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Pedro R. García: ¿Emulara Juan al Cartaginés, o esperaremos a the Barbarians New wedge?…

 

Esperando a los bárbaros, de J.M.Coetzee  “Qué esperamos agrupados en el foro? 

Hoy yegan los bárbaros.

¿Por qué inactivo está el Senado e inmóviles los senadores no legislan?

Porque hoy yegan los bárbaros.

¿Qué leyes votarán los senadores?

Cuando los bárbaros yeguen darán la ley.

Porque hoy yegan los bárbaros. Nuestro emperador   aguarda para recibir a su jefe. Al que hará entrega de un largo pergamino.

En él  escritas hay muchas dignidades y títulos

¿Por qué de pronto esa inquietud  y movimiento? (Cuanta gravedad en los rostros.)

¿Por qué vacía la multitud calles y plazas, y sombría regresa a sus moradas?

 Porque la noche cae y no yegan los bárbaros. 

Y la gente venida desde la frontera, afirma que ya no hay bárbaros.

¿Y qué será ahora de nosotros sin bárbaros?

Quizá ellos fueran una solución después de todo.

(Konstantinos Petrou Kavafis-1904)  

Una acotación necesaria…

En el hoy vemos como todavía redactan novísimas proclamas y manifiestos, producidos por las burocráticas alianzas de naciones, yamense ONU-OEAGrupo de Lima-Tiar, y demás, se desconocen se imputan y se invocan por los nuevos alaricos a inéditos y milagroso textos jurídicos fórmales todo acompañado de un alambicado y enfático discurso, mientras que los sufrientes permanecen en quebradas y laderas donde sobreviven en las principales ciudades marginalizadas donde no les yega la tan cacareada “paz a los hombres de buena voluntad”.  En el país más de cuatro miyones han migrado otros tres miyones en el borde inferior de la sociedad y casi cuatro miyones de niños que no asisten a la escuela, su injusta situación no es vista ni escuchada por los centros de poder que cierran ojos y oídos. Es hora de abordar el ejercicio de la política con “M” mayúscula: La degradación de la vocación civil en Venezuela ha provocado efectos como la rendición ante la notoriedad sin mérito o la búsqueda de hilos conspirativos para explicar una crisis económica y política que se hecho crónica. El ejercicio de poderes políticos sin responsabilidad, un Parlamento convertido en escenario de disputas estériles, y el desagradable espectáculo ultimo de presuntos diputados corruptos, igual que los convictos a quienes se le proporcionan grandes megáfonos mediáticos han formado parte del paisaje oficial de Venezuela en durante los últimos 20, años. El problema se agudiza cuando la política deja de hacerse en los ámbitos institucionales donde debería ser reconocible, ni siquiera son capaces de un serio análisis de las causas del deterioro de la confianza en aquellas. El engaño del debate político, sustituido por su reducción a  la al falseado dilema comunismo-liberalismo, formatos televisivos, acotados  y contingentes mensajes en la red,  que fuerza el escarnio de erosión hacia las instituciones. La retórica repleta de obviedades, los discursos comprimidos basados en argumentos irritantes de quienes gobiernan y de los que se creen predestinados a sucederlos, el uso constante del “tú eres un apátrida” han hecho mucho daño a la credibilidad de la política. Incesantemente estamos en la de búsqueda de chivos expiatorios, explicaciones fingidas o soluciones autoritarias para asuntos complejos. No cabe esperar de la política un grado de influencia en hechos objetivos: lo que se hace es aportar a la demolición de la confianza. Los nichos de abstención entre el pueblo en general, y las dudas de muchos votantes sobre sus antiguos partidos han constituido un potable caldo de cultivo para buscar “otras elucidaciones” a la crisis. Los conceptos de democracia, de claridad y de responsabilidad están en juego. Yegó el momento que los actores políticos del país se comporten como individuos sensatos, que puedan atinar o dar pie con bola, pero no optar por formas de comunicación como dirigir mensajes a través de las redes, telefonear a un programa de cuentos o abusar de declaraciones unidireccionales (es decir, sin preguntas). No es raro, en ese contexto, que hasta los actores se crean autorizados a participar en el esfuerzo de quien para alegría de muchos corazones despertó el Diputado  Juan Guaidó, es tiempo de cesar la política como espectáculo. La frivolidad ha prosperado debido, en amplia medida, a la falta de credibilidad de los dirigentes políticos de indistinto pelaje ideológico y su inacción a la hora de abordar el rediseño de las actuaciones reiteradas y democráticas. Se conmemoran treinta y cinco años de la muerte de ese gran pensador de la estrategia que fue Michael Foucault, vale la pena repasar uno de sus textos seminales, más hermosos y entrañables, su resumida introducción a la vida no fascista escrito a modo de prefacio para la edición inglesa del Anti-Edipo, de Deleuze Guattarari. En él, Foucault, se refiere al fascismo como el gran enemigo, el adversario estratégico… y no solamente al fascismo histórico que fue capaz de movilizar y utilizar tan efectivamente el deseo de las masas, sino el fascismo  que mora en todos nosotros, en nuestra mente y en nuestra conducta cotidiana, el fascismo que nos hace adorar el poder, desear lo mismo que nos domina y nos explota.  Todavía nos queda en el país retazos de “capitanes negreros”,  el grueso de los adversarios del régimen en el trance agónico que atraviesa este como culminación de sus propios despropósitos, con un  Presidente interino Juan Guaidó  desde el inicio de su gestión a mostrado inteligencia, mesura, humildad, pero a su alrededores se revelan trazas de viejas practicas y de impaciencia, de quienes siguen siendo presas de un tactismo alicorto, se exhiben a los ojos del país, estruendosamente conservadores: hijastros del orden burgués, la revolución socialista bolivariana no es tal, pero el grueso del país no tolerará una interrupción social.

Moral, cinismo y el naufragio del Cartaginés…

En su moral y la nuestra, Trotski redacta un manual del perfecto cínico. Según el retroceder ante los crímenes, los asesinatos, las purgas y las deportaciones es dar prueba de sensiblería y de sumisión a la moral burguesa, la revolución  sin violencia ejercida sobre terceros y, teniendo en cuenta la técnica solo servirá para retrasar el movimiento de la historia que va en sentido de la liberación de los pueblos, invocar la compasión es hacerse contrarrevolucionario, pues “todo lo que yeve realmente a la liberación esta permitido” mas tarde agregó, “solo son admisibles y obligatorios los medios que aumentan la cohesión del proletariado, (hoy en la dialéctica negriana, multitudes) que le insuflan en el alma un odio inextinguible por la opresión, que lo enseñan a despreciar la moral oficial y algunos sus seguidores demócratas. A ese ritmo si hemos de creer lo que dice Edgar Morín, hicieron falta 70 millones de muertos para crear un paraíso fracasado. A lo impensado de todo conflicto se le yama en el Argot militar de los anglosajones “For af War”, la bruma de La Guerra. El estratega Sir Basil Liddell Hart atribuye estos imprevistos o complicaciones al hecho de que ningún hombre puede calcular la capacidad del genio humano o de su estupidez, ni la capacidad de su arrojo. “Cuando se cesa de invadir, se acepta ser invadido. El drama de Aníbal fue haber nacido demasiado pronto; Algunos siglos mas tarde hubiera encontrado abiertas las puertas de Roma, el imperio estaba vacante, como la Europa de hoy”, podría  la avanzada de Juan  como la de El Cartaginés que derroto, a los romanos en cuatro decisivas batayas  al final de su vida Aníbal Barca se vio obligado a exiliarse de Cartago y refugiarse en el Imperio Seleúcita. Allí sirvió como consejero militar donde tuvo la ocasión de encontrarse una vez más con su gran enemigo, Publio Cornelio Escipión “El Africano”, en un ambiente lejos de los campos de bataya. Los viejos rivales sodtuvieron una despreocupada discusión en Éfeso sobre quién era el mejor general de la historia. La respuesta de Aníbal fue inmediata: “Alejandro Magno”. Escipión estuvo de acuerdo, poniendo igualmente a Alejandro en primera posición. Después, preguntó a Aníbal a quién colocaría segundo. Éste respondió que a Pirro, porque consideraba que la primera virtud de un general era la audacia. Escipión insistió tal vez buscándose en la lista. Aníbal no le dio esta satisfacción: “Yo mismo, en mi juventud he conquistado Hispania y atravesado los Alpes con un ejército, hechos que han sucedido por primera vez desde Heracles. He atravesado Italia y habéis temblado de terror, obligándolos a abandonar cuatrocientas de vuestras poblaciones, y a menudo he amenazado vuestra ciudad con extremo peligro, todo ello sin recibir dinero ni refuerzos de Cartago”. Como el general romano vio que el púnico estaba dispuesto a seguir autopromocionándose, dijo riendo: “¿En qué posición te colocarías, Aníbal, si no hubieras sido derrotado por mí”. Aníbal notó sus celos y respondió: “En ese caso me habría colocado por delante de Alejandro”. La ofensiva militar de Aníbal Barca contra la República de Roma marcó a varias generaciones de romanos, como lo había hecho Alejandro en el imaginario heleno. Aníbal cruzó los Alpes en noviembre del año 218 a.C. y cayó con violencia sobre la Italia septentrional. Los romanos no estaban acostumbrados a un ataque de esas características, y menos procedente de Cartago, que en la Primera Guerra Púnica se había limitado a una estrategia comedida y concentrada en Hispania. ¿Quién era ese genio inesperado capaz de dar un vuelco a la suerte de Cartago?  No era un hombre sino un rayo, pues “Barca” no era un apeyido sino un apelativo de barqä (“rayo”, en lengua púnica). Hijo del general Amílcar Barca y de su mujer ibérica, Aníbal se crió en el ambiente helenístico propio de Cartago, una vieja colonia fenicia que había evolucionado hasta convertirse en un pujante imperio con presencia en la Península Ibérica. Se sabe que aprendió de un preceptor espartano, yamado Sosilos, las letras griegas, y que juró a los 11 años que nunca sería amigo de Roma y emplearía “el fuego y el hierro para romper el destino” de esta ciudad. Así lo empezó a hacer con la conquista en el año 219 a.C de Sagunto, ciudad española aliada de Roma, cuyo ataque precipitó una nueva guerra entre las dos grandes potencias mediterráneas, la República de Roma contra Cartago. La respuesta de Roma fue inmediata: se preparó para yevar la guerra a África y a la Península Ibérica. Uno de los dos cónsules de ese año se dirigió a Sicilia a preparar un ataque sobre la propia Cartago, mientras el otro cónsul, Publio Cornelio Escipión (el progenitor de “El Africano”), se dirigió al encuentro de los hermanos Barca en la Península. No obstante, los planes de Aníbal iban más allá de combatir en España. Ante la sorpresa general, decidió invadir Roma por tierra, en parte obligado por la inferioridad naval y las dificultades financieras para armar una armada. Aníbal partió con un ejército compuesto por 90.000 soldados de infantería, 12.000 jinetes y 37 elefantes, que fue incrementándose al principio del camino con tropas celtas y galas, que igualmente se sumaron a la ofensiva contra Roma. En su ausencia, encomendó el gobierno de España a su hermano Asdrúbal. Escipión se enteró en Massilia (Marsella) de que Aníbal ya se encaminaba hacia Roma. La presencia cercana de las tropas romanas obligó a Aníbal a entrar en Italia atravesando los Alpes con ayuda de guías indígenas. La travesía, que tuvo lugar en invierno, se desarrolló en quince días, pero el precio pagado en vidas humanas fue muy alto, ya que al yegar a la altura de Turín tan solo quedaban vivos 20.000 infantes, 6.000 jinetes y un elefante. Aníbal, además, perdió su ojo derecho a causa de una infección durante el dificultoso trayecto. Tras el dictador yega el desastre de Cannas En las cercanías de Verceil, Escipión trató de cerrar el paso a las fuerzas invasoras y sufrió una grave derrota a manos de la cabayería púnica. A continuación, su colega en el consulado, Sempronio Longo, unió su ejército a los restos del de Escipión y se enfrentó al cartaginés en Trebia, donde fue derrotado de forma estrepitosa. Al año siguiente fue Aníbal el que emboscó a uno de los cónsules, Flaminio, que pereció junto a 15.000 hombres. El genio militar había yegado a Italia para quedarse. Las bajas romanas fueron horribles en esa fase de la Segunda Guerra Púnica y Aníbal demostró con creces que como señala Adrián Goldsworthy en su libro “Grandes generales del ejército romano, (2005 Editorial Ariel) fue uno de los comandantes más capaces de la Antigüedad comandaba un ejército superior en todos los aspectos a las inexpertas legiones romanas”. La ferocidad del ataque de Aníbal colocó a Roma a las puertas de la derrota total y obligó a la República a recurrir a dos veteranos, Fabio Máximo y Marco Claudio Marcelo, que ni siquiera estaban en edad de disponer de mando directo sobre el terreno. Las reglas de ese tipo estaban para saltárselas en casos de emergencia. Ninguno de los dos consiguió infligir una derrota decisiva a Aníbal pero al menos salvaron la ciudad cuando todo parecía perdido. Tras la muerte de Flaminio, Fabio Máximo fue nombrado dictador con imperium supremo para hacerse cargo de la defensa de Roma, que se encontraba completamente a merced del avance cartaginés. Fabio Máximo evitó trabar combate con Aníbal, si bien consiguió debilitarle lentamente aprovechando la dificultad que tenía de recibir refuerzos y suministros. Cuando Fabio Máximo yevaba seis meses como dictador, renunció al cargo al considerar que había logrado su objetivo de alejar la amenaza sobre Roma. Al año siguiente, no en vano, Roma perdió cualquier ventaja adquirida y se situó exactamente al borde del precipicio tras el desastre de Cannas. La más famosa de las batallas de la antigüedad tuvo lugar el 2 de agosto del 216 a.C. Aníbal venció a un ejército muy superior en número al suyo empleando una táctica envolvente y aprovechando las condiciones del terreno (estrecho y plano). Colocó en el centro a su infantería hispana y gala en un semicírculo convexo, poniendo en las alas a su infantería africana. El círculo de hombres se expandió, antes de cerrarse lentamente. Como resultado, las fuerzas de Aníbal causaron cerca de 50.000 muertos, entre los que figuraba el cónsul Lucio Emilio Paulo, dos excónsules, dos cuestores, una treintena de tribunos militares y 80 senadores. Su movimiento en tenaza ha sido un recurrente objeto de análisis de la Historia Militar, siendo aplicado por los alemanes tanto en la Primera Guerra Mundial como en la Segunda. La ciudad de Roma quedó, definitivamente, a la espera de que el cartaginés se decidiera a asediarla, lo cual jamás hizo. “asediaremos al Palacio de Misia Jacinta, o a Fuerte Tiuna) “Los dioses no han concedido al mismo hombre todos sus dones; sabes vencer, Aníbal, pero no sabes aprovecharte de la victoria”, afirmó según la leyenda Maharbal, fiel lugarteniente de Aníbal. Los romanos nunca entendieron el motivo por el qué no intentó destruir la ciudad y perpetuaron la imagen de un Aníbal a las puertas de la ciudad acobardado por el poder romano. Lo cierto es que el genio militar no contaba con el equipamiento ni los suministros necesarios para acometer una empresa así. Su situación en la Península itálica era precaria, siendo su principal objetivo derrotar a Roma aislándola diplomáticamente y debilitando su poder frente a sus aliados latinos. Tras la batalla, Aníbal desplegó una intensa labor diplomática en el sur de Italia aprovechando el efecto de su victoria. Pactó con varias ciudades italianas y garantizó su autonomía con el fin de establecer un protectorado en el sur de Italia y Sicilia. Tal vez con lo que Aníbal no contaba era la rápida capacidad de rehacerse de su enemigo. Roma contestó poniendo al frente de la República en el año 214 a.C. de nuevo a Fabio Máximo y al también veterano Claudio Marcelo. El escudo y la espada de Roma, como fueron apodados, contuvieron la herida de la ciudad a la espera de que la incursión de Aníbal perdiera fuerza. Lejos de sus bases de avituallamiento, sin posibilidad de recibir refuerzos, ya que su hermano Asdrúbal había sido derrotado y muerto por Claudio Nerón en la batalla de Metauro en 207 a.C, el ejército de Aníbal quedó aislado e inmovilizado en la Italia meridional durante varios años, situación que aprovecharon los romanos para contraatacar Precisamente fue esa nueva generación de romanos, con Claudio Nerón y Publio Cornelio Escipión “El Africano”, que estuvo presente en Cannas con un cargo menor, la que dio el golpe definitivo a Aníbal en los siguientes años.

The Barbarians New wedge…

En su bárbara yegada a la mezquita de Bujara, (Un gran centro cultural de la época). Gengis Kan ordenó vaciar en el suelo gran cantidad de libros y manuscritos sagrados. Después de bailar, cantar y comer hasta saciar su apetito, Gengis ordenó a los imanes sabios, doctores, filósofos, jefes de clanes que se ocuparán de atender a sus caballos. Fornicaron hasta el cansancio como sátiros ferales, a madres, abuelas, hijas, esposas, y novias, arrancaron y pisotearon las páginas de los libros sagrados. En aquel instante, el Emir Iman Jalaleddin Aly Ben Hassan Al Rendí, jefe religioso supremo de la Transoniana, se volvió al Iman Rokndeddin Imamzadeh y le pregunto “¿Qué es lo que ocurre, Molana, es un sueño o la realidad? Molana Respondió: No digáis nada mas es el viento de la Cólera Divina que  nos barre y ya no nos quedan fuerzas para hablar.” Conocía la historia de la destrucción de la casa de las ciencias por los Mongoles, había leído el relato del saqueo de la biblioteca Ismaelita por los ejércitos de Hugalu Kan, y aún más atrás el incendio de Persepolis por Alejandro Magno. Es vital ser testigo privilegiado de su tiempo y el 18 de agosto de 1998 el viento de la Cólera “Divina”  sopló de nuevo sobre Po-i-Jonri, (Una ciudad al norte de Afganistán), vi. a través de una agencia de noticias, en una de las más acabadas expresiones visuales de la globalización, como en el Centro

Cultural Hakin Nassel Josrow Balij Mollah Omar, disfrazado, tal vez de Gengis Kan al frente de una horda de Talibanes, quemaban 55.000 libros. Hubiese preferido no presenciar el martirio de la espiritualidad, de la cultura y del libro por los más decadentes agentes de la hechicería y la ignorancia.

Unos años después el imperio de turno blandiendo el garrote de la “Libertad y Justicia”,  con la mercadeada fabula de la posesión de armas químicas por el Dictador Iraqui su aliado en perversiones anteriores emularon la infamia de los mongoles, arrasando con objetivos civiles que cobro miles de vidas, así como saqueando todos los tesoros arqueológicos tal vez los mas valiosos de la humanidad, hoy intentan farisaicamente combatir al engendro (ISIS) que ellos en sus juegos de guerra forjaron, ahora estas fuerzas en disputa pretenden ampliar su teatro a Venezuela, (leí esta semana una proclama de un grupo de ciudadanos encabezados por quien se dice ex-decano de la Facultad de derecho de la Universidad del Zulia, haciendo una propuesta de la posibilidad de crear un Estado yamado la Región de Maracaibo) ¡mucho cuidado… cuidado!, especialmente esa  una región que se debate ya casi sin esperanzas en un torbellino de despropósitos internos y que ha dejado tras ellas centenares de miles de muertos y centenares de miles de heridos físicos y psíquicos, pero que todavía podríamos hacer un esfuerzo y frenar, y no convertirnos tierra agotada donde los sobrevivientes aguardan la muerte súbita como el infierno que es hoy Libia, Siria, Irán, Irak, Afganistán, Palestina y Yemen, región devastada, que podrían hoy inscribir en sus fronteras las palabras que Dante hizo grabar a la entrada del infierno.

“Abandonad toda esperanza los que entráis aquí”.

El grito que sale de las gargantas conturbadas de los pueblos pide paz en la tierra…

pedrorafaelgarciamolina@yahoo.com

 

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