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Arturo Molina: Jugando a los acertijos

 

El anuncio sobre la incautación por parte de las autoridades de Estados Unidos (EEUU) de 81 vehículos de alta gama, marca Toyota, dotados de amplísima comodidad y blindados, con destino a Venezuela, para ser adjudicados a personas del alto gobierno, causó indignación en los ciudadanos. Llama la atención que la compra se realizó burlando la normativa de ese país, lo que traerá investigaciones e imputaciones administrativas y penales a los involucrados. Allí no van a poder manipular la justicia, como es su costumbre.

Diversos países del mundo actúan en conjunto para desarticular la corrupción implementada por el régimen en el exterior, y ya se dejan ver coletazos ante la extradición a los EEUU, del señor de los negocios detenido en Cabo Verde. Desde renuncias al activismo político (anunciadas en Colombia), hasta afectaciones repentinas del virus chino, en altos representantes del régimen venezolano, y estos surgen con la duda sobre la veracidad de los mismos. Así por ejemplo, es el caso del gobernador del Estado Zulia quien al enterarse que el gobernó de México derribó avioneta procedente del aeropuerto de Maracaibo, con 300 kilos de cocaína, padece de los síntomas de la pandemia. No es para alegrase, porque todos somos seres humanos, pero se percibe que el gobernó nacional les llegó el vomito, náuseas, diarreas y virus en un momento inoportuno, dadas las arremetidas internacionales que ha tenido que soportar.

Con esa información corriendo por los pasillos de hospitales y comunidades venezolanas, pudiera aparecer en el imaginario de los seguidores del oficialismo la “traición revolucionaria”. Hombres y mujeres, padres de familia quienes sufren de hambre y pasan necesidades al igual que el resto de las personas. Es una realidad, pero el arte de la ficción se encarga de recomponerla en horas para tenerlos nuevamente en el ruedo de la “defensa revolucionaria”, atrapados a través de las cajas del Clap y la limosna que les ofrece el régimen, así, millones de dólares dilapidados, y los hospitales sin insumos médicos para poder paliar las enfermedades que florecen en campo fértil. Pacientes crónicos pidiendo auxilio sin ser escuchados. Niños desnutridos por no recibir alimentación balanceada. Personas buscando en la basura desperdicios que puedan comer porque el salario no les alcanza para cubrir necesidades mínimas, y ante esa evidencia gobernantes desquiciados e irresponsables se burlan de los ciudadanos, y pretenden pasar agachados.

El virus chino se incrementa a lo largo y ancho de la geografía nacional, y el régimen se dedicó a hablar y amenazar, no hicieron las inversiones requeridas para la atención necesaria en pandemia, y negaron recursos a gobernaciones. Ahora anuncian que con 9 mil pacientes los centros hospitalarios ya están rebasados en algunos Estados, y ¿si fuesen 2 millones los contagiados? La magia de la tecnología los pone al descubierto y los acontecimientos toman otro rumbo. Aquí no valen discursos altisonantes, guerreristas, amedrentamientos y bravuconerías. Asuman su responsabilidad.

La película del engaño y la tan anhelada sumisión esperada por los revolucionarios siglo XXI de parte de los venezolanos, no va a ser posible porque se ha manifestado abiertamente la dignidad del ser humano decente y responsable. Estadísticas como las que presenta Encoví, julio 2020, demuestran que el empobrecimiento de Venezuela es monumental en manos de los mentores del sistema colectivista, ubicando tal ruina por debajo de Haití. Ese es el gobierno que se tiene y necesario es cambiarlo, dejando a un lado la improvisación que al final se transforma en el juego de los acertijos.

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