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Earle Herrera: Prendió la vacuna rusa

 

La marca le quedará a Donald Trump en el pellejo hasta el fin de su peligroso show vital. No sé si la expresión “me prendió la vacuna” se sigue usando, pero quedó tatuada en la carne de generaciones. Esto me vino a la mente al oír la noticia del hallazgo ruso, en medio de la desoladora pandemia de covid-19 y la carrera mercantil de las grandes farmacéuticas del globo. Era lo que le faltaba a Trump en su rodada, una vacuna rusa, además del susto de un tiroteo lejos de la Casa Blanca y el anuncio de Alicia Machado de volver a su regazo.

Occidente intenta minimizar la noticia más importante de este extraño 2020 (y cuidado si del siglo XXI). Al escucharla, recordé a Yuri Gagarin, primer humano que viajó al espacio exterior. Era ruso. De aquella edad, tenía yo unos 11 años, retrocedí a un tiempo más brumoso, al saber que la vacuna fue bautizada Sputnik, nombre del primer satélite artificial colocado en la órbita terráquea. Rusia no moja pero empapa.

No tu país, el mundo está feliz. Igual lo estaría si la vacuna la hubiera anunciado Estados Unidos o Inglaterra. Claro, no estaríamos hablando de esperanza sino de precio, comercialización, distribución y si las transnacionales farmacéuticas podrían venderla, sin ser sancionadas por el Departamento del Tesoro, a los pueblos bloqueados por EEUU (Irán, Siria, Cuba, Venezuela). Otra vez, el futuro alumbra desde los Urales.

El que quiera investigar si la vacuna moscovita tiene efectos secundarios, debe examinar a Donald Trump. Ya el magnate había jugado adelantado cuando gritó que rusos y chinos lo espiaban para robarle “su vacuna”. La parte del cuerpo donde la patria de Valentina Tereshkova (primera mujer en viajar al espacio, ¡también rusa!) le dio el pinchazo preventivo a Trump, a esta hora debe habérsele ulcerado. La mediática planetaria lo soba allí con algodones de fake news, mentiras y despechos informativos. Ojo, no deben untarle mercurocromo ni el irritante merthiolate.

Mientras el inyectado magnate se recupera, no es recomendable decirle que las vacunas más cerca de la rusa son una china y otra iraní. Tampoco le comenten que Moscú se inclina por la bloqueada Cuba para producir la fórmula en América Latina. Su alterado encéfalo no está preparado para tan elevadas dosis de buenas noticias.

 

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