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Marcos Villasmil: Ladrones, payasos y focas (y Groucho Marx)

 

I) Una vez más se realiza un aquelarre chavista, con una muy desafinada tonada de letra cubana, música del Tribunal Supremo y diversos bailarines secundarios criollos, con el fin de elegir un nuevo Consejo Nacional Electoral, para unas próximas elecciones –con o sin virus chino- buscando escoger una Asamblea Nacional a gusto del régimen. Sus protagonistas hacen recordar, en forma muy particular, algunas de las tantas y afortunadas sentencias del genial comediante Groucho Marx; vamos con la primera: “Disculpen si les llamo caballeros, pero es que no les conozco muy bien”.

El esperpento chavista-madurista fue celebrado por los de siempre: los miembros del TSJ, los mandarines del régimen y los sirvientes habituales, opositores de boquilla, miembros de unos partidos fantasmagóricos como el MAS o la Alianza Progresista. Dándole un giro a la frase marxiana, a ninguno de ellos se les puede llamar caballeros –o caballeras, siguiendo la moda lingüística feminiza- porque los venezolanos los conocemos demasiado bien, en especial a los que se dicen opositores: estos últimos reciben la recompensa de parte de los que tienen la chequera por su papel de extras en esta tragicomedia; pretenden ser protagonistas, pero saben y no se engañan que la historia patria futura, si es generosa, apenas les dará alguna mención a pie de página: Henri Falcón, Claudio Fermín, Felipe Mujica, Timoteo Zambrano, et al. Serán recordados no por las ideas que defendieron sino por el precio que pusieron a su traición.

¿Qué pensar de los nuevos miembros electos de un Consejo Nacional Electoral que no nació, sino que fue un nuevo aborto de la tiranía? “Comparsas de la ignominia” los llama acertadamente Milagros Socorro; no merecen ni siquiera ser retratados al detalle, porque son simplemente unos pillos, mamarrachos y cantamañanas. ¿Su labor? Intentar vender al mundo la idea de que al chavismo le queda un rasgo humano, con el que vale la pena seguir negociando. En teoría no tienen que laborar mucho: deben supervisar unas elecciones cuyo resultado será decidido en La Habana.  Las palabras que ya están comenzando a emitir algunos de sus miembros son “más falsas que promesas hechas en vino”, que diría William Shakespeare.

Obviamente, a ningún demócrata verdadero se le puede ocurrir asistir a un proceso eleccionario bajo este CNE que nace como morirá: ilegítimo y corrupto. Como lo es un régimen que no contento con este nuevo adefesio le añade además el muy reciente ataque a la institucionalidad de Acción Democrática y Primero Justicia.

¿Qué será de los viejos –más bien viejas- miembros del  CNE previo, con Tibisay Lucena a la cabeza? Sus funciones habrán culminado pero el daño que le han causado a Venezuela jamás será olvidado por los ciudadanos.

II) Otra gran frase de Groucho Marx: “El secreto de la vida es la honestidad y el juego limpio, si puedes simular eso, lo has conseguido”. Por muchos años los mencionados arriba jugaron quizá no a ser honestos y jugar limpio, pero por lo menos a parecerlo, a simularlo. Ya se les acabó la cuerda.

A todos ellos los ha descrito, según su papel en el desatino, Fabiana Rosales, esposa de Juan Guaidó, en un muy sucinto pero feliz tuit: “Lo de hoy no es más que una farsa montada por ladrones, protagonizada por payasos, y aplaudida por focas”.

Y todos fingiendo la misma seriedad que ponen los voceros de la dictadura cuando nos mienten sobre los efectos del coronavirus en estas tierras.

Ladrones, payasos y focas: la imagen traspasa las fronteras criollas, ya que el socialismo del siglo XXI, en la diversa geografía hispanoamericana, fue siempre generoso a la hora de producir especímenes de ese tipo.

Un ejemplo histórico especialmente adaptable a los payasos y focas criollos actuales es el de una organización política de la Alemania comunista, la República Democrática Alemana,  llamado el “Partido Democrático Campesino de Alemania” –cómo les gusta a los comunistas usar la palabra democracia, a la que siempre traicionan- cuyo rol fundamental era servir de comparsa al régimen, dar imagen de “pluralismo” y de que las elecciones, cuando se realizaban, eran realmente competitivas, que la cosa era en serio, y no una patraña más, previamente arreglada.

III) Volviendo al aquelarre: qué lástima que no los pudo acompañar en la reunión el afectuoso compañero Alex Saab, acusado de ser uno de los más consecuentes testaferros de Nicolás Maduro. Me lo imagino, en algún momento Kodak, de descanso de guerrero luego de múltiples y complejas decisiones comerciales,  diciéndole a uno de sus descendientes otra frase de Groucho Marx: “Hijo mío, la felicidad está hecha de pequeñas cosas: un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna”.

Nadie podrá acusar nunca a Saab de lerdo o perezoso. El problema es que  al parecer no se contentó –ninguno de los protagonistas fundamentales del chavismo lo ha hecho- con pequeñas cosas, con algunas ganancias, con una plática para tener ahorros con los cuales protegerse en la vejez. Solo en Colombia le incautaron recientemente bienes por valor de $9 millones, producto de una operación de importaciones ficticias. Ha sido acusado asimismo de ser un muy emprendedor lavador de activos, estafador, así como de enriquecimiento ilícito y concierto para delinquir; incluso se habla que ha  manejado negocios hasta por $20.000 millones. Pero una  de las principales operaciones con la que Saab está acusado de lucrar de manera ilegítima es el programa de comida del régimen venezolano, conocido como CLAP. Un auténtico bozal –pero no de arepas-, una cruel práctica de control social con el cual por años la tiranía ha buscado ganar el apoyo, luego el voto y ahora simplemente la resignación pasiva de millones de ciudadanos empobrecidos por las políticas socialistas.

Detenido el pasado fin de semana, cuando su avión privado ¿cuándo fue la última vez que un chavista peso pesado viajó en un vuelo comercial? hizo escala en Cabo Verde rumbo a amigables praderas y valles en Rusia e Irán. Al momento de escribir esta nota no está claro si será extraditado a los Estados Unidos, o si los rusos, iraníes, chinos, turcos y cubanos (y a lo mejor hasta Zapatero) logran salvarlo del uniforme naranja…por ahora.

Al conocer la noticia de la detención de Saab, a los ladrones, payasos y focas que celebraban encapillados el nombramiento del nuevo CNE, la champaña celebratoria debe haberles sabido, de repente, a cianuro espumoso, como en una muy celebrada novela de la señora –ella sí merece el nombre- Agatha Christie. Y un castigo que se merecen todos, comenzando por Saab, es alimentarse el resto de su vida exclusivamente del contenido de las cajas CLAP. En todo caso, se merecen un castigo proporcional a las esperanzas traicionadas y a las vidas destruidas.

“Ahora les toca sufrir a ustedes, señores asesinos”, diría Guy de Maupassant.

 

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