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César Malavé: Ser padre

 

“He aprendido que cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño por primera vez el dedo de su padre, lo tiene atrapado por siempre”. García Márquez.

Nos aprestamos a celebrar El Día del Padre, por supuesto, es una celebración  menor que el Día de la Madre, y lo veo incomprensible, precisamente porque somos un bien más escaso, lo cual debería estimular la valoración de la responsabilidad paterna. Yo, en lo particular, lo celebro, aún con mi padre muerto, con la misma intensidad. Al decir celebrar, me refiero específicamente a recordarlo, y tornar la mirada al pasado, para volver a verlo, trajinar duro, con todo y sus limitaciones y pobreza, llevar la vida a su máxima expresión para que no se le escapara el encanto y alegría de vivir. El álbum de los recuerdos abre sus páginas frente a mis ojos, invitándome a dar un paseo por los jardines de la rica heredad, en la que nunca germinó la oscuridad a pesar de lo difícil y rudas pruebas del destino. Cual multitud de palomas en vuelo, desde un rincón de la memoria, brotan incesantes los recuerdos de mi viejo. Feliz, sabio, muy sabio en sus abismos, creativo en sus penurias, sacó tiempo para inventarle a su cotidianidad entonaciones de resonancias singulares. Le gustaba tomarse un roncito de vez en cuando, pero con todo y eso, su ejemplo es dignamente ejemplarizante. Con su ejemplo nos decía, silentemente, que uno tiene que aferrarse a la esperanza que está al otro lado de los miedos, buscar el hidratante milagro del esfuerzo que está al otro lado de la flojera y mantener viva la alegría que está al otro lado de la depresión

Su paradigma es la energía que sustenta nuestra conducta, su frenesí el hálito, su evocación la invitación a no extraviar el camino de la rectitud. Es un orgullo saber legó su resistencia, su coraje, su indestructible voluntad, su empinada fe, su cariño, su dignidad y su clase. Aprendí de él que hay que elevarse por sobre las dificultades hasta vencerlas y mantenerse contento a pesar de la agotadora labor. Celebro las remembranzas que fueron la escuela de quienes tuvimos el honor de haber visto a mi padre ir a ganar el sustento por difíciles e intrincados lugares  cumaneses, primero caminando, y luego con su bicicleta atravesando múltiples peligros. Con su fe y voluntad, César Clemente Malavé Ayala, ha dejado en el alma de sus once hijos grabado el ejemplo de sus siembras y lo divino de su esperanza al vencer las sombras que en algún momento quisieron impedirle ver la luz y avanzar.

En nuestra memoria y corazón quedó grabado lo grande de su existencia. Evocarlo se ha hecho una necesidad similar a la partícula de agua que requiere un sediento en el desierto. En mi caso particular, confieso, que no he sido un padre perfecto, pero soy un padre orgulloso. La vida ha sido muy generosa conmigo. De todo o lo mucho que me ha dado, nada me enorgullece más que mis dos hijos y mis cuatro nietos.  Hoy es el Día del padre, ocasión que aprovecho para enviar un fuerte abrazo a todos los padres que conforman mi familia, a los de la gran familia neoespartana y venezolana en general. Para ti papá, un abrazo donde quiera que te encuentres. Fuiste un hombre singular a quien, agradezco la vida y rindo en este día tributo a tu recuerdo, fuente donde busca abrevar la sed que hay que saciar en lo que me falta aprender; para llegar a ser un padre como tú

@cesarmalave53

 

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