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Alfredo Salgado:  No es un estúpido

 

La propaganda de los medios de comunicación masiva, nos presenta a Donald Trump como el summum de la ignorancia y de la estupidez.

El desdén en su contra con el que la señora Clinton inició su fallida campaña electoral de 2016, la altivez de la señora Pelossi, la condescendencia con la que era tratado por los Obama y aún por las élites intelectuales de su natal New York, les impidió  ver a sus adversarios que aquel candidato al que subestimaban, quien parecía estar tomándoles el pelo a todos con su aspiración a la Presidencia de los Estados Unidos, si tenía muy clara la misión y el papel que venía a cumplir al asumir las riendas del coloso del norte: parar en seco la Agenda  Globalista ideada por las élites financieras internacionales, en alianza y con el apoyo de las burocracias políticas, los organismos internacionales nucleados en la ONU y El Vaticano.

Ellos no sabían que Donald Trump sí sabía. Y lo sabía muy bien.

Consciente del papel y del tiempo que se vive, ha estado fuertemente acompañado del liderazgo evangélico de los EE.UU., que le ha aportado un basamento ético a su discurso, pero también se ha ganado el apoyo de líderes honestos del Establishment, que asqueados de la corrupción que salía del Pantano, se pusieron tempranamente al servicio de la salvación de su país, como es el caso del General Michael Flynn, quien le aportó toda la información referente al espionaje ordenado por Barak Obama en contra de su campaña, como Presidente  Electo, y más aún, la conspiración en su contra que se desató a fin de dar un golpe de estado e impedir que asumiera la Presidencia. Dicho en dos platos: el Obamagate.

¿Por qué la virulencia con la que el Estanbishment, la Nomenklatura de los Estados Unidos, el Deep State, reaccionó aún antes de que Trump asumiera la Presidencia?

La temprana reacción en contra de Donald Trump, se asemeja tremendamente pero en sentido contrario, al temprano Premio Nobel de la Paz, que le fuese otorgado a Barak Obama, por las “gertiones que realizaría a favor de la paz”:

La oposición a Trump viene por el hecho que él representa una visión contrapuesta a los postulados defendidos por la izquierda mundial, de la que el Partido Demócrata, es el fiel representante en los EE.UU.

Cuando el Establishment se dio cuenta de que Donald Trump no era un chiste, no era un reality show, que encarnaba un visión que se les oponía, ya era tal vez muy tarde para ellos.

Tal vez el primer anuncio contundente de lo que él encarnaba, fue manifestado de modo expreso, en el histórico discurso dado en Tampa a pocos días de las elecciones del 2016. Todo el mundo debe mirar ese discurso, aún disponible en You Tube, y que al momento y de modo desprevenido, la gente de CNN transmitió en vivo y de modo íntegro. Hoy no harían lo mismo.

Al momento de ese discurso, ya era muy tarde para las élites del globalismo frenar el empuje de la candidatura de Donald Trump, y no les quedó más a mano que lloriquear luego del su triunfo, He´s not my president!, y dar inicio a la serie de disturbios callejeros en New York, que hoy repiten a lo largo del país, con la coartada de Black Lives Matter. Si se habían anticipado a un Premio Nobel, ¿por qué no anticiparse a un golpe de Estado, antes de que asumiera el nuevo presidente?

Lo que está en juego hoy, no es un capricho, no es el guíon de un reality show. Es la vida real, la vida real del planeta entero.

Son dos visiones diametralmente contrapuestas: la visión globalista y la visión de los patriotas.

Flaco favor se hacen aquellos que ridiculizan a Donald Trump por su supuesta estupidez. Donald Trump y su formidable equipo, y el muy creciente número de ciudadanos que lo apoyan, tienen una visión muy inteligente, muy clara y estructurada del rumbo que deben tomar su país y las naciones: el de defender sus intereses nacionales y el cooperar unas con otras, el de defender la vida y el conjunto de los valores judeocristianos sobre los que descansa occidente.

Pero además, y es la otra muy mala noticia, Donald Trump ha demostrado, aparte de la visión ya mencionada, que es un muy eficiente comunicador. De seguro no lo es como Lincoln, Kenneddy y Obama, formidables oradores, pero es un comunicador certero, directo, claro, firme, que hace lo que dice y dice lo que hace, lo que requiere una alta dosis de valentía, que ha demostrado que le sobra, al momento de denunciar con nombre y apellido, la amenaza del Estado Profundo y de las élites globalistas, traficantes de la muerte y el caos, sobre la humanidad entera.

De manera que las mentiras de los medios acerca de Trump, esas que repiten quienes aún no abren los ojos a la amenaza que se cierne sobre nosotros, rebotan contra la granítica pared de la realidad: que este hombre brusco, áspero y poco delicado a veces, está luchando la lucha de la gente común y corriente, como tú y yo, en contra de la implantación del Nuevo Orden Mundial con el que nos quieren esclavizar.

Y su única fortaleza es la gente común y corriente.

Somos tú y yo.

No podemos dejarlo solo.

 

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