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José Guerra: Álex Saab y la revolución traicionada

 

Los golpistas del 4 de febrero de 1992 enarbolaron la bandera de la lucha contra la corrupción para justificar el derrocamiento de Carlos Andrés Pérez. El movimiento, en apariencia, estuvo motivado por nobles intenciones, tanto que hasta un libro fue escrito por Ángela Zago para realzar esa gesta. El titulo fue muy sugestivo, La Revolución de los Ángeles.

De los cuatro que encabezaron el intento de golpe de Estado, uno tenía ansias de poder irrefrenables e ilimitadas; otro ha sido hombre de conducta lábil y volátil; el tercero murió en un accidente y el cuarto fue jefe de la Disip, luego Sebin, y le presentó a Chávez en 2000 un detallado recuento de lo que serían los primeros casos de corrupción. Chávez no le prestó atención y el comandante Jesús Urdaneta Hernández salió del gobierno.

Todos los líderes comunistas importantes son alienados por el poder y suelen morirse atornillados a él como pasó con Lenin, Stalin, Mao, Fidel Castro, entre otros. Aquellos autodenominados revolucionarios del 4 de febrero se han trocado, unos en prósperos empresarios no por esfuerzo sostenido, sino a la sombra del Estado y otros en burócratas, sin talento y sin virtud, gestores de una maquinaria partidista que se mueve aceitada por el lubricante de los fondos públicos.

La figura de Álex Saab es un ejemplo fidedigno de hasta dónde llega la revolución bolivariana. No es este sujeto aquel empresario que comenzó desde abajo a labrar su negocio con esfuerzo, como aquel prototipo reseñado por el gran escritor Joseph Schumpeter. Su salto fue monumental. Hay quienes dicen que en Venezuela no hay fortuna que no se haya hecho al cobijo del fisco. Ello no es cierto. Es como decir que Rockefeller, Carnegie, Vanderbilt, Mellon, entre otros, se hicieron ricos en Estados Unidos con prebendas del Gobierno Federal. Aprovecharon un sistema que les dio oportunidades y no los obstaculizó que es diferente. En Venezuela eso sucedió con muchas fortunas.

El primer contrato conocido de Álex Saab le fue otorgado por Chávez por un monto de US$ 600 millones para la elaboración de casas prefabricadas, cuyos materiales fueron adquiridos en Ecuador cuando Correa era presidente. Saltó al estrellato Saab con la construcción de gimnasios verticales ordenados por la Fundación Propatria 2000. Allí hizo su agosto. La suerte lo siguió acompañando al convertirse en el principal proveedor de las bolsas Clap y de Corpovex y se estima haber recibido contratos entre 2013 y 2018 por US$ 1.500 millones y las correspondientes divisas preferenciales por parte de la Cadivi del hoy General Barroso. Su importancia era tal que un empleado suyo fue designado presidente por Nicolás Maduro para dirigir la empresa Minerven y así facilitar la exportación de oro.

Pero como al apostador, le toco a Saab perder una mano importante, tal vez decisiva. Ahora está detenido en Cabo Verde, enfrentando una probable extradición a Estados Unidos o Colombia donde le van a exprimir la información a cambio de una pena menor. Tiemblan muchos. Tiembla la revolución traicionada. Herida de muerte por la corrupción.

 

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