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José Ángel Borrego: La posición del clero

 

Decíamos días atrás, que sea cual fuere la posición que se asuma con respecto a las elecciones del 6-12, no debe demonizarse a la adversa. Todo es cuestión de criterios, Cada uno por su lado dispone de argumentos razonables y nadie es dueño absoluto de la razón. Lo que esgrime la CEV es cierto. No votar (agregamos nosotros) es una opción facilista. La oposición se fundamenta en el rechazo del mundo civilizado a un proceso viciado por donde se le mire. Con el TSJ “creando” pautas que vulneran el Texto Constitucional. Con Maduro dictando órdenes abiertamente. Con Padrino López que no permitirá que la oposición triunfe electoralmente. Con los partidos confiscados por instrucciones de Miraflores. Con líderes políticos exiliados los que lograron escabullirse y presos los que fueron sorprendidos por el Sebin y el Dgcim. Con una pandemia que podría ser triple de lo que informa un gobierno que acapara los test y quien no esté testeado ni se contagia ni fallece. En síntesis, un escenario agreste en extremo que difiere, más extremoso aún, del “librito” democrático.

Nada de ello refuta que “la pelea es peleando” (y no huyendo). La oposición vive un trauma insoluble: desunión. No tiene abanderado así se presuma que Juan Guaidó ocupó esa vacante; y está huérfana de liderazgos. En pueblos y ciudades no hay voceros del G4. Ni uno solo. Aunque igual podemos asegurar del PSUV. El caso Nueva Esparta de ayer es patético. Un pueblo en la calle luchando contra la opresión sin apoyo de un líder. El desorden se generalizó de tal forma que no quedó hueso sano, mientras el “protector del estado” ladraba sandeces.

Retornando al hilo inicial, hace meses sugerimos a los partidos no fijar posición abiertamente contra las elecciones porque era y es posible derrotar al oficialismo. De haber sido previsivos los partidos no habrían sido confiscados. Maduro lo ordena para enmascarar el fraude porque sabe que sin la sopa de letras se le complica el panegírico. Pero si los partidos, aun con vicios tan ostensibles hubieran decidido hacerle frente al gobierno, la posibilidad de triunfar el 6-12 sería 100 a 1. Maduro se habría percatado y abortaría la convocatoria alegando Covid-19. Desde luego, el miedo es libre y los líderes del G4 y otros demostraron sentirlo ante un jeroglífico aun de simple traducción. La oposición aprendió con Chávez y Maduro a endosar a otros sus pecados. Esperamos (al menos) que no se diga que monseñores, obispos y cardenales son chavistas.

 

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