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Pedro R. García: Frente al agotamiento de la revolución, y de la transición

 

¿Los héroes de la retirada? …

A lo impensado de todo conflicto se le yama en el Argot militar de los anglosajones “For af War”, la bruma de La Guerra. El estratega Sir Basil Liddell Hart atribuye estos imprevistos o complicaciones al hecho de que ningún hombre puede calcular la capacidad del genio humano o de su estupidez, ni la capacidad de su arrojo.

Una acotación necesaria…

El 25 de junio de este año se conmemoraran los treinta y seis años de la muerte de ese gran pensador de la estrategia que fue Michael Foucault, vale la pena repasar uno de sus textos seminales, más hermosos y entrañables, su resumida introducción a la vida no fascista escrito a modo de prefacio para la edición inglesa del Anti-Edipo, de Deleuze Guattari, en él, Foucault, se refiere al fascismo como el gran enemigo, el adversario estratégico… y no solamente al fascismo histórico que fue capaz de movilizar y monopolizar tan efectivamente el deseo de las masas, sino el fascismo  que mora en todos nosotros, en nuestra mente y en nuestra conducta cotidiana, el fascismo que nos hace adorar el poder, desear lo mismo que nos domina y nos explota. En estos últimos meses con los angustiosos eventos ocurridos en el país, quedo desenmascarado con rotundidad que el liderazgo de quienes detentan el gobierno, como los que les adversa como clásica oposición, hay una impermeabilidad para manifestaciones transcendentes,. Al grueso de los venezolanos nos asaltan invencibles dudas sobre el rol de esta rabulesca dirigencia que ha intentado avanzar sin una orientación “temática”, cuando escuchas algún vocero del gobierno, (lo vemos, una y otra vez) con un acento y ritornelo gestual que, más que propios de un profeta, resultan la patética expresión de ecos postreros, pero igual se evidencia en la  oposición, donde percibes sus narraciones trufadas de anécdotas, pretendiendo estar al tanto más de lo que realmente saben, viven de ahorros intelectuales, les falta espíritu agonal, han sido presas de un tactismo alicorto, se exhiben a los ojos del país, estruendosamente conservadores: hijastros del viejo orden burgués.

Pareciera que todavía nos queda en el país retazos de “capitanes negreros”, La revolución socialista bolivariana no es tal, pero el grueso del país no tolerará una interrupción social.

¿Confrontación, negociación  o retirada?

Hans Magnus Enzensberger (Baviera, 1929) es uno de los creadores más  agudos y significativos de nuestro tiempo. Escritor alemán, se integró  en el Grupo 47 y se inscribió dentro de una corriente satírica que le vincula con el primer Brecht, sobresaliendo en su crítica mordaz e irónica de los convencionalismos sociales, y 1989 nos alerto “que en todas las capitales de Europa se encuentra uno, allí donde el espacio alcanza su mayor densidad simbólica, o sea, en el centro, verdaderos centauros de enorme corpulencia, seres híbridos de metal fundido, bajo cuyos cascos acuden presurosamente funcionarios a sus ministerios, espectadores a la ópera y creyentes a misa: emperadores romanos, grandes electores, generales eternamente victoriosos. La fantasía del hombre montado a cabayo representa al héroe europeo, una figura imaginaria sin la cual la historia pasada del continente sería totalmente inimaginable. Desde la invención del automóvil, el sentir universal se ha bajado del cabayo; Lenin y Mussolini, Franco y Stalin supieron manejarse sin cabalgaduras ecuestres. En cambio, alimentó el número de muestras. Las islas del Caribe y las agrupaciones de Siberia fueron sembradas de héroes petrificados, y las botas de los representados alcanzaron en bastantes ocasiones alturas, similares a las de una casa unifamiliar. La inflación y la elefantiasis anunciaron el próximo final de aquellos héroes, a los que jamás les preocupó otra cosa, que la conquista, el triunfo y la megalomanía. Los escritores lo habían presentido. La literatura se había despedido definitivamente, hace más de un siglo, de aqueyas figuras míticas que eya misma había contribuido a crear. La soberana y la leyenda heroica pertenecen desde entonces a la prehistoria. La literatura no se ocupa ya desde hace mucho tiempo de Augusto o de Alejandro, sino de Bouvard y Pécuchet, Vladimir y Estragón. Del rey Federico y de Napoleón sólo se habla en los sótanos literarios y, por supuesto, menos todavía de los himnos de Hitler y las odas de Stalin, cuya determinante era desde el principio despreciable. Por el contrario, la yamada gran política se ha mantenido hasta el presente aferrada y entregada al clásico esquema heroico. Hoy, como ayer, exalta con condecoraciones la memoria de los héroes y sueña con triunfos inalcanzables. En este proceso de invalidez, la misma ha alcanzado el último grado,  se pone de manifiesto no sólo en su impotencia simbólica, sino también en el temor del ámbito de sus acciones. La normalidad democrática está presa de la ambición y sed de gloria que sufren de forma visible los dirigentes; no se trata de conquistar un imperio, sino, en el mejor de los casos, una circunscripción electoral, y el genio del general se ve circunscrito a islas que, como Granada o las Malvinas, sólo con lupa pueden localizarse en el globo. Quien quiera regocijarse con el extraordinario encogimiento de la estructura heroica no necesita más que comparar a Churchill con Boris Johnson, a De Gaulle con Macron, a Adenauer con Angela Dorothea Merkel, Eisenhower con Donad Trump. El héroe ha estado investido siempre como representante del Estado, de un carácter teatral; con su actual elite de poder, la Europa occidental la América Latina han completado el camino que va desde el modelo aterrador hasta el de la imitación ridícula. La comicidad involuntaria de ese clan dirigente que se cree errónea y tercamente instalado en no sé qué cumbres pone de manifiesto que del héroe clásico sólo ha quedado una vulgar caricatura. El lugar del protagonista clásico han pasado a ocuparlo en las últimas décadas otros intérpretes, más importantes, de un nuevo estilo que no representan el triunfo, la conquista, la victoria, sino la renuncia, la demolición, el desmontaje. Tenemos todos los motivos para ocuparnos de estos especialistas de la negociación, pues nuestro continente necesita de ellos, y dramáticamente en el país si quiere seguir siendo una República. Ha sido Clausewitz, el clásico del pensamiento estratégico, el que ha demostrado que la retirada es la operación más difícil de todas. Esto es válido también en política. Una de las más altas cotas del arte de lo posible que consiste en abandonar una posición indefendible. Pero si la grandeza de un héroe se mide por la dificultad de la misión con que se enfrenta, se deduce de aquí que el esquema heroico no sólo tiene que ser revisado, sino alterado. Cualquier incapaz es capaz de arrojar una bomba, mil veces más difícil es desactivarla. En cualquier caso, para fraguar un héroe no bastan la simple habilidad y la competencia. Lo que hace memorable al protagonista es la dimensión moral de su acción. Pero precisamente en este aspecto encuentran los héroes de la retirada una reserva tan masiva como tenaz. La opinión general se mantiene aferrada, al esquema tradicional. Reclama, hoy como ayer, al personaje imperturbable y exige una moral política de principios firmes y válidos para todo, y esto significa también, si es necesario, marchar sobre cadáveres. Pero precisamente esta claridad inequívoca es lo que no puede ofrecer en ningún caso el héroe de la retirada. Quien abandona las propias posiciones no sólo entrega un terreno objetivo, sino también una parte de sí mismo. Semejante paso no puede tener lugar sin una separación de la persona y su papel. El ethos del héroe se haya precisamente en su ambivalencia. El especialista en desmontaje demuestra su valor moral asumiendo esa ambigüedad. El paradigma aquí diseñado ha encontrado su realización histórica al amparo de las dictaduras absolutas del siglo XX. Los pioneros de la retirada la dejaron entrever primero de forma velada y oscura. De Nikita Jruschov se podría afirmar que no sabía lo que hacía, que no tenía en absoluto idea clara de las implicaciones de su actuación; al final hablaba de completar el comunismo en lugar de suprimirlo. Sin embargo, él puso, con su famoso discurso ante el 20º Congreso del PCUS, no sólo el germen de su propia caída. Su horizonte intelectual era limitado; su estrategia, torpe; su actitud, autocrática; sin embargo, en coraje civil sobrepasó prácticamente a todos los políticos de su generación. Precisamente su carácter vacilante lo calificó de forma especial para esa tarea. Hoy está claro más que nunca la lógica subversiva de su carrera heroica: con él comenzó el desmontaje del imperio soviético. Todavía aparece de forma más clara la división interior del especialista de derribos en la figura de Janos Nadar. Este hombre, que fue enterrado en Budapest sin pena ni gloria, pactó con las tropas de ocupación tras el levantamiento fracasado de 1956. Ochocientas sentencias de muerte, se dice, tiene en su haber. Apenas fueron enterradas las víctimas de la represión, Kadar puso manos a la obra de su vida, que le ocuparía durante casi 30 años. La obra consistió en enterrar con paciencia y perseverancia la autocracia del partido comunista. Es digno de atención el hecho de que este proceso discurriera sin grandes turbulencias; contragolpes y mentiras para vivir le han acompañado siempre; maniobras tácticas y compromisos han sido su estímulo permanente. Sin el antecedente húngaro, difícilmente habría comenzado el derrumbe del bloque oriental; es indiscutible que Kadar marcó aquí un nuevo rumbo. Es asimismo evidente que el jefe húngaro no estaba en condiciones de hacer frente a las fuerzas que él contribuyó a desatar. El signo típico del autor histórico de derribos está precisamente en que con su trabajo mina siempre también su propia posición. La dinámica que él pone en marcha le arroja a un lado; él es víctima de su éxito. Adolfo Suárez, secretario general de Falange Española, se convirtió, tras la defunción de Franco, en primer ministro. En un golpe de mano exactamente planeado desmanteló el régimen, despojó de poder a su propio partido unificado y sacó adelante una Constitución democrática: una operación tan difícil como arriesgada, que Suárez yevó a cabo con arrojo personal y brillantez política. Aquí no estaba en acción, como en el caso de Jruschov, un presentimiento vago, sino una conciencia extremadamente clara. Se trataba no sólo de transformar por completo el aparato político, sino también de disponer al Ejército a no moverse; una purga militar habría conducido a una represión sangrienta y probablemente a una nueva guerra civil. Tampoco este caos se puede abordar con una simple ética de simpatías que sólo distingue entre ovejas blancas y negras. Suárez fue militante y beneficiario del régimen de Franco; si no hubiera pertenecido al círculo más íntimo del poder no habría estado en disposición de abolir la dictadura. Al mismo tiempo, su pasado le aseguró la desconfianza insuperable de todos los demócratas. De hecho, España no le ha perdonado hasta el presente. A los ojos de sus antiguos camaradas, él fue un traidor; a los ojos de aquellos para quienes había abierto el camino, fue un oportunista. Desde que se retiró como típica figura de la transición hasta su muerte no pudo de nuevo pisar terreno firme. El papel que él representó en el actual sistema de partidos ha quedado más bien oscuro. Una cosa, y solamente una, tiene garantizada el héroe de la retirada: la ingratitud de la patria. En la figura de (Wojciech Witold Jaruzelski; Kurow, 1923) General y político polaco que fue jefe de Estado y secretario general del Partido Comunista de Polonia (1981-1985) y presidente del país (1989-1990), en él esta aporía moral adquiere incluso rasgos trágicos. EI fue quien salvó a Polonia en 1981 de una inminente invasión soviética. El precio por ello fue la proclamación de la ley marcial. y el arresto preventivo de la oposición. Este impresionante éxito de su política no le salvó de que una parte considerable de la sociedad polaca lo contemple en silencio todavía hoy con odio. Nadie le aclamó: jamás se librará de las sombras de sus acciones. Él había contado desde un principio con ello, y en esto reside su fuerza moral. Jamás se le vio sonreír. El gesto tenso y totalmente inexpresivo, los ojos ocultos tras unas gafas oscuras, representaron a este patriota como un mártir. Este San Esteban de la política es una figura de formato shakesperiano. No puede decirse lo mismo de otros rezagados. Egon Krenz y Ladislav Adamec no ocuparán probablemente en la historia más que una nota al pie de página: el uno, como una versión burlesca, y el otro, como la versión hipócrita del retirado heroico. Pero ni la sonrisa irónica del alemán ni el semblante paternal del checo pueden confundir a nadie sobre su indispensabilidad. La versatilidad acomodaticia que se les reprocha ha sido su único mérito. En la quietud paralizante del momento exacto en que se espera a otro y no acontece nada, uno tuvo que carraspear primero, producir ese ruido pequeño, medio ahogado, que pone en movimiento a un alud. “Uno”, como decía en cierta ocasión un socialdemócrata alemán, “uno tiene que ser el tirano sanguinario”. Setenta años después uno tuvo que sujetar el brazo al tirano sanguinario, por más que eso lo hiciera un bufón comunista que rompió el silencio de muerte. Nadie le recordará con benevolencia. Pero precisamente esto le hace memorable. Los epígonos de la retirada se mueven por impulso ajeno. Obran bajo una presión que viene de abajo y de arriba. El verdadero héroe de la renuncia, en cambio, es él mismo, la fuerza motriz. Mijail Gorbachov es el iniciador de un proceso, con el que otros, más o menos voluntariamente, intentan ir al paso. Él representa como es ya hoy manifiesto una figura secular. La dimensión clara de la tarea que se impuso es algo sin precedentes. Se empeño en desmontar el penúltimo imperio monolítico del siglo XX, sin violencia, sin pánico, sin guerras. Con todo, nadie habría considerado posible lo que él  consiguió por ese camino. Ha tenido que pasar mucho tiempo hasta que el mundo entendiera su proyecto. La inteligencia superior, la valentía moral y la perspectiva amplia de este hombre, todo ello estaba tan lejos del horizonte de la clase política en Oriente y en Occidente que ningún Gobierno se ha atrevido a tomarle la palabra. Tampoco sobre su popularidad en su país podrá Gorbachov hacerse muchas ilusiones. El más grande de todos los políticos de la renuncia se ve allí a cada paso enfrentado al problema de los resultados inmediatos, como si se tratara de anunciar otra vez a los pueblos un futuro prometedor que ofreciera a cada uno, según sus necesidades y de forma gratuita, jabón,  pasta de diente, desfiles, películas y armonía; como si hubiera alguna otra forma de progreso que la retirada; como si no dependieran todas las oportunidades futuras de desarmar al Leviatán y de encontrar el camino que conduce del despeñadero a la normalidad. Es claro que cada paso por este camino representa un peligro mortal para el protagonista. Por la izquierda y por la derecha está rodeado de enemigos viejos y jóvenes, escandalosos y mudos. Como corresponde a un héroe, Gorbachov es hoy un hombre muy solitario. No se trata en todo esto de reclamar un reconocimiento público para los grandes y pequeños héroes del desarme, un reconocimiento que, por lo demás, ni ellos mismos piden. No hacen falta nuevos monumentos. En cambio, es hora ya de tomar en serio a estos nuevos protagonistas y considerar aquello en lo que convienen y aquello en que se distinguen. Una moral política que sólo conoce figuras luminosas y seres desalmados no será capaz de realizar semejante examen. Un filósofo alemán ha dicho que al final de este siglo no se trata de mejorar el mundo, sino de respetarlo. Este juicio vale no sólo para aquellas autocracias que actualmente están siendo desguazadas con más o menos ante delante de nuestros ojos. También a las democracias occidentales les aguarda un desarme del que no existe precedente. El aspecto militar no es más que uno entre muchos. Otras posiciones insostenibles que hay que eliminar son las que se refieren a la guerra de deudas con el Tercer Mundo, y la retirada más difícil de todas es la de la guerra que estamos librando desde la revolución industrial contra nuestra propia biosfera. Sería hora, por tanto, de que nuestros políticos de  manifiesta cortedad tomaran ejemplo de los especialistas del desmontaje. Las tareas que hay que solventar exigen capacidades que hay que estudiar ante todo en los modelos. Así, una política de la energía o del tráfico que merezca tal nombre sólo puede abordarse con una retirada estratégica. Esta política exige el desmontaje de industrias clave que a largo plazo no son menos peligrosas que un partido unificado. El coraje civil que se necesitaría para ello es semejante al que un funcionario comunista necesita cuando se trata de abolir el monopolio dé su partido. Intentando la premisa de pronosticar que ya avanza un proceso de transición en el país,  y teniendo claro el peso que tendrán en la mesa de algunos acuerdos mínimos, Cuba, China y Rusia, Turquilla e Irán quienes con los ventajosos acuerdos logrados con el país, son los socios comercial más importante, y que los rusos y los cubanos tienen de amigo hoy un hombre clave Vladimir Padrino López, que está actuando intuitivamente en la búsqueda de una salida acordada frente a la escalada de la crisis, igual pareciera moverse con sigilo Capitán del Furial, con sustanciales apoyos en el chavismo originario, en viejas y nuevas alianzas financieras, en la oposición algunos sectores minoritarios pero que hacen ruido, los partidos agrupados en el G-4, acostumbrados en los últimos años a moverse en las tinieblas, que han decidido mantener el trazado de sus objetivos, y siguen con sus mascaras en la mano. En el cálculo de la relación de confrontación esta, muy marcada por el absoluto y, sitiada en una dialéctica donde todo está al descubierto, en el que los mensajes están formulados en voz alta para las masas y en el cual es desplegada una iconografía que se duplica en el antagonismo que mantienen ambos bandos en conflicto, unos y otros empuñan el mismo guión, unos señalan al Presidente Nicolás Maduro utilizando la esvástica para marcarlo de fascista, apelan al símbolo militar, muestran reiteradas y con voces estentóreas pruebas audiovisuales que los victimizan. (Por supuesto sin negar las brutalidades del régimen)  frente a las actividades del otro, no hay erótica ni seducción en el acto comunicativo.

(Barthes, 1987: Pág. 100).

Transformación y modernización de China…

Ezra Vogel ha escrito un libro bajo el título “Deng Xiaoping y la transformación de China”. (Cambridge, MA, y Londres, The Belknap Press de Harvard University Press, 2011, 876 pp). En él narra la historia del líder responsable de la transformación y modernización de China, que es al mismo tiempo la historia de ese país en el siglo XX y de los horrores que es capaz de producir el socialismo, de las hambrunas y muertes y de los obstáculos que la ideología establece para evitar el desarrollo. Abunda en detalles de la estrategia modernizadora y los obstáculos que tuvo que sortear, que no fueron pocos, y el proceso de transición que ha conducido a la modernización del país, con sus alteraciones y a la mejora sustancial de la calidad de vida de cada vez un mayor número de ciudadanos. La perspectiva del socialismo que Deng Xiaoping expresó es una irrupción contra “el igualitarismo” que algunos propugnaban y en su lugar enfatizó que el propósito del socialismo es alcanzar la prosperidad común. De este modo estableció una frontera insalvable con aquellos proyectos de inspiración marxista, que hoy de un modo fariseo se expresan todavía en slogans como: no a la austeridad, si al plurinacionalismo, no al neoliberalismo, no a la meritocracia, y demás. Algunos de estos argumentos fueron esgrimidos por quienes se resistían al proceso de evolución a la modernidad dentro de la dirección del partido comunista chino. Fue el enorme conocimiento del peso de la ideología y del atraso, cuyas consecuencias había sufrido de un modo directo en varias oportunidades, lo que le permitió preparar y desarrollar la estrategia de transición que hiciera posible burlar todos los impedimentos que encontraría en ese espinoso camino. Era imprescindible evitar los escoyos y por eyo recurre al uso de términos como el de “socialismo a la china” o ya cuando se había vencido las mayores resistencias, hablar de “socialismo de mercado”. Este último término produce una fuerte alergia a los mercadofobos y a quienes abominan el liberalismo no digamos ya el neoliberalismo. Era necesaria una fuerte dosis de paciencia para doblegar al colectivismo del salto adelante o de la miseria y a las arraigadas nociones de izquierda y derecha. La capacidad corrosiva del socialismo no se limitaba a la persecución y aniquilación de la disidencia. Creó hambrunas, escasez y muerte y tarjetas de racionamiento (sobre ésta posee un derecho de propiedad que nadie pone en duda). En este contexto de hondo deterioro económico, político e institucional las dificultades de la transición adquieren carácter exponencial. En ese sentido afirma el autor que no hay país socialista alguno que haya transitado sin dificultades y de un modo exitoso el cambio de una economía y un sociedad centralizadas, absolutamente privatizada en manos de un jefe o de unos pocos, una sociedad en la que el Estado lo es todo a una economía abierta, orientada por el mercado y que resulte viable y además de mantenga por un periodo relativamente prolongado. Aunque en palabras de Zhou en Lai, otro artífice del proceso de modernización, treinta años de historia de China, país milenario, es un simple guiño. La transición y modernización de China, con sus milenarias particularidades sin duda alguna, resulta una referencia necesaria para la comprensión de los procesos de transición en otros países, en particular en aquellos que padecieron la implantación total o parcial del socialismo y que han visto a sus economías e instituciones totalmente devastadas. El texto, sorprendentemente denso, es una invitación a la reflexión. Deja abiertas innumerables interrogantes en torno a temas medulares como el de las asimetrías entre libertades económicas y políticas, el rol de la propiedad, la empresa y el mercado en el mejoramiento sostenido de la calidad de vida de la población y la difícil e insostenible convivencia, a largo plazo, de una economía abierta con un sistema político que niega y asfixia las libertades. Insistiremos en el tema que nos atañe que es la crisis severa que atraviesa Venezuela: el novedoso e inédito los últimos 20 años. La forma en que el liderazgo chino abordó el tema de su diáspora contrasta con algunas miradas y análisis de nuestro proceso migratorio. En si misma la forma en que se mira, analiza y aborda el proceso carecería de mucho interés si de eyo no se derivaran consecuencias en el diseño de políticas públicas. La forma en que mira el fenómeno migratorio está mediado por conceptos, enfoques y supuesto. En el caso chino la perspectiva que utilizaron la encontramos en la información que aporta el equipo humano del Banco Mundial que participó en un estudio mayúsculo de la realidad China. Los estudios realizados les permitió conocer a profundidad al liderazgo chino. Ese conocimiento hacía posible afirmar que el liderazgo poseía una elevada inteligencia acerca del sistema de mercado, la forma en que éste funciona como espacio para el intercambio de productos y servicios y también para el intercambio de ideas y conocimientos. Además comprendían, plenamente, el papel que desempeña el conocimiento, la investigación y el desarrollo tecnológico en la competitividad del país y por ende en la mejora de la calidad de vida de la población. Asumen y entienden, perfectamente, que el conocimiento y la formación de capital humano es más importante que la inversión económica. No fue para nada casual, por ende, que Deng Xiaoping se ocupase de un modo directo a dirigir el Ministerio responsable del área tecnológica: da cuenta de la importancia que le asignaba a la formación de capital intelectual, a la investigación y el desarrollo tecnológico. El hecho de otorgar un papel estelar al conocimiento en el desarrollo explica la postura del liderazgo chino frente al hecho migratorio. Adoptó políticas diametralmente opuestas a las que apadrinó Mao y los países socialistas del este europeo. Mientras que estos últimos, temiendo la “fuga de cerebros” se opusieron rotundamente a la salida de sus mejores estudiantes y profesionales, Deng en particular y el liderazgo chino en general propiciaron de un modo sistemático que los jóvenes y más aventajados estudiantes salieran hacia los países de mayor desarrollo relativo con el objeto de que pudieran adquirir conocimientos y experticias necesarias para el desarrollo de China. Eran conscientes del desarrollo que había alcanzado Japón, Taiwán, Hong Kong y por supuesto Estados Unidos y Europa y también del enorme atraso tecnológico industrial que asolaba a China. Y de ayí el interés que las jóvenes promesas, los más destacados adquiriesen conocimientos, nuevas lenguas y nuevas culturas, a aprender lo que habían hecho los países exitosos y las mejores prácticas y propiciar una profunda reflexión acerca de aqueyo que era necesario hacer para adaptar tales criterios, prácticas y sistemas que sirvieran para el desarrollo de China. Un poco antes de que China lo adoptara como política de Estado, Venezuela no supo aprovechar el súbito incremento de los precios del petróleo para ampliar y reforzar, en base a méritos, la formación del capital intelectual de su  “revolución”. El roce anterior con el exterior y los viajes contribuyo además a superar las nociones estrechas de patria y el aldeanismo y localismo que como afirma, creo que Savater, solo se supera con muchos viajes y lecturas. De este modo se sentaban las bases sobre las que se desarroyó la “circulación de cerebros”. Un estudio reciente hecho sobre la diáspora de la India y China da cuenta de este fenómeno, de cómo, quienes han emigrado participan y contribuyen al desarroyó de su país de origen realizando inversiones, creando infraestructura y tejiendo redes globales. La certeza de que el capital intelectual es el principal activo capaz de agregar valor que yevó al liderazgo chino, entre los años 1978-2007, a propiciar que más de un millón de ciudadanos salieran del país a estudiar y formarse en los países de mayor desarroyó relativo. Un cuarto de eyos retorno al país y un elevado porcentaje de quienes no regresaron participan activamente en su desarroyo. La firme convicción del papel central del capital humano también se tradujo en el fortalecimiento de la calidad de la educación y el énfasis en la meritocracia. También en este asunto se distanciaba de aqueyos sistemas socialistas que conciben a la educación como un medio de ideologización de la sociedad, como es el caso del actual gobierno de Venezuela, y de quien ejerce como Ministro de Educación que sigue el curso de lo definido ideologimente, de ese modo el papel de la educación y que comparten todos quienes lo que lo han antecedido en ese cargo. Con ese fin han forjado un entramado de leyes y decretos y han ejercido un control sobre la producción de textos con los que han pretendido crear una nueva historia con el solo fin de apropiarse del presente. Los cambios que se han producido en la transición en China se sitúan en las antípodas de las que han realizado otros países socialistas. Han aceptado la propiedad privada, opuesto al colectivismo y la centralización, han reducido las dimensiones y propiedades del Estado y se han abierto al capital extranjero. El colectivismo y la planificación centralizada que devastó la producción y la calidad de vida ha sido sustituido progresivamente dando paso a la propiedad, a la empresa y al mercado. Lograron desembarazarse de una parte importante de las ineficientes empresas públicas, aproximadamente el 50% de eyas, es decir que han despejado una pesada e insoportable carga para la sociedad toda

El insospechado caso Venezuela y su sistémica corrupción…

En Venezuela el régimen con los planes de control que ha ejecutado, ha conducido a que las empresas en manos del Estado abandonaran su incorporación a la modernidad, han reducido la productividad y a contra cara de la calidad y de las normas ISO de gestión (se las considera un instrumento del hegemonía imperialista), la capacidad de gestión y la meritocracia. El resultado está a la vista. Un gran camposanto de empresas: un país devastado. Se declaró la guerra a la propiedad privada, a la empresa y se intentó implantar modos colectivos de producción que no podían acabar en otra cosa que una enorme escasez, en medicinas cercanas al 100% y en alimentos próximas al 70% situando al país en una severa crisis humanitaria. En el momento de mayores ingresos de toda su historia republicana. Por el contrario, en China la instalación del “socialismo de mercado” conyevó el abandono de los preceptos marxistas, leninistas y “populistas”. La experiencia China es un ejemplo de transición incompleta, todavía persisten las enormes carencias democráticas y es al mismo tiempo ejemplo del papel que puede desempeñar la diáspora en el proceso de reconstrucción económica, social e institucional y de las elevadas dosis de paciencia que demanda la transición hacia una sociedad abierta y democrática. En lugar de esto, nuestra clase política casi toda se ejercita en posturas necias de vencedores y mentiras de autocomplacencia y presunción. Creen que triunfan levantando muros y creen que va a dominar el futuro quedándose sentados fuera. Del imperativo moral de la renuncia no sienten nadan. El arte de la retirada le es ajeno. Nuestra clase política tiene todavía mucho que aprender. Y romper con la manía sanchopancesca de que hoy hace gala El Presidente, “Eso que a ti te parece bacía del barbero, me parece a mi el yelmo de mambrino  y a otro le parecerá otra cosa” decía Don Quijote, ahora en una escalofriante torsión copernicana cree  que hay una hay una salida que es el socialismo con injertos del monetarismo del capitalismo y que sus todavía sus seguidores a pesar del surfeo en que se mueve la escalofriante militarmilitarista-derecha roja, al aconsejarle por la otra banda a sus cáfilas de la radicalización del proceso revolucionario bolivariano, para que éste se caiga más rápido. Es bueno recordar lo que dijo en 1971 Xavier Domingo, en Cuadernos del Río Ibérico, número 31/32, junio/septiembre: “Naturalmente, admitir que la sacrosanta familia española pueda ser segregadora de sueños y pesadillas de inmunda pornografía resulta duro”. En el sorpresivo empeño de y que salirle al paso a corrupción en estos los procesos autobautizados “revolucionarios” hay que advertirlos partiendo de la experiencia concreta. En La URSS, los corruptos yegaron a acumular tanto poder económico que cuando ésta se desplomó estos  constituyeron La Mafia Rusa, la más poderosa y temible que haya existido. Dejando a la mafia italiana en pañales. La conclusión de la experiencia internacional acerca de la relación de ética e ideología, es que la experiencia cotidiana dista mucho del sueño. En Venezuela hasta el presente no ha sido distinto. Este flagelo nos viene atacando desde La Independencia en la cual las cúpulas formadas por los oficiales libertadores la impusieron como pago por los servicios prestados a

La Patria. Habían dado continuidad a la praxis difundida y ejercida desde La Colonia, “No me den nada pero pónganme donde hay”. La corrupción administrativa en Venezuela viene desde hace tiempo. Pero hay más. Hay un modo de corrupción que se da y que los venezolanos han aceptado. Lo aceptan porque está inscrito en el orden de las cosas, mientras vivamos bajo un régimen de impunidad. El modo consiste en que de alguna manera, determinados personeros han guiado la política económica del gobierno y lo hacen no en el sentido que ésta sea una política para todos los venezolanos, sino dirigida a facilitarles las cosas a ciertos grupos poderosos. Es la fuente que origina las comisiones, los favores, los contratos y tantas cosas, de las que se niegan a debatir en sus momentos de recreo y ocio los parlamentarios de  La Asamblea Nacional. En todo caso, si hay políticos venezolanos que encuadran en un estado general de sospecha, de que están valuados, no devaluados, porque el nivel de vida, y el de ingresos de muchos políticos que uno conoció IN ILLO TEMPORE, ha aumentado sustancialmente. Aconsejó temprano la extrema derecha, a sus empresarios devotos, que en la actual administración pública pasa al igual que en Roma, dónde había una institución que era conocida como el Consulado y que en épocas determinadas de La República Romana, funcionaba con dos cónsules en una especie de monarquía dual. Que sin duda Maduro es un polo de esa Monarquía pero que resulta un poco alejado del suelo y  lo que hay que hacer es  entenderse con el otro Monarca, que cree más cercano al suelo, que se puede identificar claramente por su marcada influencia en los nombramientos de los altos jerarcas del Gobierno Revolucionario ante el Monarca Mayor. Menuda la experiencia que tiene Derecha Nostra para reconocer los intersticios del poder. Uno de los dirigentes más cercanos a Maduro, que siempre está a su lado como sol y sombra, bien a la hora de recomendar a los ministros o presidentes de institutos autónomos que deben ser nombrados por el presidente, tiene una de las virtudes que tradicionalmente se le atribuyen a Dios: Tiene el don de la ubicuidad, porque representa, al mismo tiempo los intereses del proceso revolucionario y los intereses de las empresas que han sido “Nacionalizadas”, apropiadas sustituidas, aliadas  y en una cabriola historia que haría palidecer a los acróbatas mas experimentados del Cirque Du Soleil, como por arte del birlibirloque ahora la dolarizaron nuestras transacciones sustituyendo al enflaquecido bolívar soberano, privilegiando sus propios intereses dentro del capitalismo financiero internacional y los importes de mayor prosapia oligárquica del país. Es el representante de la derecha militar, de los manejadores de las altas finanzas y de la banca que dominan a la derecha comunicacional (para solo lo rocen en los medios) y de todo lo negro y maloliente que nos viene desde los criollos principales de La Colonia. Históricamente representan el Latinoamérica política y socialmente, convirtiéndose en los herederos y los representa en el pais quien tiene similitudes con el General Francisco Morales Bermúdez, segundo hombre al mando durante La Revolución Militar Peruana de Velasco Alvarado. Hay una conseja extendida en el estado Monagas de que “Ojos de culebra brava, yeva la traición por dentro”. “Líbreme Dios”…

“En el país pasa el tiempo y el segundero avanza decapitando esperanzas”…

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