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Carlos Casanova: Si el diagnóstico es equivocado el pronóstico también lo será

 

Se puede pensar que no hay tiempo para rectificaciones, pero sin ello y sin reorganizarse no es posible avanzar. El punto de partida, es reconocer los errores cometidos para precisamente no repetirlos nuevamente.

Se debe comenzar por admitir que estamos atravesando el peor momento como sociedad y como oposición, que nos encontramos en un punto neutro en cuanto a las salidas se refieren. Que la dirigencia partidista se encuentra agotada y desconectada del ciudadano, que haber anclado la operación del ingreso de la ayuda humanitaria al supuesto chavismo militar que dividirían al componente armado, y luego con la operación libertad del 30 de abril, y el cuadro decepcionante de la operación Gedeon, fueron estrategias equivocadas, que permitieron la filtración chavista para motivar y animar, primero el compromiso opositor para conducirlo y exponerlo en la derrota después. Que es un error seguir subestimando al régimen, y seguir creyendo que está de salida por débil.

La comunidad internacional obtiene información de primera mano de la oposición, de ahí que pensar que las sanciones darían por resultado una rápida salida negociada  y electoral por estar débil, o el hecho anunciado de que “todas las opciones estaban sobre la mesa” pensando que el solo anuncio de intervención militar seria suficiente fue un error de cálculo también.

Lo he planteado en otros artículos, sin organización de base no existe ninguna posibilidad de salida, toda vez que, cualquier fórmula de salida requiere de la presión organizada de la sociedad para que esta sea sostenible en el tiempo. Si nadie está empujándolo ¿cómo sale?

Sin organización de base, no hay movilización ni presión, no existe posibilidad de exigir en la calle condiciones electorales, y menos posibilidades de reclamar el triunfo por fraude como en Bolivia, si antes no se está organizado. Si hipotéticamente, se hiciera una intervención militar, y no existe organización de base, los interventores no tendrían a quien dejarle el gobierno.

No hay salidas inmediatas y menos ahora que se está desarticulado, el golpe del régimen a los partidos que ya habían acordado participar cambiándoles sus directivas es un duro golpe, descoloca a los militantes, y genera abstención en la sociedad al saber que estos son impuestos por el régimen y que los designados así lo aceptan, por demás los divide sobre la decisión de participación o no participación.

Alguien dirá, “no hay tiempo para eso” y Yo diré, eso lo vienen diciendo todos los años.

La comunidad internacional y meritorio es reconocerlo, han hecho mucho, y Estados Unidos en posición de primera línea, pero llega el momento como el actual que lucen también sin iniciativas, y sin mayor margen de maniobra.

Este es particularmente una señal muy mala para Venezuela, las cartas de juego se agotaron y no pudieron avanzar más, por lo menos por ahora no exhiben nada distinto a sanciones por parte de EEUU y declaraciones y acuerdos los demás.

Si es admitido que, las crisis implica que los sistemas tienen que renovarse para seguir funcionando, si implica que las reglas tienen que cambiar, que lo que se decía funcionar no funciona, ¿cuál es entonces la razón para que las cosas no cambien en la oposición, si es visto que existe crisis de representatividad, crisis de liderazgo, desconexión e incomunicación?

Es tiempo de elegir quienes son dirigentes de oposición y cuál debe ser su estructura, un inmenso voluntariado, que se anime cuando vea que las cosas cambiarán se animará  a participar para desde otras perspectivas, con organización y estrategia puedan conducir un movimiento social al poder.

Hacer lo mismo es seguir en el mismo dilema con los mismos resultados.

 

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