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Jonatan Alzuru: Carta a Armando Rojas Guardia.

 

Hoy, ausente de palabra y con un morral de llanto, por su partida a otros mundos, transcribo un fragmento del libro: “Oscura Lucidez. Armando Rojas Guardia” (Alzuru Aponte, Jonatan, 2013, Bid & Co, Caracas, pp. 89-90)

“Querido Armando Rojas Guardia, estimado amigo, tú sabes que mi admiración hacia ti es profunda. Mi admiración no es por esa pequeña estupidez que llaman intelecto, no te admiro por esos vómitos hermosos, dulces, traviesos que se transforman en el cuerpo de Cristo al percibirlos, al olerlos.

Armando Rojas Guardia

Mi admiración por ti reside en ese asunto pequeño, trivial, sin importancia para los salones del arte y mucho menos para las galerías que suelen entregar premios y reconocimientos. ¿Sabes? Recuerdo cuando me hablaste de tus distancias con la espiritualidad ignaciana; y juntos, en un hermosísimo diálogo, afinamos las diferencias de las prácticas institucionales de la propuesta de Ignacio en la forma de ejercitarse. Bueno… ¿Sabes por qué te admiro?… por cosas sin importancia, triviales, por la copa de oporto, el agua y el té frío, por las llamadas todos los días en diciembre, por ocuparte de mis preocupaciones, por la cándida, inocente e infantil recepción en tu hogar, por la delicadeza de regalar tu tiempo para formar a otros, no desde los libros, sino desde tu testimonio… Los viejos de antes, los antiguos, cuando daban la palabra se agarraban los testículos… Testimonio como los testículos de la vida.  Por tus ensayos, la pelea encarnizada que he tenido con ellos, me condujeron a reconciliar unos heterónimos de mi cuerpo que se habían disgustado porque cada uno interpretaba el asunto católico de manera distinta, radicalmente distinta. ¿Sabes por qué te admiro? Porque eres la esencia del jesuita… ¿Sabes cuál es la esencia del jesuita? No hablo de la institución, ¡Dios me libre! Para decirlo bien: eres la esencia de la práctica espiritual cristiana desde la perspectiva ignaciana…. Sé que eso es un imposible, algo así como le dijo Adorno a Thomas Mann, cuando se hizo su amigo, esa experiencia es una utopía realizada, una contradicción en los términos fundacionales, pero Adorno decía que era su mejor halago… Así es lo que te digo… Teóricamente estoy en desacuerdo en caracterizar cualquier práctica de la subjetividad de manera esencial, conceptual…. Pero, junto a Adorno, digo, qué importa una contradicción teórica a estas alturas del partido, cuando quiero explicarte un asunto de la vida que vale la pena ser vivida…. Armando, ¿Sabes por qué digo que eres la esencia de la práctica cristiana desde la mirada de Ignacio?… porque eres Compañía de Jesús, acompañas a Jesús. Acompañas al Jesús que tiene múltiples y diversos heterónimos en todos y cada uno de tus amigos y amigas. Acompañas sabiamente, como un anciano chamán, incluso, y, sobre todo, tal vez, en el silencio…

Como ves Armando, no pude escribir nada de ese heterónimo tuyo que ha escrito gran parte de tu obra…  La verdad, te pido disculpas… No sé si lo haga algún día. No te lo prometo.

Por hoy, sólo te regalo…

Mi llanto….

Mi silencio…” (Jonatan Alzuru, 2013)

Les adjunto uno de sus poemas más conmovedores…

 

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