venezuela.

Consciente o inconscientemente, los promotores de la abstención  se convierten en los aliados indispensables de Maduro, y la palabra “colaboracionistas “con la que frecuentemente etiquetan  a quienes con activismo y participación procuran una derrota electoral del régimen, les “cae como anillo al dedo “, pues sin su postura reconocidamente fracasada y estéril, la paliza del régimen el o6 de diciembre sería un más amplia y contundente que en 2.015.

 

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