Inicio > El pizarrón de Fran opinión > Manuel Isidro Molina: La muerte de dos políticas

Manuel Isidro Molina: La muerte de dos políticas

 

En Venezuela se está evidenciando la muerte simultánea de dos políticas criminosas que han arruinado al país y empobrecido exasperantemente a la población, en medio de una economía semidestruida y la desesperanza que invade a los hombres y mujeres del común.

Sufrimos una cada vez más expuesta, tragedia histórica. El relajo ético transversalizó a la sociedad venezolana, al son de las irracionales pugnas políticas y conspiraciones de factores económicos y comunicacionales asociados sibilinamente al conflicto por intereses inconfesables de enriquecimiento y poder, teñidos de difusos colores bipartidistas.

 Las “victorias” de Maduro

Las victorias pírricas del presidente Nicolás Maduro Moros sobre una oposición extremista y autodestruida, no han hecho más que exponer la sobrevivencia hacia la nada que caracteriza a su gobierno. Todo está como autosuspendido, pero marcado por el fracaso generalizado, el saqueo y la corrupción purulenta de militares y civiles de la burocracia estatal, enriquecidos hasta el asco, unos; y haciendo, los otros, parte de prácticas extorsivas contra la población, tan aberrantes y repugnantes como las impuestas para la venta de gasolina o la comercialización de alimentos y medicamentos subsidiados.

Este declinante ritmo se ha hecho una característica insultante de la vida venezolana, para cualquiera que salga a la calle o se atreva a visitarnos desde el exterior, en tiempos de pandemia bajo el bloqueo criminal Trump/Guaidó sobre la destartalada economía estatal, privada y comunitaria: todo funciona precariamente en esta economía delictiva que nos asfixia, como si estuviésemos en guerra pero sin balas ni bombas destrozando vidas y ciudades enteras, aspiración de algunos desquiciados, que también los hay.

Ya es lugar común decir que “el de Maduro, es el peor gobierno de nuestra historia”. Y así lo creo, sin desconocer las adversidades que ha enfrentado, embestida tras embestida, desde el día mismo en que comenzó su primer periodo el 19 de abril de 2013, en medio del impacto de la muerte del presidente Hugo Chávez Frías, el 05 de marzo de ese año, y una feroz campaña que buscó impedir su triunfo electoral, calificado de fraudulento, inmediatamente.

La derrotada y fragmentada “oposición”

Lo que, digamos, comenzó en 1998 y se encrespó en 2002 y 2003 contra Chávez, quién les ganó una tras otra todas las refriegas, para Maduro -que también se las ha ganado- se tornó en especie de revancha opositora interna con altísimo aliño externo, principalmente desde Colombia y Estados Unidos.

Entre 2013 y 2020, todo han hecho con el deliberado propósito de defenestrar a Maduro, desde Henrique Capriles, su contendor presidencial en 2013 que llamó a “descargar esa arrechera”, y  Leopoldo López, María Corina Machado y Antonio Ledezma llamando a una “Salida” violenta “guarimba 2014, hasta Henry Ramos Allup, Julio Borges, Bbbb y Juan Guaidó, quienes entre 2016 y el año en curso han probado casi todas las “técnicas” de los golpes blandos y duros, sin aciertos. La prueba suficiente e irrebatible de tan rocambolesca derrota es que Maduro despacha en Miraflores y los mencionados andan donde y cómo andan. Nadie más que ellos, conoce de sus frustraciones y modos de vida y ostensible lucro.

Colombia, EEUU y Brasil rumian su frustración

Es tal el grado de desconsuelo, fragmentación y frustraciones de esos actores políticos derrotados por Maduro, el PSUV y los factores de poder internos y externos que los soportan, que los gobiernos de los presidentes Dolnald

Trump e Iván Duque no escapan a sus efectos.

La bipolaridad destructiva -reconocida y rechazada por la mayoría de venezolanas y venezolanos- ha sido exponenciada por los efectos perniciosos del criminal bloqueo Trump/Guaidó, que incluye el inédito cerco político, económico y comercial por parte de Brasil y Colombia, mercados naturales de Venezuela. Ha sido una asfixia extorsiva contra toda la sociedad venezolana, ilegal y brutal, que se ha revertido contra los gobiernos de Trump, Duque y Jair Bolsonaro, inmersos en las graves consecuencias de sus pobres desempeños durante la pandemia Civid-19.

Se ha demostrado que la mayoría de nuestro pueblo defiende su soberanía, la independencia nacional, la paz y los derechos sociales, dejando a Trump, Duque, Bolsonaro y sus socios políticos en Venezuela, contra la pared.

La opción renovadora es viable

Esta especie de saga política criolla -nada encomiable- arroja un país destartalado y una dirigencia política altamente cuestionada. Casi sin remedio, a menos que reconozcan que lo vienen haciendo muy mal, por lo que la mayoría los desestima y ha arrinconando bajo acusación pública.

Esas dos políticas están muertas, “no tienen vida”. Venezuela espera por la emergencia responsable de políticas distintas, cualitativa y éticamente. El cese a la irracionalidad y los lances destructivos que disparan la conflictividad, es indispensable, como lo es el impulso de un proceso democrático y participativo por la reconstrucción moral e institucional de la República, que debe comenzar con las elecciones parlamentarias de 2020, que permitan renovar el liderazgo político y afianzar la paz y el entendimiento histórico con la Asamblea Nacional 2021/2026, que abra paso a la estabilidad política y la elección de las autoridades regionales y municipales, el próximo año.

Otra forma de hacer política es viable y posible, si queremos y nos zafamos de la impronta de los actores principales del cepo de la destrucción nacional.

Coordinador del Movimiento Popular Alternativo (MPA)

Ex presidente del Colegio Nacional de Periodistas

manuelisidro21@gmail.com

 

Traducción »