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José Antonio Gil Yepes: La bomba atómica y el coronavirus

 

Mucho se ha discutido sobre la justificación del lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki por parte de Estados Unidos. Los argumentos a favor se pueden resumir alrededor de las preguntas de Harry Truman, entonces presidente del país del norte: ¿Cuántos morirían y cuánto duraría la guerra si se lanzan las dos bombas o si no se lanzan? Las respuestas fueron: Si se lanzan, las muertes se ubicarían entre 150.000 y 250.000 de personas y la guerra duraría uno o dos meses más. Si no se lanzan, las muertes se ubicarían entre 700.000 y 1.000.000 de personas y la guerra duraría varios meses o hasta un año más. De allí que la decisión fue lanzar las bombas.

Para unos analistas esta decisión fue moral y bélicamente justificada. Algunos otros la califican de un “crimen de guerra”. Inclusive, Dwight Eisenhower, comandante del frente de Europa, y luego presidente de Estados Unidos llegó a decir…”los japoneses estaban listos para rendirse y no era necesario golpearlos con esa cosa horrible”.

Toda esta introducción sobre el dilema de lanzar bombas atómicas sirve para hacer un paralelismo, a la inversa, sobre el dilema que presentan la pandemia entre muerte por enfermedad o hambre.

Se pueden entender que la mayoría de los gobiernos decretaran la cuarentena total lo antes posible para evitar el contagio y las muertes relacionadas ante una enfermedad desconocida. Pero también se puede entender que otros, como los de Gran Bretaña, Brasil, etc. trataran de mantenerse trabajando para evitar los daños. Aunque estos últimos eventualmente tuvieran que entrar en cuarentena, el dilema “enfermedad y muerte versus hambre y desnutrición” no está resuelto.

En los países pobres y en los estratos pobres de los países ricos, es decir, no menos de un 70% de la población del mundo este dilema prácticamente no existe porque, para quienes no tienen ahorros, es necesario salir todos los días a la calle para buscar el sustento. Pero lo hacen en desorden y en desventaja porque la economía se encuentra en mengua.

Por otra parte, la tozudez de la pandemia, la falta de un tratamiento adecuado y de una vacuna apuntan a que la pandemia se prolongará por no menos de un año más. Esta creencia se reafirma con los repuntes de la enfermedad una vez que se ha flexibilizado la cuarentena. Pero, ¿qué es lo racional, insistir en cuarentena total o abrir con precaución?

Dada esta pregunta es que traje a colación el simil de las bombas atómicas sobre las ciudades japonesas. Cuántas personas van a sufrir de hambre, desnutrición, deficiencias mentales y de salud por no trabajar versus cuántas personas pueden enfermarse y, de éstas, cuántas pueden morir por el coronavirus?

La respuesta es obvia, muchas más personas van a sufrir por no trabajar que las que pueden morir por la pandemia. Antes de esta enfermedad, la FAO y otras organizaciones relacionadas con el tema alimentario mundial estimaban que unos 100 millones de personas sufren de hambre extrema, a lo cual se deben haber sumado millones más por el paro económico que supone la cuarentena. Sin embargo, no llegan a ocho millones los enfermos por la pandemia ni a 480 mil fallecimientos. Es decir, que si los gobiernos deciden insistir en la cuarentena para evitar la enfermedad a pesar del hambre le estarían arrojando la bomba atómica a los hambrientos del mundo, con el agravante de que, en este caso, el número de bajas es mayor, lo contrario al caso de la Segunda Guerra Mundial.

Esta situación hay que encararla con líderes más estadistas que proteccionistas: es necesario que esos líderes asuman que deben sacar la cuenta de cuántas más bajas por hambre están generando al proteger a una minoría de la enfermedad. Claro, la tentación de esos líderes es que el hambre es silente y milenaria, mientras que la pandemia es nueva y muy ruidosa. La solución al dilema equivale a cambiar el mantra vigente “Quédate en casa” por el de “Reincorporate con precaución” mediante reglas muy claras para las personas hasta 60 años de edad cuya mortalidad no llega al 1% de los enfermos. Solamente las personas mayores y aquellos que sufren de condiciones previas de salud deben quedarse en casa.

@joseagilyepes

 

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