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Enrique Meléndez: Votas, pero no eliges

 

Fue un plantón, eso que les hizo Vladimir Padrino López a los cultores del voto; quienes no dejan de tener razón, en cuanto a los argumentos que esgrimen a favor de su intención: más del 80% de la población desea un cambio en las estructuras de gobierno, y lo cual implica el ejercicio de una mayoría, que arrasaría por completo todos los cargos de representación parlamentaria, que están en juego con esta justa del 6 de diciembre, que acaba de convocar el nuevo Consejo Nacional Electoral, a favor de la oposición, de seguirse su línea electoralista; como ocurrió en el 2015; sólo que como dice el susodicho ministro; quien ha sido, por cierto, ratificado en el cargo del despacho de la Defensa por sexto año consecutivo: aquí estamos y aquí nos quedamos.

He allí lo que en la teoría política se conoce como la estabilidad de un régimen, y que, como se observa, está sentado sobre las bayonetas. Es verdad que a los cultores de la abstención no les queda sino el camino de la violencia, si es que partimos del hecho de que no habría otra alternativa distinta a la del sufragio, y aquí entra esa famosa frase tautológica, que en los anales de la tradición política venezolana se le atribuye a Carlos Andrés Pérez de que ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario; pues esa tercera alternativa que quedaría a partir de aquí sería la de la resistencia pasiva; muy en boga, a ese propósito, por la praxis política de un Gandhi, y que terminó por llevar a la exasperación a las fuerzas del imperialismo inglés, hasta conseguir la independencia de su país; comenzando por su estrategia de boicotear el comercio de algunos productos de origen inglés entre la población hindú, y hasta llegar a los extremos como fue el de declararse en huelga de hambre, en el marco de lo que habían sido hasta entonces sus luchas por lo consecución de dicho objetivo.

Por lo demás, se cae de maduro eso que esgrimen los cultores del voto, con motivo de lo dicho por Padrino López; en el sentido de que, al manifestar que jamás las fuerzas opositoras volverán a ser gobierno en este país, no está sino exacerbando la política de la abstención; ya que eso es, precisamente, lo que se quiere en lo que atañe a la estrategia de la resistencia pasiva; pues el prurito que la mueve se basa en el principio de que todo proceso electoral, que convoca este gobierno, no persigue sino su legitimación, y aquí de nuevo entra el tema de la estabilidad; es decir, estamos ante una régimen tan estable que en el 2018, y bajo el argumento de que si salíamos todos a votar, sobre todo, se impondría el candidato Henry Falcón en un evento donde, a todas luces, parecía que iba a resultar ganador, al día siguiente del mismo amanecía denunciando un conjunto de irregularidades fraudulentas, y esto porque nos encontramos en un país con unas instituciones demasiado débiles; al punto de que el ministro de la Defensa, se permite violar con esa flagrancia la Constitución, de acuerdo a esa sentencia suya; pues allí está establecido que a la oficialidad de las fuerzas armadas no le está permitido esgrimir opiniones políticas; precisamente, porque tienen en sus manos la manipulación de la violencia, y que es lo que no toman en cuenta los cultores del voto, y quienes, por lo demás, obvian que ese proceso electoral de 2018, con motivo de la forma como fue promovido, también violentó, tanto nuestra Carta Magna, como la Ley Electoral, y eso sin entrar en detalles en lo que atañe a la parte de esas irregularidades fraudulentas, que amaneció denunciando Falcón el famoso 21 de mayo de 2018; lo que demuestra, por lo demás, esa tesis nuestra de que en dictadura todo evento comicial, no se lleva a cabo sino para legitimar el régimen, que la sostiene.

A ese respecto, los cultores del voto no dejan de evocar ese personaje de la novela El Castillo de Franz Kafka, a quien contratan para que lleve a cabo unos trabajos de agrimensura en un pueblo, cuya administración local está a cargo de la burocracia, que despacha desde un enorme castillo; uno de cuyos funcionarios le debe firmar su contrato de trabajo; sólo que de momento no lo puede atender, porque está demasiado ocupado, y así la entrevista de contratación con el susodicho se va posponiendo con los días; llenándose el personaje en cuestión de ansiedad; de modo que llega un momento en que tiene que contentarse únicamente con la circunstancia, de que lo percibe a aquél a través de la rendija de una puerta, y no sin razón se habla en teoría política de una dictadura burocrática; que fue precisamente el tipo de régimen que signó el gobierno de los llamados países del Este de Europa o de la órbita soviética, y que ahora se repite en nuestro caso.

Porque lo que tuvimos en diciembre de 2015 no fue un triunfo, sino la sensación de un triunfo: a los pocos días íbamos a presenciar el nombramiento de un Tribunal Supremo de Justicia entre gallos y medianoche, y que se vino a convertir en un verdadero aparato de terror; empezando porque una vez instalada la Asamblea Nacional, que iba a presidir Henry Ramos Allup, este aparato con argumentos muy aviesos le iba a arrebatar la mayoría, invalidando a un diputado indígena y los de Amazonas, bajo el alegato de que su elección había sido comprada; sin que, en su defecto, se convocara a un nuevo proceso electoral, que eligiera a sus posibles sustitutos; de modo que estas regiones quedaron sin representación parlamentaria a lo largo de este período legislativo; por lo que el gobierno se salvaba de la aprobación de un referéndum revocatorio por la vía de la AN, y el que tampoco fue posible convocarlo por la vía de la recolección de firmas en la población; puesto que por aquí también se buscaron argumentos muy aviesos, y así que las firmas, que se recogieron para tal fin, fueron declaradas ilegítimas por un tribunal penal de Carabobo; de modo que, al final, fue alegría de tísico esa mayoría, que se obtuvo con la célebre elección de la AN de 2015: buche y pluma, como dice la canción.

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