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Rafael Rodríguez Mudarra: Maduro dueño de todos  los  poderes

 

No es propósito distraer a los que puedan leerme, sobre lo dicho en forma reiterada: que Maduro. Si en verdad  reunió las condiciones para aspirar la presidencia de la República. Lo cierto es

que no ha demostrado capacidad para ejercerla como dispone  la Constitución. Lo que me fuerza, sostener que ha  hecho abstracción  al principio de “Responsabilidad”, cual no puede constituir un decir más,  dado que se inserta como un principio de  fundamental importancia en la vida constitucional de la República, que obliga al Poder Ejecutivo  a tener sus actos en todo momento  sometidos a la crítica  de funcionarios distintos a aquellos con los cuales se desempeña en función de gobierno. Todo entendido en la vida constitucional como la función más hermosa del Estado,  de cumplimiento real que hace más efectiva la moral política.

Maduro a ex profeso  se ha negado a aceptar que existe un verdadero principio de incompatibilidad, entre las funciones ejecutivas y legislativas. Estas últimas las ignora,  nos retrotrae al absolutismo político al entreguismo colonial hacía Cuba; ahora con Irán, esta ultima de cultura muy distante a la nuestra, que no respeta los derechos de las mujeres a ejercitarse en las actividades que pone a su disposición la democracia, entre otro a la  igualdad con los hombres.

Venezuela dejó de ser la Nación prospera dado el avance económico y social, con calidad de vida excepcional, con una industria petrolera nacionalizada, la que impulsó en la  OPEP  la participación en condición de  respeto  de los países petroleros no afiliados. Que impuso e hizo valer el valor del petróleo  a los países industrializados, ente ellos los EEUUU. Que  instaló refinerías, para la autonomía del precio. Que  hizo que el petróleo y el gas fueren procesados conjuntamente, no en la forma de explotación parcial como se venía haciendo antes de la nacionalización de nuestra  principal  fuente de producción. Maduro se ha alzado contra la Constitución, ignora su obligación de ser un gobernante responsable,  que   que está obligado a rendir cuentas de sus actos  al poder  representativo  de la opinión  y la voluntad del pueblo, como lo es la  Asamblea Nacional. Maduro, es bueno decirlo por cuanto los hechos lo evidencian, ha hecho valer un solo poder el gobernar en forma absoluta. Concentra todas las facultades en sus manos. Nos retrotrae  al atraso feudal. Dispone de toda clase de mañas. Se  vuelca  en forma perniciosa, caprichosa de autoridad absoluta reviviendo la barbarie  autoritaria, decimonónica   con precavida y malsana intención. Todo lo hace con un palabrerío  de abundante charlatanería.  Obsesionado por la incontrolable  ambición de poder se da por no entender que la democracia, para ser democracia  desde el punto de vista constitucional, por dialéctica  se conforma de la siguiente manera: Un poder que manda, gobierna  y un poder  que Legisla y Controla. Maduro  al no entenderlo, alzarse contra ello se hace responsable e enjuiciable por no cumplir las obligaciones del Estado.

El Estado por mandato de la Constitución,  no por exhortación  debe proteger a la familia, la vivienda, la educación.  Se encuentra obligado sin diferenciación de clase social a resarcir  los daños  por culpa o negligencia de sus funcionarios. Tal precepto nos lleva a preguntarnos: ¿ha  cumplido Maduro, con tal mandato? Evidentemente que no ¿qué pasa  cuando el Estado  no cumple con las obligaciones que le impone la Constitución como mandato? Indudablemente, tiene que haber responsable. Por lo que a partir 2018, cundo  Maduro mediante una ANC espuria se hace reelegir, los actos que ha dictado  lo ha hecho en menoscabo de la Constitución y la ley. Son nulos.

Muerto el militar golpista Hugo Chávez: surge como su albacea Nicolás Maduro, quien hasta ahora se ha venido desempeñando en la Presidencia de la República sin solución de continuidad. No hemos de explicar razones sobre su ascensión al poder, haríamos tedioso lo escrito. Pero lo cierto es, sin equívoco que el funcionario que no cumpla con las obligaciones del Estado, es responsable; en especial el Presidente de la Nación por no haber sido consecuente con la Constitución. Venezuela, no es un decir. Refleja como   verdad  verdadera: Que con la llegada de Maduro al Solio Presidencial,  la Administración  Pública, dicho en leguaje coloquial: “Se la llevó  quienes la vienen administrando”. Venezuela  refleja un dantesco estado de deterioro  y corrupción en todos los órdenes institucionales. Está considerado en la región como el Estado de mayor pobreza y de los más bajos niveles de desarrollo humano.

Maduro durante su  mandato ha hecho del  poder un “Coto cerrado”, con exhibición de grupos y adulantes perpetuados, entre estos  cuenta un pequeño grupo de altos oficiales  en servicio activo, constituidos en factores de pugnas en la controversia política. Ha gobernado para su perpetuación. Crea milicias a su antojo. No rinde cuenta de sus actos. Maduro no ha actuado  como un estadista. Se encuentra distante de serlo. Con Maduro no existe la estabilización de la democracia. La impunidad  de los que están a su servicio, es de constancia mundial, se desempañan  a “rueda libre.” El régimen escudándose en un sentimiento de odio a Colombia la implica en nuestros  fracasos: ha pretendido. Así lo deducimos de  cadenas a diario del Presidente junto a los hermanos Rodríguez, que conforman el “Directorio Sanitario del país”, inventariar la Pandemia como un saldo de la importación venida de Colombia, ignorando que los colombianos han contribuido al desarrollo agrícola y ganadero del país. A la vez que achaca la miseria, enfermedades y destrucción  de toda nuestra estructuras de producción. No a su gobierno: sino a  la guerra, perversa de los  Gringos.

Sin duda alguna el presidente Maduro,  quien recibiera el voto, por expresión soberana cuando inició su mandato, hoy suplantado por el presidente de la Cámara de diputados, por haber mediante elección impuesta por una ANC espuria hacerse reelegir en forma adelantada Presidente, lo cual fuere considerado por la AN  como un  mandatario usurpador, carece del respaldo de más del 82%  de los venezolanos,  rechazado  por más de 60 gobiernos  del mundo, por los EEUU ; y por  organismos internacionales, está,  no cabe dudas incurso en la responsabilidad prevista en el artículo 25 de la Constitución por cuanto,  no ha sabido cumplir las obligaciones que por mandato del Estado está obligado a hacerlo. El Presidente se ha alzado contra la Constitución. Pero se encuentra impugne ¿Quién se atreve a pedir su enjuiciamiento, por no haber sido un  funcionario  que haya cumplido con la responsabilidad social del Estado? Ni el Poder Judicial. Ni el llamado Consejo Moral Republicano ni el Fiscal General de la República se atreven a hacerlo. Todos estos se le han puesto a su servicios; le aprueban  sus ocurrencias, entre otras, admitir  que el  Poder Ejecutivo no reconoce la actuación  legislativa y política de la Asamblea Nacional.

Maduro durante su mandato legal por ineptitud  ha sido el causante de que el Estado venezolano presente características de Fallido (Quebrado). Su gobierno se ha distinguido por la no preocupación por proteger al ciudadano. Ha sido un fracaso social, político y económico por cuanto como  gobierno legitimo en principio, antes de la declaración de usurpación,  incurrió en tal Omisión. También ha sido un gobierno Forajido  débil e ineficaz, fracasado en su gestión. No ha respetado los DDHH según informe Bachelet  incumple las leyes y convenios internacionales que tienen como finalidad preservar el orden y la paz.

No obstante lo dicho, Maduro tiene sus mañas. La enmienda propuesta e implantada por Chávez que inserta en la Constitución la reelección presidencial continua, le inculcó la idea de perpetuarse en el poder. Todo se lo dedica a esa idea. En principio uso el diálogo e importó a  Rodríguez Zapatero como su procónsul para hacerle lobby. Diálogo que usó como ficción para ocultar su perpetuación. Muchos de buena fe fueron objeto de sus triquiñuelas. Hasta los gobiernos monárquicos lo visaron. Tal propuesta resultó  engaño. No acepta la proposición  de un Gobierno de Emergencia Nacional, que le ponga cese a la usurpación, que nombre un CNE independiente, según tengo entendido constituyó la propuesta del grupo opositor. Logra mediante un CNE que le es obediente permitir que se legalicen partidos escogidos a dedos a estos les cede los canales de comunicación, le financia viajes; y le abrió camino para constituir la llamada  “Mesita” contaminada de corrupción  e integrada por conversos,  que pretenden hacerse pasar por opositores. Apoya a la directiva espuria de la AN, el TSJ la legaliza; y como remate  recurriendo a la Omisión Legislativa nombra  un CNE, con un servilismo tal de los nombrados que llegan a hacerlo “Mitologizado”. Solo piensa en su reelección, para ello quiere asegurarse la mayoría de la AN mediante elecciones fraudulentas la cual le  reconocerá  su cualidad de Presidente, para logar tal fin expropia  a un grupo de partidos políticos le nombra directivas Ad hoc. La  “Mesita”  representación de la inmoralidad política, los que la integran los tiene a su servicio. El abuso poder da para eso.

Tal atropello producto de la insania autoritaria de Maduro obliga a los dirigentes de la oposición venezolana a nacionalizar y masificar la protesta. El nombramiento del CNE no puede quedar como un hecho resuelto. Tiene que ser protestado con energía, no admite excusa de los que se presentaron para llevar a cabo tal fechoría. La felonía de expropiación de los partidos políticos  tiene que demostrar  el  guáramo de sus dirigentes para rescatarlos. Todos estamos obligados a tomar las banderas de la unidad nacional. Esas no tienen colores, pertenecen al pueblo. Juan Guaidó debe demostrar que es capaz para conducir a la Oposición. Tiene que cederle espació con respetada participación a los sectores del país que no comparten el gobierno de maduro ni del grupo de este. Que se hace imprescindible  que haya comunicación con la comunidad. Reclamar con energía los derechos que se nos han Usurpados. La pandemia instrumento a diario, usado por Maduro  para injuriar a la oposición no puede achicar el ímpetu  revolucionario del pueblo que a diario  reclama, el mínimo de lo necesario para sobrevivir. La voluntad del pueblo sigue siendo la voluntad del pueblo. Contra esta  voluntad no puede ningún  dictador; pero quienes los dirigen, deben demostrar que tienen capacidad para  imponerla. “Decir que se es la mujer del César, no basta. Hay que demostrar que   se es la mujer del César”.

Abogado, político, presidente de URD

 

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