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Jesús Alberto Castillo: El profesor Müller Rojas, las trochas y los contagios

 

El pasado miércoles 17 de junio, mientras cenaba a las 6 de la tarde,  escuché una alocución desesperada de Nicolás Maduro por el auge de contagios del coronavirus provenientes de Colombia y Brasil. La cifra que señaló fue de 236 contagios ese día (159 comunitarios y 77 importados), lo que marcó un número sin precedente desde que decretó la cuarentena colectiva a mediados de marzo. Aprovechó para develar que muchos connacionales han regresado de Brasil y Colombia por las trochas, hasta el punto de contaminar a los hogares de destino, sin reportarse a las autoridades sanitarias de Venezuela. Pero lo más sorprendente es que dejó entrever que el virus ha sido propagado intencionalmente por los gobiernos de Bolsonaro y Duque, respectivamente, para atentar contra la estabilidad de su mandato y crear caos en la población. Por ende, se veía obligado a tomar medidas drásticas para frenar el crecimiento exponencial del letal virus.

Mientras Maduro intentaba conmover las fibras íntimas de muchos conciudadanos para que vieran la pandemia no como un juego de niños, sino como algo serio, mi mente voló a finales de los 80 cuando cursaba la asignatura “Estructuras Internacionales II” en la Escuela de Estudios Políticos de la UCV con el profesor Alberto Müller Rojas, quien luego se convertiría en una figura del Socialismo del Siglo XXI. Precisamente, el mencionado docente, ya fallecido, resultaba jocoso en su clase. Solíamos disfrutar de sus explicaciones sobre Geopolítica y sus variadas ocurrencias. Recuerdo una anécdota donde llegó 20 minutos retrasado a clase y dijo que era porque había montado una olla para cocinar los ingredientes de las hallacas. Era diciembre de 1989 y tenía que salir temprano de clase para volver a la cocina, no sin antes hablarnos del Nuevo Orden Mundial post Guerra Fría.

Estaba reciente la disolución de la Unión Soviética, gracias a la Perestroika y el Glasnost  de Mijail Gorbachov. Müller Rojas mostraba su risueño rostro y de manera didáctica nos explicaba sobre la hegemonía estadounidense y su impacto en la economía mundial, a expensa de la disolución del Pacto de Varsovia y el bloque socialista. Estaba orgulloso de su alto rango militar y gentilicio andino. Nos comentó que fue gobernador del Estado Amazonas, designado por Jaime Lusinchi. Eran tiempos en que no había llegado la descentralización y los presidentes nombraban a los mandatarios regionales. Siempre con una sonrisa en los labios, Müller Rojas disfrutaba cada conversación en clases. Siempre nos decía: “Los Estados son realmente soberanos cuando son capaces de ejercer su poder a lo largo y ancho del territorio nacional”.

Esas palabras de Müller Rojas no se me olvidaron jamás. Estaban en concordancia con el planteamiento de Max Weber cuando señalaba que “el Estado es el monopolio legítimo de la fuerza física sobre un determinado territorio”. Esto ilustra que todo gobierno, componente político del Estado, ejerce la soberanía al tener el control de su área territorial, espacio aéreo y zona marítima. Para ello se requiere de una fuerza armada, no parasitaria, sino con la sagrada misión de resguardar la amplia y accidentada franja limítrofe que nos separa de los Estados vecinos. De lo contrario, es una entelequia que solo sirve para justificar una burocracia improductiva y embriagada de poder donde los ciudadanos son manipulados como simples experimentos humanos.

Volviendo a la realidad pandémica, lo expuesto por Müller Rojas en las aulas de clase me permite señalar que Maduro sigue manipulando a granel. Intenta ocultar su improvisación frente al COVID 19 con el pretexto de echarle la culpa, más que a los “trocheros” y connacionales que retornan, a los gobiernos de Brasil y Colombia. Es lógico suponer que desde el mismo momento de detectarse el coronavirus en Wuhan, una provincia china interconectada mundialmente, era evidente su propagación en el globo terráqueo, lo que obligaba a los gobiernos a cerrar sus fronteras y restringir los vuelos internacionales o cualquier medio de transporte foráneo. Es lo que se denomina una “cuarentena nacional”. Nadie pasa ni sale del territorio, a menos que cumpla determinados protocolos de seguridad  y sanitarios.

Por lo menos así pensábamos  los venezolanos que ocurriría cuando Maduro anunció a mediados de marzo su política de confinamiento. Suponíamos que desplegaría todos los componentes militares para resguardar cada una de nuestras fronteras, sin dejar un claro por donde alguien se atrevería a evadir el cerco.  Pero, estamos viendo que todo es una vana ilusión. ¡Maduro descubrió que nuestro territorio tiene trochas donde se hacen negocios para pasar a connacionales al territorio patrio! Lo que le cuesta decir es que en esos lugares desguarnecidos grupos insurgentes, paramilitares y narcos salen y entran a Venezuela para hacer grandes negocios. Ahora lanza un grito de alerta contra la expansión del coronavirus por culpa de las trochas, como si estuviera descubriendo el agua tibia. ¡Un vetusto libreto en labios de un empedernido titiritero!

Seguro que ahora desarrollará una costosa campaña de ser víctima de un complot internacional con el coronavirus. Un ataque planificado desde los países vecinos, convertidos en verdaderos focos de contagios del peligroso virus. Una estrategia más para que la gente sienta que la curva exponencial es culpa exclusiva de los “lacayos” del imperialismo yanqui. No es casual que sus voceros repitan como loros “tantos casos comunitarios, tantos casos importados, principalmente de Colombia, Ecuador, Perú y Brasil”. Es el mismo discurso de los regímenes totalitarios que repiten mil mentiras para convertirla en una gran verdad en la psique colectiva. ¡Hasta cuándo esa descarado denuesto contra el pueblo venezolano!

 

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