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César Malavé: Unidad nacional

 

La unidad nacional es la base de la solidez y credibilidad de quienes proponemos un cambio significativo en el país. Frente a la hecatombe del país obra del régimen dictatorial que desde hace casi 22 años ha usufructuado el poder, las fuerzas que lo resisten están obligadas a unirse. Las diferencias ideológicas o los proyectos personales del liderazgo deben subordinarse a la tarea prioritaria de rescatar la democracia, sin la cual no hay competencia para buscar después, en elecciones libres y justas, el favor popular. Lo primero es lo primero. Desde Acción Democrática tenemos mucho tiempo insistiendo en que para lograr la unidad debemos deponer lo individual a lo colectivo. Eso de algunos “predestinados” que hacen cálculos personales e imaginan que el gobierno está caído y, en consecuencia, de lo que se trata es de dilucidar quién va a ser el próximo presidente es, por decir lo menos, una fantasía fútil, pero perversa. Esa estupidez no luce como desacierto, sino como trama psiquiátrica de urgente tratamiento, camisa de fuerza añadida. Cuando Venezuela era subyugada por la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, tan cruel como la de Maduro, los partidos políticos democráticos venezolanos, incluyendo al Partido Comunista de entonces, se empinaron por encima de sus interés particulares y unieron sus equipos y acciones en un objetivo común: La libertad. Las fuerzas democráticas venezolanas ha tenido, y siguen teniendo a pesar de sus obvias diferencias, algunos triunfos y grandes méritos.

Unidos hemos logrado derrotar a un gobierno de tendencia totalitaria y fascista en varias oportunidades, la más importante de todas cuando conseguimos controlar, gracias a su unidad, a la Asamblea Nacional. Por cierto, es menester sentenciar que nuestro Parlamento sigue jugando papel fundamental al ser la institución donde se guarece la única resistencia legal al régimen, lo que nos ha dado la imagen institucional que permite el reconocimiento de los organismos multilaterales del mundo civilizado. Si, sobre la base del llamado de nuestro presidente encargado, Juan Guaidó,  nos ponemos de acuerdo, desde dentro y fuera del país, sobre el proyecto de gobernabilidad de los próximos 25 años, es irrelevante, entonces, el nombre del próximo mandatario nacional en tiempos de libertad, habida cuenta de que estaría garantizado sea un demócrata a carta cabal, comprometido con los más altos intereses patrios. Por supuesto, siempre y cuando salgamos, antes que nada, de esta  pesadilla, que ha sumergido al pueblo venezolano en la más oscura de las noches. Para despertar de ella, todos debemos superponer en la lucha social permanente, al lado de la protesta, con el proyecto de una nueva Venezuela aprobado con antelación, que revele a todos los venezolanos la inviabilidad de un gobierno distinto al que proponemos. La unidad nacional no debe posponerse. Si llegare a producirse, de inmediato se verá que las veces que se convoque al pueblo a tomar las calles, lo hará. Desparecerá la apatía y volverá la fe de que la dictadura desgrana el rosario de sus días. Reiteramos, que a  la unidad de la oposición interna amplia y diversa, se atará con más fuerzas la comunidad internacional, consciente como está de que en los últimos cuatro lustros a Venezuela se le ha hecho el mayor daño de su historia contemporánea. Entonces, caminemos hacia la unidad superior.

@cesarmalave53

 

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