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Ramón Guillermo Aveledo: Lo barato sale caro

 

La crisis venezolana empeora cada día y empobrece la vida con servicios básicos decadentes, hiperinflación dolarizada y las secuelas corruptoras de esta agonía prolongada. La oposición golpeada y desgastada. El grupo en el poder ve en su fortalecimiento relativo el espejismo de un oasis y  juega duro. Aunque sea más larga, esa  también es  calle ciega, pero con más sufrimientos para los venezolanos.

Se impone en los gobernantes la estrategia de resistir. Al fin y al cabo, les ha resultado. De allí su endurecimiento intermitente pero continuado desde el 5 de enero. Su apuesta es que la comunidad internacional se cansará y que en la elección americana puede haber cambios. Subestiman su inmenso desprestigio mundial y se equivocan en su análisis norteño. El prejuicio les hace daño. Seis meses es mucho tiempo. Mirando hacia atrás, nadie pensaba que esta sería una elección disputada y ya lo es. Es pronto para cantar un resultado. Y no hay que olvidar que el aplauso a Guaidó en el Capitolio fue el único momento unánime la noche del State of the Union y que el aspirante Demócrata ha distinguido su visión de la relación con Cuba de la con Venezuela. Cuentan con que por su lado la oposición apostará a que se quebrarán y decida quedarse atrapada en la trampa de la polarización “radical”.  Pero en los espejismos no se puede navegar, ni siquiera nadar.

No es secreto que creo que la solución política, por mucho menos costosa humana, social y económicamente, es la preferible. Esa pasa, tarde o temprano, por el voto libre de los venezolanos. Para eso es ineludible una negociación que lleve a un acuerdo. Sólo así podría designarse un CNE creíble para todos los actores  y acordarse unas condiciones mínimas que les permitan salir a pedir el voto a una ciudadanía cansada y desconfiada. Siempre se vio difícil pero no imposible. Una carretera de tierra estrecha, larga, con curvas peligrosas y derrumbes sobre terreno frágil. Aunque, hay que anotarlo, el acuerdo sobre COVID 19 y el documento de Primero Justicia fueron lucecitas en la noche oscura.

El grupo en el poder, confiado de su ventaja, podía optar por nombrar un CNE convenido con la “Mesa de Diálogo Nacional” de la Casa Amarilla, llamada por sus críticos “la mesita”. Con mayoría suya y convocará un proceso no competitivo, sin credibilidad, un “2018 Parte II” que le dará una Asamblea carente de legitimidad aquí y afuera. En todo el continente americano y en Europa sólo se reconocerá una elección creíble. Lo dice el viejo refrán: lo barato sale caro.

Tenía alternativa. Con la base en lo avanzado en el Comité de Postulaciones de la Asamblea Nacional, acordar un CNE equilibrado. Se exponía al riesgo político de perder y a costos inmediatos, pero por ahí había la respuesta a la crisis. Su potencial era muy superior. Él mismo fué estrechando esa ruta, cerrarla completamente es suicida.

Porque se ha determinado que darse un clavado en un espejismo puede ser dañino para la salud.

 

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