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Marco Tulio Arellano: La ruleta de la gasolina

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“Los líderes debemos estar atentos a las señales del pueblo” Hugo Rafael Chávez Frías. (Aló Presidente N. 244, Miraflores 15 de enero 2006)

Los que nacimos y crecimos en el estado Táchira, uno de los estados fronterizos con Colombia, sabemos el karma que representa el no contar con la gasolina y el viacrucis que hay que transitar para poder abastecer los vehículos de combustible.

La crisis que se hizo cotidiana comenzó a incrementarse – aunque usted no lo crea – desde el mismo momento en que la hermana república de Colombia pasó a depender del narco tráfico y su gobierno desplazó a los carteles del negocio de la droga para convertirse en su administrador como un narco – Estado.

Desde allí nació su dependencia del combustible venezolano (30 litros de gasolina por cada kilogramo de coca – según Freddy Bernal)  y se hizo más notoria, desde el mismo momento en que el gobierno de Álvaro Uribe Vélez sustituyó a los carteles; el “Cartel de Calí” y el “Cartel de Medellín” y defenestró a sus cabecillas, los hermanos Orejuela Gilberto y Miguel y asesinó a Pablo Escobar Gaviria y sus aliados, en un barrio de la capital antioqueña.

En el Táchira el calvario de la gasolina se convirtió en cotidiano y dio origen a diversas formas para obtenerlo. Desde redes y mafias coordinadas – presuntamente – por agentes “verde oliva” y otros sofisticados mecanismos de transporte.

La más común – ahora instalada abiertamente en Venezuela – la representan una red de distribución a través de pimpineros, quienes pululan en la frontera junto a otros establecimientos clandestinos, quienes poseen grandes depósitos y redes de tuberías o mangueras, con las cuales surten el mercado colombiano, principalmente al narcotráfico.

Para abastecerse del combustible han surgido los más diversos métodos de control. Desde sofisticados dispositivos electrónicos y satelitales (uso del chip) que también se convirtieron en un nuevo negocio, hasta potentados y enchufados con flotas de carros que disponen de los dispositivos y venden la gasolina en Colombia.

Los ensayos no han cesado y los mafiosos enquistados en la frontera, quienes han acumulado fortunas, asociados incluso con concesionarios de estaciones de servicio de Venezuela, han hecho un imperio y son mutantes, ante las nuevas medidas que en diferentes ocasiones implementa el Gobierno venezolano para controlar la fuga de combustible. (Muchos son detenidos pero salen rápidamente de la cárcel)

Es un mecanismo macabro de nunca acabar. Es una rutina que martiriza al pueblo venezolano especialmente al del Táchira y de los demás estados fronterizos como Zulia, Apure y Amazonas.

Con la última situación de los embargos y sanciones por parte del gobierno norteamericano de Donald Trump, este calvario que parecía rutina para los habitantes de la frontera, ahora se trasladó a los demás estado del país, desde los Andes hasta Guayana y desde los Llanos hasta todos los estados orientales, incluyendo la isla de Margarita.

Para amortiguar la última crisis la cual pareció acelerarse con la llegada de cinco barcos de bandera iraní a Venezuela, cargados de gasolina, se instrumentaron nuevas medidas a nivel nacional.

El Gobierno decretó la creación de una Comisión de Energía para solucionar el problema, encabezada por el ministro de Energía y Petróleo y Vicepresidente de las Finanzas Públicas, Tarek Al Aissami (nos hizo recordar a Rafael Ramírez) para organizar la distribución de la gasolina.

Con bombos y platillos se habló de incrementar el precio del combustible de dos maneras; una a precio popular a 5 mil bolívares soberanos el litro y otra, 0,5 centavos de dólar en algunas estaciones autorizadas (averiguar los dueños).

En la actualidad los venezolanos observamos como “ni lo uno ni lo otro sino todo lo contrario” funciona en el caso de la gasolina, que ha resultado todo un negocio.

Con la llegada de la pandemia la estrategia parece haber desvanecido y la gasolina iraní se evaporó rápidamente como por arte de magia, incluso se cerró la venta y el cronograma estricto de la pandemia y las colas no han desaparecido, más bien se han incrementado y se ha acentuado el calvario para los venezolanos.

Todo este panorama se presenta crítico para el Gobierno bolivariano sobre todo a las puertas de unas elecciones parlamentarias (6 de diciembre). El Estado parece no dar pie con bola para abastecer todo el mercado de combustible, especialmente el de la gasolina y no se ha podido normalizar la distribución en el mercado automotor del país.

Paralelamente a esta situación está la imprecisa información de Pdvsa sobre lo que ocurre con las refinerías y no se ha confirmado oficialmente su restauración y la producción normal de gasolina en el Complejo Refinador de Paraguaná (CRP y en las refinerías El Palito y Puerto La Cruz.

El problema está en que la comisión “Ali Rodríguez Araque” presidida por Tarek Al Aissami (quien tiene tantas comisiones que no le alcanza el tiempo) no ha vuelto a informar del asunto, sobre todo desde el momento en que anunció los nuevos precios de la gasolina y también el milagro del regreso a la normalidad para los venezolanos, para poder equipar nuestros vehículos “full y sin colas”.

Todo pareció quedar en el mundo de la fantasía. Hoy el viacrucis se acentúa en el interior del país donde las colas son interminables, porque el mayor porcentaje de combustible (cosa que pareciera lógico) se distribuye en el centro de Venezuela, donde está el mayor volumen de vehículos que circula en el país junto a ciudades como Valencia, Maracay y La Guaira.

Mientras tanto otro panorama se dibuja en los estados del occidente como Táchira, Mérida, Trujillo, Lara, Falcón, Yaracuy, Portuguesa, Cojedes y Guárico, donde las colas son interminables y se desesperan  los usuarios.

Ni hablar de los estados orientales y de Guayana como Amazonas, Delta Amacuro, Bolívar, Anzoátegui y Monagas donde el matraqueo, el bachaquerísmo, la dolarización y los pimpineros, al más descarado estilo colombiano, han aparecido y son una grosería (cobran 40 dólares por el bidón de 20 litros).

El panorama tiende a complicarse por la manera particular en que cada estado  aplica las políticas, según cada gobernador o gobernadora quienes decretan a capricho o a su criterio, la distribución de la gasolina.

El ministro Tarek Al Aissami – por instrucciones del Presidente Maduro – instrumentó un cronograma por semana para surtir la gasolina por el número del terminal de la placa de los vehículos pero cada gobernador hoy le lleva la contraria; han creado su propio esquema y los días son de manera diferente y eso confunde a los usuarios.

Esta situación se observa – por ejemplo – en el estado Monagas donde los días del terminal de la placa son diferentes a los días que marca el esquema nacional y para colmo de males – como una ruleta rusa – es a última hora de la tarde, luego del parto de los montes, cuándo se anuncia por Twiter la bomba de turno.

Estos mensajes de la gobernadora Yelise Santaella tampoco se cumplen, porque los dueños de las estaciones de servicio, en algunos casos, se burlan de la primera mandataria y sólo abren las bombas a la hora que les da la gana, si es que las abren.

El citado calvario ocurre después de mantener a centenares de usuarios en largas colas, durante toda una noche o hasta por varios días, para poder abastecer a sus vehículos.

El final de la jornada se ha convertido en una “ruleta rusa” luego de un tortuoso trasnocho y de horas sin comer (aunque muchas de las personas llevan su vianda y una botellita de agua) todos esperan ansiosos llegar hasta el surtidor, donde al final se encuentran siempre con otra desagradable sorpresa.

Se trata de que al final de la cola en la propia estación de servicio (es muy común), después del viacrucis, aparece una nueva cola. Es la cola de quienes llegan como “el barbarazo” con sus tremendas camionetas y con sus choferes de tradicionales lentes oscuros, armados, bien emperifollados y queriendo ser los primeros todos ellos.

Son los recomendados,  enchufados, apadrinados, chapeadores o de quienes supuestamente han pagado su propina (en dólares) a los abnegados vigilantes “verde oliva” o “rojos rojitos”, a quienes llaman antes por teléfono y los reciben muy atentos – ante la mirada atónita de los trasnochados – quienes los ven abrir paso velozmente para surtir a los oportunistas.

Ante esta realidad nos llenamos de impotencia y afrontamos todos los días, lo que se ha convertido en un calvario permanente para surtir la gasolina en Venezuela. En nuestro país se ha instalado lamentablemente, una cultura mafiosa que viene desde Colombia.

En la frontera todos sabemos que la gasolina se va para el vecino país; pero por los lados del Oriente y especialmente en Monagas, dicen algunos vecinos, en las colas, que la gasolina – presuntamente – podría salir en lanchas rápidas por los caños del Delta del Orinoco hacia algunas islas del Caribe…¡Mosca pues!

¡Amanecerá y veremos!

 

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