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Jesús Alberto Castillo: “El honor es su divisa”, 83 años después

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Confieso que tengo muchos amigos que son Guardias Nacionales. Unos se mantienen activos y otros ya han pasado a retiro. A ellos mis palabras de felicitaciones porque su institución arribó este 4 de agosto a 83 años de fundada. También, mi respeto por ser ejemplos vivientes de decoro y conducta ciudadana. Esos son los hombres que debemos exaltar en una sociedad como la nuestra que, desde hace un buen tiempo, ha dado síntomas de deterioro moral en la mayoría de sus instituciones. Pero soy de los que creen que no todo está perdido y va a depender de hombres y mujeres que, con su verbo y acción, tienen la responsabilidad de imprimir de valores axiológicos a cualquier persona. Bastan las ganas para hacerlo.

La Guardia Nacional es una institución fundada el 4 de agosto de 1937 por el entonces Presidente de la Republica Gral. Eleazar López Contreras, autor de la célebre frase “Calma y Cordura”. Ella ha sido una gran escuela de mística y disciplina de hombres uniformados por la causa republicana, la defensa de la patria, el Estado de Derecho y de Justicia y el servicio ciudadano. No es causal que su lema “El honor es su divisa” penetrara con fuerza en la psiquis colectiva del venezolano. Fuimos creciendo con ese paradigma desde los primeros años de infancia. Ver a un guardia, a finales del siglo pasado, era emblema de respeto y circunspección. Un funcionario majestuoso que imponía el orden de manera cívica. Su uniforme de gala nos trasladaba a aquella época de Don Manuel Carreño y su famoso manual, cuya lectura impregnaba de cortesía y buen trato ciudadano.

La vida del guardia nacional no era fácil. Así me contaban mis apreciados amigos de esa heroica institución. Ingresaban a la institución con la mística y compromiso de servir a la República y a sus ciudadanos. Se esmeraban en su formación y disciplina castrense y, todo el tiempo, perdían horas de sueño en una vigilia acuciosa para forjarse como centinelas de la Patria. Estudiaban con denuedo y sacrificio por varios años y, luego, ya graduados eran dispersados en varias regiones del país, algunas muy apartadas, para cumplir con su juramento de servir a las instituciones democráticas.  Muchas aventuras tuvieron que lidiar en lugares inhóspitos, sorteando frío, calor y arriesgando sus vidas para proteger nuestro territorio. Una hazaña cotidiana, apartada de sus seres queridos y forjando su disciplina y personalidad.

Hoy, sin embargo, el tiempo ha transmutado mucho de estos valores en la institución. Hablar de la Guardia Nacional no es lo mismo. Se ha producido una masificación de nuevos ingresos con una formación académica de poca duración. Los criterios de exigencia para garantizar una enseñanza de calidad y valores ciudadanos se han puesto en duda. La severa disciplina a las que se sometían los otrora guardias nacionales ha dado plazo a una flexibilidad evidente que va a repercutir en su futuro comportamiento como egresado ante la ciudadanía. Es lastimoso decirlo, pero uno lo ve en estos tiempos de escasez, como algunos uniformados de esa institución castrense se encuentran inmersos en actos de corrupción. Se supone que ellos deben ser los centinelas del decoro institucional. Por supuesto, como dice el refrán “por uno pagan todos”. Pero, no podemos esconder que la Guardia Nacional actual no es la misma institución que fundó López Contreras. Aunque hoy lleve el adjetivo de “Bolivariana” su imagen institucional ha perdido brillantez en la percepción de la gran mayoría de los ciudadanos.

Sea propicio en este nuevo aniversario de la Guardia Nacional para llamar a la reflexión a toda esa gran familia. En ella hay hombres abnegados y con principios éticos que sienten en carne propia a su alma mater. Sé que muchos de ellos están preocupados por la percepción negativa que hay hacia la casa que los formó y dieron sus mejores años de vida. No me estoy refiriendo solo a tropas profesionales activas y en retiro, sino a oficiales que aman a Venezuela y ven como se despedaza moral, política y económicamente. El renacer de la institución debe comenzar desde su propio seno. De eso estoy seguro. Así que, una vez más, mis felicitaciones a esa maravillosa familia que constituye la Guardia Nacional por estos 83 años de fundada. Dios bendiga sus pasos y sigan con la sagrada misión de defender ese bello lema “El honor es su divisa”.

 

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