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Enrique Meléndez: ¿Culpables las sanciones de nuestra miseria?

 

La solicitud a los EEUU del levantamiento de las sanciones, por parte de la llamada oposición dialogante, no constituye sino una forma de propaganda subliminal; que consiste en apoyar la tesis del gobierno, de que la situación precaria por la que atravesamos los venezolanos es culpa de un tercero; en este caso, del imperialismo norteamericano, que nos quiere quitar nuestro petróleo, además de nuestra independencia, y no a la escogencia de un modelo económico obsoleto, y que no tiene ninguna vialidad, como se ha encargado de demostrarlo la historia.

Si no, entonces, cómo explicarnos que aquel propósito marxista del internacionalismo proletario se haya quedado a medio camino; pues aquella idea de Marx del igualitarismo social, que le venía por su vieja condición judaica, como dicen algunos historiadores; tomando en cuenta que apelaba a lo que se conoció como la aldea primigenia, planteada en el famoso libro Deuteronomio de La Biblia; cuya sociedad se basaba en la planificación, de modo que allí todo el mundo era igual, en el sentido de que la propiedad estaba repartida en partes equitativas, y para lo cual cada cierto tiempo se llevaba a cabo un inventario de los bienes de la comunidad, al final del cual se nivelaba la posesión de los mismos, mediante una redistribución de acuerdo a esa equidad que debía regir entre los individuos; esa idea, repito, no dejaba de ser una utopía más, para la época en que la formula, que era en pleno siglo XIX, precisamente, en el momento en que todavía no se había instaurado en su totalidad la llamada sociedad de clases, que ha de imponerse con el modo de producción capitalista, por encima de la sociedad de castas, que había regido el mundo de la edad media, y de donde le viene esa rotundez, que estampa en el Manifiesto Comunista, cuando declara que la historia de la humanidad no es sino la lucha de clases sociales; sólo que una utopía que él le dará un contenido político, colocándole el predicado de socialismo científico, a propósito, de lo que se conocía en aquel momento como socialismo utópico, y que se había comenzado a plantear en la filosofía a raíz de la revolución de la ilustración, y que tiene su origen en los grandes descubrimientos de la física, que llevan a cabo Galileo, Newton, Bacon en torno lo que será la estática y la dinámica de los cuerpos; cuando la ciencia de la física, como dice el viejo Ortega y Gasset, se erige en el prototipo de la verdad, y entonces se plantea eso que se conocerá como la sociedad del constructo: la sociedad que se propone igualar en perfección a la naturaleza, a la cabeza de un hombre como Juan Jacobo Rousseau, y quien será el primero en impugnar ese modo de producción basado en la propiedad privada.

He allí la génesis de las ideas pertenecientes a ese socialismo utópico; siendo uno de sus máximos representantes un señor de nombre Tomás Moro, que escribe justo un libro con el nombre de Utopía, seguido por otros, que también proyectarán modelos de sociedades en sus respectivas teorías, un poco absurdos algunos de ellos, y que será uno de los motivos, por los cuales el viejo Marx apelará al calificativo de científico, para el modelo de socialismo suyo; luego de haber llevado a cabo lo que conocerá como la Critica a la Economía Política, que había nacido con el liberalismo de Adam Smith y de David Ricardo; nombre que llevará su famosa obra titulada también El Capital.

De lo que se trata, dirá Marx, es orientar la propiedad de los medios de producción de la burguesía al proletariado; concibiéndose así una justicia humanitaria, a propósito de su idea de la lucha de clases sociales, y para lo cual desarrolla una teoría, que los tiempos se han ocupado de desmentir, sobre todo, en alguno de sus postulados. Aquí habría que reconocer que los dos filósofos con mayor número de seguidores serán Rousseau y Marx; pero, sobre todo, Marx en un tiempo en que comenzará a expandirse la militancia partidista, derivada del sistema político basado en la Revolución Francesa, y que es lo que da lugar al famoso Manifiesto Comunista, que vendría a ser el fundamento de la Liga de los Comunistas; siendo él uno de sus máximos exponentes, al igual que Federico Engels.

Incluso, Marx admitía que su modelo económico no estaba ideado, sino para aquellos países capitalistas de avanzado progreso industrial; no obstante, viene a ser aplicado en la Rusia de los zares; es decir, en un país en el que todavía prevalece un modo de producción medioeval; donde hay un Vladimir Ilich Lenin, que revisa dicha teoría, y entonces proclama que, por el contrario, el socialismo científico está llamado a ser aplicado en aquellos países, que todavía no han alcanzado tal grado de desarrollo económico; con un resultado, a la larga, nefasto; puesto que donde se aplique las condiciones de vida involucionarán, al grado de registrarse grandes hambrunas, como se observará, no sólo en esa Rusia de Lenin, sino también la China de Mao, y así sucesivamente, hasta tener aquí cerca en el Caribe un caso patético, como será la Cuba de Fidel Castro.

Todavía está el recuerdo del momento en que el entonces ministro de Agricultura y Tierras del gobierno de Hugo Chávez, Juan Carlos Loyo, con revolver al cinto ocupaba, arbitrariamente, fincas en pleno proceso de producción; sólo que por capricho de esta gente se consideraba que ocupaban tierras ociosas; a imagen y semejanza de lo que había ocurrido en Rusia, en China, es decir, en el mundo socialista; lo mismo que ocupaban industrias también en pleno proceso de producción; con el resultado que vemos hoy en día, de una caída de todos los renglones de la economía; como si el país hubiera sido arrasado por una guerra; registrándose niveles de pobreza extrema en la población, y que es lo que no quieren ver esos abyectos del gobierno, que piden el cese de las sanciones, echándole la culpa a terceros de esa situación; para, quizás, ganar indulgencias.

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