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Eumenes Fuguet: Puerto Cabello y sus hazañas

 

Carabobo… Magnífica región…

Así expresa la primera estrofa de nuestro himno territorial, para engrandecer la magnificencia del único del estado en Venezuela que lleva nombre de Batalla, distinción que engrandece nuestra patria chica, porque Carabobo siempre evocara el campo donde se consolido nuestra independencia.

Carabobo posee poblaciones de gran importancia en nuestra historia patria como lo ha sido Valencia, Vigirima, Las Trincheras, Borburata y otros terruños de estirpe heroica, que cobijaron a nuestros libertadores en tiempos cruentos por la emancipación.

En el largo tránsito para alcanzar la libertad definitiva, Puerto Cabello destaca ampliamente, por haber contribuido con ingente cantidad de hijos paridos en esta tierra, que llegaron ser personajes notables y en gran parte, también nacieron hombres y mujeres anónimos, que contribuyeron sin dobleces y temple acerado, a consumar hechos inolvidables dirigidos a lograr la ansiada e inexistente autonomía, condición necesaria para alcanzar la libertad.

Los primeros disparos registrados por la historia, luego de haberse declarado  nuestra a independencia, se producen en Mariara, el 22 de julio del glorioso año. Aquellos primeros disparos de fusil, procedían de la artillería comandada por el denodado porteño Bartolomé Salóm; pero también aquí, en este Puerto de historia, se producirían los últimos disparos de la independencia, el 8 de noviembre de 1823, cuando se consumaba el asalto nocturno del Centauro Páez a los trincherones españoles, para logar la rendición y capitulación del general Sebastián de la Calzada. Este hecho de armas que culminaría el 16 de noviembre con el zarpe de buques españoles hacia Cuba, llena de orgullo al ejército libertador por cuanto los españoles, vencidos… más no humillados…, pudieron desplegar su bandera a tambor batiente. Con este hecho glorioso, preludio de la Batalla del Lago de Maracaibo, culminaba de forma definitiva con la presencia española en Carabobo.

Bartolomé Salóm también se cubriría de gloria con otros disparos, que serían los últimos de la emancipación americana, al derrotar el 22 de enero de 1826 al coronel realista Ramón Rodil, en el inolvidable Sitio a la fortaleza de El Callao – Perú.

Acá en Carabobo, se guardaran por siempre historia no olvidadas, como fuera la llegada a Borburata de Lope de Aguirre, “el tirano”, en 1561, cuando pretendiera adentrarse con sus soldados marañones hacia las montañas, para conseguir un oro inexistente, surgido de la imaginación indígena con la leyenda de El Dorado. Nelson Vielma, investigador histórico y reconocido escultor, de extraordinaria trayectoria artística denomina a Lope de Aguirre, “el predecesor de la independencia”.

A Puerto Cabello arriban, en septiembre de 1730, las tres primeras embarcaciones de la Compañía Guipuzcoana, empresa de grandes monopolios, que logró imponer en Venezuela durante cincuenta años, los precios y la producción de renglones agrícolas que exportábamos: Cacao, tabaco, café, añil, algodón, cueros, oro y plata. En su largo tempo de control comercial y explotación, nacieron alzamientos precursores contra los españoles, como lo fuera el del negro valenciano Andrés López del Rosario conocido como “el zambo Andresote” en tierras de Yaracuy entre los años de 1730 y 1732.

La hegemonía comercial de la Compañía Guipuzcoana  también dio origen a dos alzamientos del canario Juan Francisco de León en Panaquire, valles de Barlovento en 1749.

Para proteger los puertos y depósitos de la Compañía Guipuzcoana de los recurrentes ataques de corsarios y piratas, holandeses e ingleses, el rey Carlos V, dispone construir fortalezas y fortines. En estos afanes, el 13 de junio de 1732, ordena levantar en este puerto, el histórico castillo San Felipe construido  por el ingeniero Juan Amador Courten, bautizado para probar su resistencia a partir del 26 de abril hasta el 6 de mayo de 1743, al arribar una poderosa flota inglesa de 22 navíos, al mando del almirante Charles Knowles, cuyo ataque registro no menos de novecientas bombas, de las cuales, cuarenta impactaron en el castillo, demostrando con este ataque incesante su gran resistencia.

El fortín Solano, construido entre 1763 y 1771, en una colina que domina la ciudad, lleva su nombre por el gobernador José Solano y Bote, siendo el lugar ocupado por Páez antes de tomar el Castillo San Felipe. El Castillo de Puerto Cabello, como también se conoce al castillo San Felipe, ha sido testigo mudo de aciagos sucesos que registra la historia: a sus calabozos ingresó el profesor José Lax, del grupo integrado por los profesionales Juan Bautista Picornell, Sebastián Andrés y Manuel Cortés Campomanes, involucrados en la conspiración de San Blas en España, la cual debía ocurrir el 3 de febrero de 1796.

Mencionamos el ajusticiamiento el 16 de julio de 1806  de los diez oficiales de  las embarcaciones Bee y Bachus de la fallida expedición de Francisco “libertad” Miranda, recordemos que los llamaron Los Diez Pequeños Monstruos, de aquel suceso indigno, la columna del Cóndor, no del Águila, eterniza la memoria de aquellos mártires.

El 21 de abril de 1810, llega a Puerto Cabello el eco del 19 de abril; recibido con júbilo para sumarse al “Grito que Caracas dio”.

El 9 de julio de 1811, al conocerse aqui la declaración de Independencia por parte del soberano Congreso el 5 de julio, día cuando empezamos a tener el gentilicio de venezolanos, a pesar de que Valencia se mantuvo fiel al rey Fernando VII y se rebela el 11 de Julio, Puerto Cabello dio un paso solidario al enviar hacia Guacara vía San Esteban, un grupo de voluntarios a las órdenes de Francisco de Miranda para reducir la sublevación.

El 5 de agosto de 1812, Baltasar Padrón, Presidente del Poder Ejecutivo, otorgo a Puerto cabello el título de “Ciudad”, al lograrse un cabildo autónomo que desligo al Puerto del cordón umbilical que lo ataba a Valencia.

En días cercanos antes de perderse la primera república, nuestro futuro Libertador llega a Puerto Cabello el 2 de mayo de 1812, presentándose al Cabildo el día 4 para informar su designación como Comandante Político Militar. Siendo 30 de junio, al mediodía, Bolívar esta fuera de las instalaciones. Aquella tarde la traición se hizo presente personificada en su asistente, el subteniente Francisco Fernández Vinoni, al entregar nuestras banderas a brazos españoles que pretendían recuperar territorios liberados. Seis días trato Bolívar de retomar el mando infructuosamente. Al considerarse sin oportunidad de triunfar, opta por embarcar en Borburata con destino a La Guaira. Desde Caracas, el acongojado coronel envía a Miranda  una carta con fecha 12 de julio, dando parte de haberse perdido la plaza de Puerto Cabello: “Yo hice mi deber…Nada me quedó por hacer…Pero ¡ah ésta se ha perdido en mis manos! Al conocer la situación, de haberse perdida la importante plaza, Miranda exclamaría en francés, a Pedro Gual ¡Venezuela  está herida en su corazón! Por cierto, que luego de su Capitulación firmada en san mateo el 25 de julio, Miranda permaneció encadenado en los calabozos  del castillo de San Felipe en 1813, al ser trasladado desde las bóvedas de La Guaira. De Puerto Cabello, Miranda será remitido hacia Puerto Rico y luego a Cádiz, el 5 de enero de 1814, puerto y destino final de su gloriosa existencia, en La Carraca el 14 de julio de 1816.

Durante la fulgurante campaña Admirable, el 11 de septiembre de 1813, mientras Bolívar ponía sitio a la fortaleza de San Felipe, emitía un decreto administrativo cuyo artículo 1. Indicaba: Todo aquél que fuera convenido de haber defraudado los caudales de la Renta Nacional del tabaco, será pasado por las armas y embargado sus bienes”. Con aquel decreto, El Libertador mantenía como norte que todo corrupto es traidor a la patria.

Otro suceso de triste evocación en Puerto cabello, sucede el 17 de septiembre de 1814, cuando luego de caer la Segunda República, se ajusticiaba al médico Vicente Salías, autor de la letra del Himno Nacional, “Gloria al Bravo pueblo”.

En varias ocasiones el ejército republicano intentó retomar la fortaleza: Bolívar con Urdaneta y D´Lúyar en agosto y septiembre de 1813…. Ribas en enero de 1814… el Coronel Antonio Rangel luego de perseguir las fuerzas del Gral. De La Torre en retirada desde la sabana de Carabobo en 1821… y Páez de abril a mayo en 1822 y a finales de 1823.

Durante su último viaje a Venezuela, el “Padre de la patria” pasó por este puerto de reminiscencias históricas, los primeros días de 1827; oró en la iglesia de Nuestra Señora del Rosario… cuantos recuerdos pasarían por su prodigiosa mente, como el momento cuando se encontraba enfermo en Pativilca-Perú, y se enteraría de la toma definitiva en enero de 1824.

El 17 de mayo de 1824, el prócer caraqueño, coronel Ramón Ayala, solicitó al general Páez, la designación del castillo Libertador. Pero muchos historiadores no aceptan esta denominación, dejándolo como de San Felipe, por cuanto permaneció en manos realistas durante la lucha emancipadora y luego fue utilizado por los caudillos de turno como lugar de reclusión y venganza política.

En febrero de 1936, el poeta del pueblo… Andrés Eloy Blanco,  presidio el acto para lanzar al mar, los grillos utilizados en las tenebrosas bóvedas carcelarias. En su alocución dijo: “Hemos echado al mar los grillos… Maldito sea el hombre que intente fabricarlos de nuevo, y poner una argolla de hierro  en la carne de un hijo de Venezuela”.

Ademas del  general Bartolomé Salóm, podemos mencionar entre otros hijos de este puerto… al general Juan José Flores, Comandante de la segunda brigada de la segunda división en Carabobo; general en jefe en Ecuador, Venezuela y Costa Rica y primer presidente de la hermana República del Ecuador.

Al Almirante Agustín Armario, hombre recio de destacada figuración libertadora, a quien correspondió sitiar a Cumaná durante la campaña de Carabobo.

Al coronel Ignacio Hernández, paladín en el anonimato, compañero de lucha de Antonio José de Sucre y Juan José Flores, le correspondió la histórica misión de ocupar oficialmente, en febrero de 1832, las islas Galápagos, permitiendo con este hecho que los límites de la hermana República del Ecuador se extendieran hasta China, Japón y Rusia, ademas de bautizar una isla cercana con el nombre de “Floreana” en homenaje a su coterráneo Flores.

Durante tiempos de Cipriano Castro, una deuda contraída por Venezuela con varios países europeos, propició un bloqueo a nuestras costas al arribar a costas venezolanas una flota naval combinada de Alemania e Inglaterra que procedió a atacar La Guaira y sacar sus connacionales de Caracas, para de allí… Venirse a las gloriosas costas para bombardear Puerto Cabello el 13 de diciembre de 1902, ocupar el fuerte de San Felipe y el fortín Solano. Para continuar hacia la Barra de Maracaibo donde sufren algunas bajas que los obligan retirarse.

Una segunda guerra… Distinta a la emancipadora, fue la guerra contra el paludismo… una enfermedad tropical que llego a diezmar los ejércitos y que en nuestros tiempos modernos ocurrió en la vecina población de Morón, que perteneciera al Cantón de Puerto Cabello hasta 1981. El líder de esta guerra sanitaria fue el eminente medico Arnoldo Gabaldón al frente de su ejército de dedetizadores, que inicio su lucha el 2 de diciembre de 1945 en la humilde vivienda de Melecio Castillo. Recordando aquella acción benefactora, el 2 de diciembre de 1955, el Club de Leones colocó el monumento al “Zancudo caído”, único en el mundo.

En este señorial refugio porteño, nació el doctor  José Francisco Molina Sierra, primer venezolano en alcanzar el título de médico en 1785 en la Real y Pontificia Universidad de Caracas. El doctor David Lobo, quien practicó por vez primera, en Venezuela, el diagnóstico biológico del embarazo, fue Senador y Presidente del Congreso Nacional y Rector de la Universidad Central de Venezuela.

El doctor Richard Murphy, irlandés, fue Cirujano Mayor del Ejército Libertador en Carabobo, y director del Hospital de Caridad de esta hospitalaria ciudad porteña, escogida para vivir y morir en 1834.

Deuda Histórica: Vivir sin historia es como vivir sin memoria.

Así como las autoridades deben honrar a nuestros paisanos la deuda social como acto de alta justicia, también debe tomarse en cuenta, que se debe saldar la deuda histórica de recuperar, mantener y enaltecer la memoria de esta histórica ciudad, para lograr que las presentes y futuras generaciones se ufanen de su gentilicio, además de lograrse un importante desarrollo turístico nacional e internacional. Como ejemplo de acciones concretas, aquí están las vetustas instalaciones de la Compañía Guipuzcoana; esta la casa donde se alojara Bolívar durante seis días, al intentar recuperar el fuerte; También esta la casa donde se alojó el general realista Sebastián de la Calzada. Para honrar memorias debe designarse una plaza, una calle o una institución pública, con el nombre del olvidado coronel Ignacio Hernández, así como colocar placas conmemorativas en el sitio donde vivieran el excelso escritor Ramón Díaz Sánchez y Don Italo Pizolante, “porteño de corazón”, autor de la letra y música del himno de este progresista municipio y de la internacional  e inmortal canción Puerto Cabello, Puerto Azul De Leyendas.

Después de la Segunda Guerra mundial, muchos inmigrantes llegaron a este puerto heroico, con una pequeña maleta repleta de ilusiones y esperanzas, con mucha voluntad de trabajar arduamente sin egoísmos por el desarrollo de la región  y del país. Un saludo y un reconocimiento a los italianos, a los portugueses, a los españoles y a todos los que emigraron a esta tierra, por haber permitido al país que hoy existan, numerosos compatriotas nacidos en esta patria llamada Venezuela, en Carabobo y en Puerto cabello.

Dios permita que se materialice la idea de designar el 5 de agosto como Día de Jubilo Municipal, y al 8 de noviembre para siempre recordar la Toma de Puerto Cabello; fecha que pudiera ser declarada como Día festivo del estado Carabobo.

Amigos todos, estamos a las puertas de la conmemoración bicentenaria de la designación de Puerto Cabello como “Ciudad”; los integrantes de la Academia de Historia del estado Carabobo, junto a los entes educativos, culturales, oficiales, sociales y económicos… Hemos participado con entusiasmo y fervor ciudadano, advirtiendo sobre los tiempos heroicos, que corresponden a la grandeza de Puerto Cabello, tiempos que también pertenecen al presente y futuro de Venezuela.

No volvamos la mirada al pasado, sólo para extasiarnos en su grandeza que enaltece la porteñidad.

Nos corresponde… Hoy y por siempre, estudiar, superarnos y trabajar con ahínco, para acrecentar y perpetuar el ideal de libertad y democracia.

Nadie vendrá a hacer lo que a nosotros nos corresponde construir… Esa es nuestra misión… por eso… La historia nos pide que hagamos historia.

Señores.

General de Brigada (r) / Individuo de Número de la Academia de Historia del estado Carabobo.

 

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