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De la granja a la mesa; Una oportuna estrategia europea

 

Un mercado en Europa

¿También para el Mercosur?

Bruselas propone que para el 2030, el trayecto “de la granja a la mesa” sea más corto y los alimentos mejores. ¿Y qué pasa con los que provienen del Mercosur? La nueva estrategia es una oportunidad, dicen analistas.

“De la granja a la mesa”: detrás de la frescura que puede evocar el eslogan, está la intención de UE de lograr sus objetivos de sostenibilidad y mejorar la salud de los europeos. ¿Cómo? Con un paquete de medidas que reduzcan fertilizantes y pesticidas, aseguren la biodiversidad, velen por el bienestar animal, recorten trayectos y aumenten su trazabilidad. También que aporten a erradicar a nocivos hábitos de consumo, evitando enfermedades y el desperdicio. Basándose en actuales cifras alarmantes, Bruselas propone una veintena de medidas con objetivos claros. Uno de ellos es lograr que, para el 2030,  el 25% de las tierras europeas estén dedicadas a la agricultura ecológica.

Acuerdos bajo sospecha

Aunque “De la granja a la mesa” va en consonancia con el Pacto Verde europeo, con los objetivos de desarrollo sustentable y los acuerdos internacionales, implementar la estrategia a nivel europeo va a costar mucho esfuerzo y recursos. También destinados al control de los productos que provienen de países terceros.

En este sentido, los acuerdos comerciales de la UE están bajo sospecha, en especial el histórico y controvertido acuerdo con los países del Mercosur, aún no ratificado.

“Las organizaciones europeas de productores están muy enojadas con el acuerdo UE-Mercosur. Durante años se esforzaron en prácticas sustentables y ahora se va a importar enormes cantidades desde Brasil, con su pollo con más altos niveles de salmonela y su cerdo criado con ractopamina. Y desde Argentina, con carne bovina alimentada con cereal en vez de pastura, lo que aumenta el nivel de ácido urémico hemolítico que genera en los niños de menos de 5 años trastornos en el sistema nervioso”, explica a DW Luciana Ghiotto, investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de Argentina.

Por otro lado, “la distancia de Lisboa a Buenos Aires es de aproximadamente 10.000 kilómetros: ¿por qué deben hacer ese trayecto productos que se pueden producir localmente como el tomate o las papas?”, cuestiona Ghiotto, catedrática de la Universidad Nacional de San Martín, que acaba de publicar una investigación que revela impactos negativos del Acuerdo UE-Mercosur.

En esa medida, organizaciones de la sociedad civil, como la alemana PowerShift, destacan la incoherencia de este acuerdo con la nueva estrategia comunitaria.

Momento oportuno

El momento es bueno para presentar la nueva estrategia: durante la pandemia, el consumidor belga, por ejemplo, ha echado mano a servicios de entrega de productos frescos directamente del productor. La gran cadena de supermercados Delhaize informa que el consumo de productos de agricultura biológica, normalmente más caros, ha aumentado desde el mes de abril del 7% al 20%.

Es más, según datos de la Comisión Europea, dos tercios de la población europea se declara en este momento dispuesta a hacer todo esfuerzo por su propia salud y por el medio ambiente.

Por el lado latinoamericano, “las iniciativas de circuitos cortos con producción local han prosperado mucho durante el confinamiento por la COVID-19, debido al miedo por la falta de trazabilidad de los alimentos y también al cierre de los restaurantes”, explica a DW por su parte Gustavo Hernández,  codirector de la Fundación Cross-Cultural Bridges, con sede en Holanda.

En el cono sur, si bien los estándares dejan que desear y aún no existe una propuesta “verde”, no es que no existan alternativas: las organizaciones campesinas latinoamericanas, informa Ghiotto, sí que tienen alternativas de ciclo corto, más acordes con la nueva estrategia europea. “Nos falta visualizarlas en las ciudades”, agrega.

En opinión de Hernández, el valor de la producción local y sustentable ha venido siendo promovido desde hace algunos años ya por el movimiento gastronómico internacional, muy cercano a las ideas de desarrollo sostenible que apuntala “Farm to fork”. El propio Banco Interamericano de Desarrollo (BID) ha detectado en ese ramo una fuente regional de desarrollo sustentable.

¿A ambos lados del charco?

Así las cosas, según la Comisión Europea, la nueva estrategia fomentará la recuperación económica y preparará a las sociedades para los impactos del cambio climático y la inseguridad alimentaria. También, de la mano con sus socios internacionales, preparará la transición global.

Como fuere, mientras se logra su implementación en Europa y se espera que llegue al otro lado del océano, “es bueno que las poblaciones europeas presionen por mejores estándares y calidad”, opina Ghiotto

“Porque el tipo de producción, con bajos estándares, que podría entrar en mayor cantidad al mercado europeo, es la que se consume en este momento en los países del Mercosur”,  concluye Ghiotto, quien coincide con Hernández, en que pese a las incoherencias, “De la granja a la mesa” sí representa una oportunidad.

DW

 

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