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Manuel Taibo: Residuo absurdo y bárbaro de la época de las Cruzadas

 

“La lógica del neoliberalismo y la lógica de la planificación detallada andan igualmente cojas, porque una y otra amputan a los hombres y mujeres una parte de su poder creador”.

Una de las bases de este problema es la manera en que reaccionan los grupos dirigentes. Cuando hablamos del problema de la transformación del clima general, de la evolución del pueblo, no nos cansamos de insistir en la evolución de las actitudes y de la opinión. Esto es importante, pero no suficiente. No se pueden prever las decisiones partiendo de las actitudes. Por el contrario, es con frecuencia posible prever las actitudes partiendo de las decisiones, una vez han sido tomadas. Los estudios de psicología social y experimental demuestran que la decisión es un factor determinante. Y ésta es función de un proceso complejo. Hay que intentar comprenderlo.

Se ha demostrado que la perspectiva, cada vez más teórica, de una conmoción cada vez más lejana, servía de coartada al conservadurismo de los aparatos políticos. Pero la esperanza de un cambio definitivo suaviza, igualmente, el dolor del pueblo de verse en el último peldaño de la escala social. Marx atribuía a la religión en la sociedad capitalista del siglo XIX. Animados por la revelación de que serán los primeros en un mundo mejor, los últimos soportan mejor las injusticias del tiempo presente. La esperanza en la Tierra Prometida desarma a los combatientes. Su anuncio sustituye, para los militantes, las operaciones rentables.

En efecto, la derecha no ha cesado de oponer la Naturaleza a los artificios, es decir, a los inventos del hombre. Y no es que no sepa, cuando se presenta la ocasión, valerse de artificios. Pero entonces los disfraza de “leyes naturales” para obstaculizar las opciones conscientes. Hemos presenciado la resurrección de tabús financieros que habrían podido creerse definitivamente enterrados por la experiencia y por la ciencia económica. Tabú del patrón oro, (no dólar) que se impondría a las naciones en virtud de las cualidades naturales e intrínsecas de este metal. Tabú del presupuesto equilibrado, que, si se observamos de verdad, privaría al Gobierno el arma anti-cíclica que debe ser, en ciertas conyunturas, el déficit presupuestario.

No hay vino natural, decía Jaurès: “El plan y el vino son producto del genio del hombre. Y la Naturaleza misma es un maravilloso artificio humano.” La derecha ha discutido siempre esta afirmación. René Rémond, que es su mejor historiador, distingue, por otra parte, tres objeciones, y declara que se confunden el “escepticismo innato por todo lo que se propone desviar el curso natural de las cosas, la sumisión al orden natural, incompatible con las revoluciones, y el principio mismo de las reformas de estructuras”.

El conservadurismo profesional, que se ha apoderado del medio docente, no debe hacernos olvidar que son los hombres de izquierda, los profesores republicanos, quienes libraron, en el momento más difícil, y al margen de esta “élite” tan deseosa de conservar su monopolio, la batalla por la difusión del saber. Las resistencias del medio parlamentario ante la designación del jefe del poder ejecutivo por el pueblo, no deberían hacernos perder de vista que, históricamente, los progresos del sufragio universal se debieron a la porfía de la izquierda. También fue en su seno donde nació la voluntad de someter la economía a opciones razonadas, y gracias a ella apareció la noción del Plan.

El día en que existiese libre paso y una libre e incesante circulación entre todas las formas de la actividad humana, entre todas las funciones, “las actitudes cambiantes o inseguras del pueblo no se quedarían fijas e inmovilizadas” desde el primer momento por la función elegida previamente por ellos; “las actividades permanecerían eternamente despiertas,” e incluso las erupciones de savia tardía podrían abrirse nuevos canales y estallar en una floración imprevista” (Jaurès).

Si la crítica de un capitalismo opresor les condujo a impugnar las libertades formales que éste dispensaba a unos cuantos millares de privilegiados, no es menos cierto que lo que pretendían, en su conjunto, era una sociedad de la iniciativa. Estos objetivos son perfectamente actuales. El presentimiento de una sociedad abierta de hombres y mujeres “móviles), y constantemente “regenerados” por lo que en la actualidad llamamos educación permanente, queda espléndidamente confirmado.

¡La Lucha sigue!

 

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