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Alberto Benegas Lynch: Las horribles consecuencias de la siesta fatal

 

Los que se despreocupan de la suerte de la libertad porque concretamente no hacen nada para mantenerla son los responsables directos de lo que muchas veces ellos mismos critican. En una de las célebres fábulas de Jean de La Fontaine titulada ‘El lobo y el perro’ se relata una conversación entre un lobo en un bosque y un perro que lo encontró a su paso. El can lo invitó al lobo a que lo acompañara a la casa de su amo para recibir alimentos y no andar vagabundeando por la selva, un convite que el lobo no aceptó pues dijo que prefería seguir luchando por la comida a ser esclavo. El autor termina su cuento con la moraleja que dice “no vendas tu libertad a ningún precio”.

Una forma de vender la libertad -rematarla diría- es no hacer nada para defenderla puesto que no es algo que venga del aire automáticamente con el ser humano. Por el contrario es una condición que surge primero de su comprensión y luego de la indispensable difusión de sus preceptos. El respeto recíproco es otra forma de referirse a la libertad que es algo que requieren todas las personas para contar con una vida propiamente humana. Entonces todos, no importa a que se dediquen, todos decimos están interesados en que se los respete a los efectos de poder caminar hacia sus propósitos sin ser molestados. Este es el sentido por el que los Padres Fundadores en Estados Unidos reiteraban que “el precio de la libertad es su eterna vigilancia”.

Si todas las personas de buena fe que se dicen partidarias de la sociedad libre se ocuparan y preocuparan de contribuir a sostener la libertad, si cada una le dedicara un espacio de su tiempo a esta faena vital la situación en el mundo de hoy sería sustancialmente distinta. Como queda dicho, lo primero es entender el significado y los fundamentos de la libertad y el consiguiente respeto recíproco. Son los cimientos éticos, filosóficos, económicos y jurídicos de esta postura radical frente al autoritarismo siempre esclavizante.

No hay pretextos para evadir esta obligación moral. Lo fácil y cómodo es decir que son otros los que deben ocuparse pues están debidamente preparados para la tarea, mientras que los cómodos alegan desconocimiento e incapacidad para tales fines con lo que cubren sus verdaderos designios que son el dedicarse a sus personales menesteres que pueden ser muy legítimos pero dejan de existir si no se defiende el imprescindible ámbito en el que se desenvuelven.

Es necesario un alarido como advertencia para que cada uno dedique parte de su tiempo al establecimiento de diques de contención frente a los amenazantes avances de un Leviatán que todo lo engulle a su paso. Hay que ser muy irresponsable para limitarse a la sandez de votar cada tanto en elecciones, por otra parte generalmente amañadas en un u otro sentido. Hay que ser muy inconsciente para solo criticar en reuniones sociales y luego de pasado el ágape dedicarse a los arbitrajes personales que como decimos pueden ser muy loables pero con esta actitud indefectiblemente se derrumban esos mismos negocios.

Es en verdad tragicómico observar la pasividad de tantos cuando la situación es buena debido a los esfuerzos de otros para apuntalar el sistema lo cual preanuncia el declive a medida que transcurre el tiempo y cuando la situación se desmorona los tilingos de siempre alegan falta de preparación debido a que no han tenido la inteligencia de quemarse las pestañas en tiempos de las vacas gordas.

Naturalmente todos quieren dedicarse a sus trabajos, a sus familias y a disfrutar de la vida pero eso no resulta posible si no se realizan esfuerzos para apuntalar el sistema que permite aquellos objetivos nobles pero de ningún modo suficientes para vivir con la dignidad que permite la libertad.

Marie-Jeanne Roland antes de ser guillotinada por la barbarie de la contrarrevolución francesa exclamó “¡Oh libertad, cuántos crímenes se cometen en tu nombre!”. Exactamente, todavía hoy se ejecuta la libertad en nombre de la libertad. Desafortunadamente no se ha comprendido aun que la libertad es ausencia de coacción humana que es otro modo de aludir al antedicho respeto recíproco. No caben extrapolaciones inconducentes del terreno de la física o la biología que nada tienen que ver con el ámbito de las relaciones sociales que es lo relevante para definir el concepto de marras. No deja de ser libre aquél que no puede bajarse de un avión en pleno vuelo o aquél que dice que no es libre de ingerir arsénico sin sufrir las consecuencias. Incluso se ha machacado que el pobre no es libre pues cuenta con pocas opciones lo cual también tergiversa la noción de libertad. La pobreza es una desgracia y también lo es la constipación crónica pero nada tienen que ver con la libertad. No debe confundirse la oportunidad con la libertad. Nuestros ancestros eran pobres (recordemos que todos provenimos de las cuevas) pero no quiere decir que eran esclavos. Reiteramos la libertad es la ausencia de coacción por parte de otros hombres, podemos estar en un desierto muriéndonos de sed pero si no estamos coaccionados por otros somos libres. La libertad no garantiza estar exentos de enfermedades y dolores varios, solo asegura que dadas las circunstancias imperantes se contará con el ámbito más adecuado para actualizar y desarrollar las energías creativas al efecto de ofrecer las mejores y mayores oportunidades posibles.

Uno de los obstáculos más graves a la libertad es la manía del igualitarismo por lo que se recurre a la guillotina horizontal al efecto de limar diferencias sin percatarse que las desigualdades constituyen una formidable bendición que permite la cooperación social y la división del trabajo. Si todos fuéramos iguales y nuestra vocación unánime fuera ser plomeros, no habría panaderos y así sucesivamente. La misma conversación sería de un tedio colosal puesto que sería lo mismo que hablar con el espejo. El asunto es que la libertad permite que los que mejor sirven los intereses de su prójimo obtienen ganancias y los que no dan en la tecla incurren en quebrantos, una atmósfera de competencia abierta que es destruida cuando irrumpen los empresarios prebendarios que se alían con el poder para explotar a sus semejantes vía mercados cautivos y otros privilegios.

Entonces, los que duermen la siesta de la vida en cuanto a que se despreocupan de la suerte de la libertad porque concretamente no hacen nada para mantenerla son los responsables directos de lo que muchas veces ellos mismos -los cómplices del derrumbe- critican airadamente en círculos cerrados como si no fueran corresponsables del declive. Lo que apuntamos en esta nota no es un problema de determinado país, es un asunto que incumbe a todos en todas las latitudes geográficas, es el tema de la libertad, es el tema de la condición humana.

Y cuando se interviene para fortalecer los cimientos del edificio de la libertad, por una parte, es menester que los respectivos ejercicios didácticos no se circunscriban en la coyuntura y presenten batalla en ideas de fondo para abrir horizontes y correr el eje del debate, de lo contrario nos estancamos en lo cotidiano y no permitimos avanzar. En ese sentido anuncio que mi nuevo libro de próxima aparición se titula Maldita coyuntura. No es que haya que abandonar la coyuntura puesto que la información de lo que sucede es necesaria, pero eso no justifica empantanarse en ella como perros histéricos en círculos intentando morderse el rabo. Por otra parte, es urgente asimilar la idea de la prelación de la teoría a la práctica ya que todo lo que vemos a nuestro derredor es fruto de lo primero, sean computadoras, medicamentos, transportes, alimentación o lo que fuere. “Nada hay más práctico que una buena teoría” reza el célebre aforismo puesto que los prácticos inevitablemente se montan en la teoría que dan por descontada, de lo contrario se anda a los tumbos por la vida. Juan Bautista Alberdi si preguntaba que se requiere para mejorar y se respondía: “Un buen sistema de opinión: porque siendo la acción la traducción de las ideas, los hechos van bien cuando las ideas caminan bien”

Los canales más fértiles para el estudio y la difusión de las ideas del respeto recíproco son la cátedra, el libro, el ensayo y el artículo pero no son en modo alguno las únicas vías para lograr el objetivo de la comprensión de los pilares de la libertad. Uno de tantos ejemplos son las reuniones de muy pocas personas para debatir un libro donde por turno uno expone y los otros discuten. Esto produce un efecto multiplicador notable en lugares de trabajo, familias y reuniones sociales. El asunto es no estar con los brazos caídos.

Hay quienes se sienten cumplidores frente a la vida por el hecho de andar correteando de un lado para otro con agendas que rebalsan de anotaciones, pero en verdad duermen la siesta de la vida pues aparentemente no se dan cuenta de que si no ponen algo de sí para que se los respete terminarán con que la mismísima agenda le será metida en el lugar menos sospechado del cuerpo.

Hay también los cerebros liliputenses que piensan que todo se solucionará si se encajan en la arena política sin percibir que el discurso del plano político inexorablemente depende de la batalla cultural que es lo que marca el rumbo de la opinión pública, que a su turno reclama y acepta tal o cual medida según su comprensión o incomprensión de las correspondientes ideas.

Hoy nos encontramos con que el veneno nacionalista y la consecuente xenofobia invade Europa, con que en el otrora baluarte del mundo libre, Estados Unidos, de un tiempo a esta parte se desliza hacia un estatismo colosal a contracorriente de los valores de los antes mencionados padres fundadores a través de la presente gestión republicana de aumentos exponenciales en el gasto público, el déficit y el endeudamiento que amenazan con acentuarse si los demócratas ganan la próxima contienda electoral a lo que prometen enancar otros manotazos del Leviatán. Observamos atónitos la perseverancia de adefesios como Corea del Norte, Cuba y Venezuela, mientras otras regiones se desangran en las luchas intestinas como el antes ejemplo de los fenicios del comercio libre que mutó en Líbano que hoy sucumbe en las llamaradas del estatismo y el consecuente fantasma tenebroso de la corrupción. Tenemos un Papa peronista, feminismos que humillan la condición de la mujer y ambientalismos que con el pretexto de cuidar la propiedad del planeta destrozan la propiedad privada con lo que terminan en un asalto al orbe. Todo esto sin contar las barrabasadas de vincular la religión con el poder político como en Irán, los alumnos aventajados del espíritu totalitario tal como ocurre en Nicaragua, varias republiquetas africanas, Rusia dominada por una mafia y China que ha producido maravillas con solo permitir islotes de libertad pero que la inmensa mayoría vegeta en la miseria en un contexto donde el Gran Hermano no cede en sus propósitos estalinistas. Y nuestra querida tierra argentina que si no se rectifica a tiempo acentuará su empobrecedor y peligroso populismo que viene arrastrando desde hace demasiadas décadas.

Es pertinente recordar las sabias reflexiones de autores de renombre que apuntan a fortalecer las defensas. En esta línea argumental, Einstein escribía que “el mundo es un lugar peligroso, no por los malvados sino por los que no hacen nada al respecto”, es por eso que Edmund Burke concluía que “todo lo que se necesita para que las fuerzas del mal se apoderen del mundo es que haya un número suficiente de gente de bien que no haga nada”, es por eso, por último, que Martin Luther King afirmaba a lo cuatro vientos: “No me preocupan los violentos, los miserables sin escrúpulos y los que carecen de ética, me preocupa el silencio de las personas buenas”. En resumen, la muy canallesca y vergonzosa siesta fatal de los distraídos nos hunden en lo más pestilente de un fango que amenaza con ser un Gulag extendido si no se reacciona a tiempo. “A las cosas”, diría Ortega y Gasset. Ahora más que nunca, hoy y no mañana. Tengamos presente a La Fontaine en el relato con que abrimos esta nota periodística.

@ABENEGASLYNCH_h

 

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