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Transportistas de Maracaibo venden los carros por partes para sobrevivir

 

La Central Única de Transporte Terrestre del Estado Zulia suma 17 choferes fallecidos por desnutrición y falta de tratamiento médico. Desde hace cinco meses el sector transporte espera poder reintegrarse a sus labores en el esquema de flexibilización que, aunque ya se activó en el Zulia, no los incluye. La situación es crítica porque de las 5000 unidades que hay en Maracaibo, aproximadamente se han vendido 1000 completas y 500 se han desarmado para venderlas por piezas.

Maracaibo. Yusmery Morán, de 40 años de edad, ha estado la mitad de su vida detrás del volante. Es transportista de Maracaibo. Con orgullo dice: “Mi madre y mi padre manejaron por más de 40 años en la ruta Los Haticos; igual mis hermanos. Nosotros no sabemos hacer otra cosa que servir a la comunidad a través del transporte público”.

“Me tocó deshuesar mi carrito, vendí los cauchos, la batería y el alternador. Tenía que hacerlo, porque no tenemos dónde trabajar. Mi esposo también es chofer. Estamos atados de manos y mis hijos piden comida, así que no miré pa’trás. Lo hice con el dolor de mi alma porque ese carro es el que da el sustento, pero con eso compré comida”, cuenta Yusmery Morán.

Los sindicatos que agrupan el sector transporte de Maracaibo calculan que 5000 unidades, en sus diferentes modalidades, están varadas debido a las restricciones de la cuarentena. Más de 10.000 choferes siguen desempleados, por lo que han tenido que desguazar sus vehículos y vender las piezas para comprar comida y medicinas, o dedicarse a otras actividades, como el comercio informal.

Yusmery  y su esposo se compartían el trabajo. Él en el carro, mientras ella era colectora en una buseta que viajaba a Maicao desde el terminal de pasajeros de Maracaibo. “Eso también se acabó”, dijo.

Ahora vende condimentos de abasto en abasto, a pie. Sale de su casa a las 6:00 de la mañana y regresa a las 3:00 de la tarde. Por la venta de cada paquete se gana 30.000 bolívares, a la semana logra reunir entre 1.500.000 y 2.000.000 de bolívares. Con eso compra harina, arroz, huevo y mortadela para comer dos veces al día durante la semana.

“En el transporte público me podía ganar 5.000.000 de bolívares a la semana y nunca me faltaba la comida. Yo me pongo a pensar, a conversar con Dios, y siento una impotencia horrible. Todos los días le pido que me dé fuerza por mis hijos, que me parten el alma. La comida es medida y a veces me dicen: ‘Mami, quedé con hambre’ y con dolor les respondo: ‘No hay más, mijo”, lamentó la mujer.

Las nueve personas que forman el grupo familiar de Yusmery han bajado de peso: “Solamente yo he perdido 12 kilos. Soy hipertensa y cardiópata, me han vuelto las arritmias porque no me estoy tomando la medicina y camino mucho, pero lo que me preocupa es mi bebé. Nuestra salud se está deteriorando, aquí no nos va a matar el COVID, nos va a matar es el hambre porque ya esto no se aguanta”.

Transportistas sin flexibilización

El gobierno de Nicolás Maduro anunció la incorporación del estado Zulia al esquema de flexibilización 7×7 durante la semana del 10 de agosto, con la activación de 10 sectores de la economía que incluyen al transporte público.

Este anuncio, según Erasmo Alían, presidente de la Central Única de Transporte Terrestre del Estado Zulia, fue “una luz en el camino”. “Nos alegramos porque ya íbamos a poder salir a trabajar y estábamos preparados”, aseguró.

En rueda de prensa, Omar Prieto, gobernador del Zulia, dijo: “Solo funcionará como transporte público el sistema de TransZulia y Metro de Maracaibo con buses Yutong y 30 autobuses azules de la Alcaldía de Maracaibo”. Para Alían esto fue “devastador”.

“No puede ser que, con tantos años que tenemos dedicados a prestar este servicio, no nos tomen en cuenta. Queremos reunirnos con el gobernador para plantearle soluciones y darle recomendaciones, porque nosotros también somos padres de familia y necesitamos trabajar”, señaló.

El representante del gremio alertó sobre los sacrificios que han tenido que hacer durante cinco meses para sustentar a su familia: “La situación de los compañeros es triste y desesperante, da lástima que estén con los carros arrumados, desvalijados, sin posibilidad de arreglarlos. Ahora hay muchos que después de ser propietarios, serán avances y colectores porque se quedaron sin nada”.

50 % de los transportistas en Maracaibo superan los 50 años de edad, la mayoría están enfermos de diabetes, hipertensión y problemas cardíacos. La falta de dinero para cumplir sus tratamientos ha provocado 17 muertes desde marzo.

“Hasta ahora contabilizamos 17 compañeros fallecidos porque no tenían para la medicina de la  diabetes y la tensión, pero también se están muriendo de depresión y estrés, no solo por enfermedades”, dijo Alían.

Rubén Esis, presidente de la Central Sindical Noroeste de Transporte del Estado Zulia, fue tajante: “En la ruta de El Marite se han muerto cinco compañeros y de Los Lirios, tres choferes más. La situación es crítica, porque de las 5000 unidades que hay en Maracaibo, aproximadamente, se han vendido 1000 unidades completas y 500 se han deshuesado para vender por pieza. Solo quedan esqueletos en los patios de las casas, estamos haciendo hasta lo imposible para no morirnos de hambre”.

Transporte sin retorno

Anderson Villalobos tiene 14 años como chofer de un microbús que cubre la ruta La Limpia-La Victoria. Con la voz quebrada reconoció que hoy solo queda un esqueleto sostenido por cuatro piedras. Ahora vende pan y huevos detallados en su casa para acallar el hambre de sus hijos.

“Te voy a decir la triste y dura realidad. Vendí los cauchos, la batería el alternador y el arranque, porque los niños lloraban de hambre, porque uno aguanta, pero ellos no. Con lo que me quedó compré pan y huevos para vender, pero con esto no me alcanza. Si esto sigue así seguiré vendiendo las piezas. Cada vez que veo el bus así me dan ganas de llorar”, dijo.

Antes de la pandemia su ganancia diaria era de 4.000.000 bolívares, ahora se gana 400.000 bolívares: “Con eso compro una harina y lo que quede en queso”. Confesó que él y su esposa comen una vez al día y sus dos hijos, de 10 y 5 años, dos veces. “Me da de todo ver a mis hijos así, lloro de la impotencia. Cuando me dicen: ‘Papi, tengo hambre’, me desespero”, expresó.

Anderson no solo vendió piezas de su autobús, también su aire acondicionado, herramientas y un gato hidráulico: “No he vendido el televisor porque pienso en mis hijos y sus comiquitas”.

Criticó la medida del gobernador del estado, que, a su juicio, les niega el derecho al trabajo. “Si el gobierno nacional dijo: ‘Actívese el transporte público’, ¿por qué el gobernador mandó a guardar los buses? Uno también tiene derecho a trabajar, también somos padres de familia. Esto es una dictadura”, sentenció  Anderson.

Rubén Esis confirmó que el comercio informal es la salida inmediata de sus colegas para sobrevivir: “En La Curva de Molina hay mucho transportista que ahora es buhonero. Caminan vendiendo jabón, plátanos, frutas, desodorantes y cuanta cosa puedan”. También hay quienes piden lo que entre ellos llaman “una muelita”, una colaboración de otros compañeros que hacen uno que otro viaje y colaboran con los más necesitados con 200.000 o 300.000 bolívares.

Sin frontera y sin combustible

El Sindicato de Transporte de la Troncal del Caribe agrupa 1500 transportistas, de los cuales 20 % ha vendido sus vehículos y 30 % los ha desvalijado para cubrir necesidades básicas, dijo Juan Restrepo, presidente del sindicato, en exclusiva para Crónica.Uno.

Un chofer de esa ruta murió por no tener cómo cumplir su tratamiento de hipertensión. Restrepo alertó: “Los demás están bastante críticos con la desnutrición. A muchos ya ni los conozco de lo que han bajado de peso; por eso nuestra exigencia con el gobernador, porque el sector transporte está agonizando”.

Esis, presidente de la Central Sindical Noroeste, dijo que el gremio del transporte en Maracaibo se enfrenta a un esquema de flexibilización sin gasolina: “No tenemos suficiente combustible en la ciudad, pero sí tenemos gasoil y gas que es una alternativa. Entonces podríamos diseñar una estrategia, no para que salgan a trabajar todas las rutas que tenemos establecidas en Maracaibo, que podrían llegar a 100, sino que podríamos insertar unidades de manera rotativa en las rutas que estableció el gobernador para que se mantengan durante la semana”.

Aseguró que están capacitados para prestar un servicio confiable y seguro, apegado a las normas preventivas de salud en relación con la COVID-19: “Si nos activan a nosotros en vez de esa pequeña cantidad que tiene activa el gobernador, habrá menos aglomeración de gente. Además, esas unidades solo llegan a puntos estratégicos de la ciudad, pero no penetran a las zonas marginales, por eso la gente está caminando tanto”.

Crónica Uno

 

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