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Isabel Zerpa: ¿Qué será, qué no será, el juego qué será?…

 

Hablar del juego se nos  convierte  en una experiencia lúdica en si misma y al mismo tiempo, nos invita a una reflexión profunda que  va más allá de la diversión, de la recreación como un pasatiempo. El juego es uno de los aspectos más significativos en la vida del ser humano, tanto es así que no podemos hablar de la historia de la cultura, sin dejar de sentir la tentación de hablar sobre la historia del juego.

El juego está vinculado a toda actividad humana, a todo nuestro quehacer. En consecuencia, se ha abordado desde muchas disciplinas y especialidades. Biólogos y etnólogos afirman que el juego está estrechamente vinculado a los comportamientos de exploración y curiosidad y que constituye el motor del aprendizaje y del descubrimiento de las personas. También los antropólogos y sociólogos se han preocupado por observar cómo el juego está inmerso en todos los procesos de creación y de producción.

Estos especialistas, toman como aspectos significativos para estudiar la identidad cultural, los juegos y los juguetes de diferentes grupos y comunidades. Estudian el juego como un medio y al mismo tiempo, como un contexto para la socialización del individuo. Han dedicado suficiente tiempo a estudiar el aspecto lúdico y su presencia en los rituales de iniciación, en diferentes expresiones de la cultura de tradición oral; en las fiestas populares tradicionales, en la caza, en la pesca, en las costumbres familiares, en el lenguaje y las diferentes formas de comunicación.

¿Qué será el juego. Qué será?…

Todo lo anterior es cierto, pero aún así, estas afirmaciones de especialistas y disciplinas, no reponden a mi vivencia y a mi inquietud particular sobre la experiencia lúdica, sobre el juego como una experiencia del ser. Para tratar de reflexionar sobre esta inquietud y compartirlo con quienes me leen, he decidido en principio, a jugar  con las palabras para tratar de ver y de entender el juego como una vivencia que va más alla de lo eventual y de la expnsión y por supuesto, mucho más allá del sentido pragmático que  algunas personas le atribuyen.

En este juego de palabras me pregunto: ¿Qué será eso que anda rondando los espacios y no desaparece con el tiempo y nos permite  el asombro y la sonrisa?. ¿Qué será lo que se sumerge en el ritual de cada día, en el transcurrir del instante y flota en muchas  de las cosas que hacemos?. Qué será lo que envuelve a niños y niñas, a jóvenes y adultos por igual y por más que  quiera ocultarse, siempre nos delata?, siempre nos descubre?…

Me hago  todas estas preguntas e inmediatamente, aprecen los recuerdos de encuentros con amigas y amigos; aparecen las ocurrencias de mi papá y sus cuentos. Pienso en estas preguntas y me  responde el recuerdo de mi mamá y sus juegos  de acertijos, sus juegos  de palabras. Me responden la sonrisa de mi hermana menor y sus inventos para enfrentar los momentos  difíciles. Vienen a mi memoria mis primeros libros, mi primer juego de creyones , las patinatas en el parque de Pagüita, los jueguitos de café, la muñeca “Pavita” con su cola de caballo y sus cintas  de colores; los paseos y las conversaciones del camino; la contemplació del paisaje  y las largas horas jugando con las nubes, haciendo miles de figuras y deshaciéndolas  al final… Se me llenan la cabeza y el corazón de múltiples imágenes y en mis oídos resuenan melodías de diferentes momentos de la vida… Todo esto es el juego para mi, contemplación y placer en medio de asombros y descubrimientos.

El juego en medio de las realidades…

Por otra parte, hemos visto cómo el juego se ha convertido en un aspecto significativo para muchos especialistas; sin haber considerado todavía lo importante que ha sido el juego para el mundo de la estética, de la literatura y muy especialmente, en el entorno de la filosofía. Algunos filósofos piensan, por su parte, que la humanidad peca por exceso de pragmatismo y de seriedad, y que un retorno hacia una vida más auténtica, mas libre, mas digna de ser vivida, presupone necesariamente, la vivencia de lo lúdico.

Ahora describiré lo que denominé en alguna oportunidad “juego de realidades”; juego que de muchas maneras me ha sumergido en un mar de reflexiones y de preguntas y debo expresar también, que en este inmenso mar, de vez en cuando y de cuando en vez, me he visto envuelta en las olas de la angustia y de las posibilidades de poder profundizar verdaderamente en un tema tan amplio. Explicaré por qué: cuando me he encontrado en mi práctica profesional con el mundo del juego, he observado en ese conjunto de experiencias, cómo la infancia y la madurez se funden en un mismo significado, porque a la hora de jugar y de sonreír ante el descubrimiento y el asombro, por la alegría, o por la satisfacción; entre la niñez   y la experiencia de las personas  adultas no hay ninguna diferencia. Es en esta similitud donde reina esa vida más auténtica, más libre.

Un espacio par el encuentro con nosostros mismos.

El ser humano se encuentra a si mismo, en el mundo del juego, en la experiencia de la invención, de la fantasía; en la fiesta que organiza para si mismo y para compartir con los otros. A través del juego nos vinculamos con mundo de la realidad, de lo concreto, de lo aprehensible, pero simultáneamente somos capaces de fantasear, de recrear el mundo a través de la imaginación, de los sueños. La experiencia lúdica nos convierte en totalidad, nos hace seres completos, nos conduce a nuestra propia esencia., nos conecta con nuestra espiritualidad. Huizinga afirma que:

“…Quiérase o no, al conocer el juego, se conoce el espíritu. Porque el juego, cualquiera sea su naturaleza en modo alguno es materia… La existencia del juego, corrobora constantemente, y en el sentido más alto, el carácter supralógico de nuestra situación en el cosmos. Los animales pueden jugar y son por lo tanto, algo más que cosas mecánicas. Nosotros jugamos y sabemos que jugamos, somos por tanto, algo más que meros seres de razón…” (Huizinga 1990: 14)

En los espacios de la vida cotidiana, el juego se nos aparece como un fenómeno humano vinculado al recreo, la distensión, el ocio y la infancia y como tal, opuesto al pensamiento de carácter reflexivo, maduro, racional y consciente. Sin embargo, tal como nos plantea Eugen Fink, cuando lo obvio adquiere el carácter de problemático, es cuando emerge la filosofía en plenitud, cosa que acontece, en forma de conmoción y asombro, cuando en el análisis del juego, se constata la soberanía de la actividad lúdica en la emergencia de la cultura, como aquello que conecta con la otredad, lo separado-inseparable y lo que realiza la irrealidad.  Es decir, todo esto nos habla de nuestra esencia y nuestra  trascendencia. Todo esto nos conecta  con lo que es realmente relevante y significativo, mucho más allá del sentido pragmático de las  cosas.

Referencias Bibliográficas

Duvignaud, J (1978) El Juego del Juego. México, Fondo de Cultura Económica.

Fink, Eugen (1966) Oasis de la Felicidad. C.E.F. México, Universidad Nacional, Autónoma de México.

Huizinga, Johan (1990). Homo Ludens, Madrid, Edit. Alianza.

 

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