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Julio Escalona: Esperanza vs. Incertidumbre

 

El imperio ha tratado de convertir la vida cotidiana en un infierno. Su objetivo: destruir valores solidarios. El centro del ataque está en la desvalorización del salario, el descrédito del bolívar, la guerra de precios, de tal manera que la población que vive con salario mínimo, inevitablemente pase hambre y gente de clase media difícilmente consuma proteínas. El presidente Maduro ha tomado las decisiones correctas y merece nuestro franco reconocimiento.

Asesores creen que el crecimiento de los precios se debe al crecimiento del dinero “inorgánico” y un incremento salarial multiplicaría la masa monetaria. Los precios crecen forzando a emitir más dinero. Con salarios congelados los precios suben constantemente.

En un excelente ensayo, María Alejandra Díaz demuestra “que la inflación en Venezuela es la expresión del conflicto de clase, entre el capital… y los trabajadores venezolanos”… Es la correlación de fuerzas: la banca y el comercio importador nos siguen dominando.

La transnacionalización provoca la desaparición del comercio. No hay en un extremo un vendedor y en el otro un comprador, pues las producciones de materias primas y productos terminados son realizadas por departamentos de una misma corporación ubicados en distintos lugares del mundo. Hay intercambios interdepartamentales dentro de una misma corporación, enemigas de las fronteras nacionales y de la soberanía de las naciones.

La unidad es el capital, el “soberano”, es decir, el monarca absoluto, por la gracia de Dios.

Con la internacionalización de nuestra producción petrolera, la meritocracia se subordinó al poder mundial. La conducción de Chávez y la acción de los trabajadores de vanguardia derrotó el paro de 2002.

Rafael Ramírez revirtió esa victoria y vivimos otro episodio de una Pdvsa dominada por la burocracia, la corrupción y la traición, o puede triunfar la patria a través de los trabajadores de vanguardia agrupados en los consejos productivos de trabajadoras y trabajadores. Manuel Páez, de los principales líderes, dice: “Este es un gran momento para cambiar la historia de la industria petrolera y evitar que en 6 meses estemos nuevamente parados en el mismo sitio. Sin cambios estructurales y sin la participación de los verdaderos trabajadores revolucionarios será imposible lograr la victoria”.

 

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