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Alana Moceri: La caída de quien ideó el muro con México

 

“Reconozco a un depredador cuando lo veo”, aseguraba Kamala Harris en la convención demócrata. La referencia apenas velada a Trump adquirió aún mayor relevancia a raíz de la detención de Steve Bannon el jueves. Ya saben, Bannon, el arquitecto de la campaña de Trump en 2016, en particular del tema central de construir un muro entre Estados Unidos y México. O quizá recuerden sus proezas más recientes aquí, en Europa, como asesor en las campañas de los populistas de derechas, e incluso intentando crear un “supergrupo” populista a escala europea. Pues sí, este tipo ha sido detenido por fraude a los donantes a una fundación que prometió construir, adivinen, el muro.

Con esto, el número de asesores de Trump que han sido acusados de un delito penal por uno u otro motivo se eleva a siete, lo que da testimonio de la pasmosa corrupción del presidente y sus compinches. La detención se produjo el mismo día en que Joe Biden aceptaba la nominación demócrata, y tan solo cuatro antes de que el Partido Republicano arrancara su propia convención. Y, lo más importante, pone en evidencia con toda crudeza que la gran idea de Bannon de construir un muro de un extremo al otro de la frontera sur de Estados Unidos no fue más que una estafa.

Descarado y cínico, con su cara colorada y sin afeitar, Bannon adquirió proyección internacional como director ejecutivo de la campaña de Trump, y más adelante como jefe de estrategia durante los siete primeros meses de su presidencia. El autodenominado propagandista dirigió el sitio de noticias y opiniones de extrema derecha Breitbart antes y después de su época con Trump, y en cierta ocasión describió a Donald Trump hijo como “un tipo que cree que todo lo que aparece en Breitbart es verdad”, lo cual dice mucho de él.

Aún más reveladoras fueron sus declaraciones a The Hollywood Reporter justo después de que Trump fuese elegido: “La oscuridad es buena. Dick Cheney, Darth Vader, Satanás: eso es poder. Nos ayuda cuando ellos (los liberales) se confunden. Cuando no ven quiénes somos y lo que hacemos”. Bannon fue la fuente principal de Michael Wolff en su polémico libro de 2018 Fuego y furia aportando despectivos comentarios sobre Trump, el cual le devolvió el favor tuiteando “Él (Wolff) utilizó a Bannon el Chapucero, que lloró cuando fue despedido y suplicó por su empleo. Ahora casi todos han abandonado a Steve el Chapucero como a un perro. ¡Qué lástima!”.

En el circo del ego, la realidad supera a la ficción, pero lo importante aquí es que el muro era poco más que propaganda destinada a exaltar a los partidarios de Trump. Nadie debería haber mordido el anzuelo, ya que era fácil predecir que un proyecto de esa magnitud se enfrentaría a una batalla casi insuperable por la financiación, aparte de la idea ridícula de que México aportaría fondos. Entre EE UU y México hay 3.144 kilómetros de frontera y Trump prometió tener acabados 804 kilómetros antes de finales de 2020. Según la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza, hasta este mes se han completado unos 442.

Entra en escena Brian Kolfage, un excombatiente de las Fuerzas Aéreas, triple amputado y condecorado. En diciembre de 2018, cuando el muro estaba todavía menos avanzado, Kolfage creó la página We Build the Wall [Nosotros construimos el muro] en el sitio web de microfinanciación GoFundMe. El éxito de la campaña superó sus sueños más descabellados: la primera semana recaudó 17 millones de dólares, que al final ascendieron a 25. Bannon se asoció al excombatiente de guerra, que hacía las veces de convincente portavoz, mientras que su socio aportaba la necesaria conexión con Trump (al parecer, Bannon y Trump han vuelto a hablarse). Con el tiempo incorporaron a Andrew Badaloto, un inversor de capital riesgo, y a Timothy Shea. A pesar de las promesas a los donantes de que el 100% del dinero se emplearía en levantar el muro, solo se construyeron unos ocho kilómetros. Según la acusación, Bannon desvió un millón de dólares a una organización sin ánimo de lucro, y desde allí envió parte del dinero a Kolfage a través de una empresa fantasma creada por Shea. Kolfage lo gastó en “renovaciones del hogar, pagos a cuenta de un barco, un lujoso todoterreno, un carrito de golf, joyas, cirugía estética, pagos de impuestos personales y deudas de tarjeta de crédito”.

Por supuesto, Bannon ha negado cualquier delito y ha declarado que la recaudación de fondos “se llevó a cabo para mostrar apoyo a Trump”. Éste negó tener conocimiento de la campaña, contradiciéndose a sí mismo, como es característico en él: “El proyecto no me gustaba. Pensaba que se llevaba a cabo para llamar la atención”. Kris Kobach, aliado de Trump, también confirmó que el presidente conocía el proyecto. Declaró que habían hablado de él en tres ocasiones, que Trump estaba entusiasmado, y que le dijo “muy bien, diles a los chicos de We Build The Wall que cuentan con mi visto bueno”. Siempre la misma canción: vende a la gente un saco emocional de bienes, coge sus votos o su dinero y luego utilízalo en beneficio propio. Es la estafa que impregna el universo Trump y que tanto les cuesta ver a sus admiradores. Esperemos que suficientes estadounidenses lo hayan entendido cuando llegue noviembre.

Aanalista de relaciones internacionales y profesora de la Universidad Europea y IE School of Global and Public Affairs.

 

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